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LUNES 22 DE OCTUBRE DEL 2001 / EDICION No. 22529 / ACTUALIZADA 1:30 am

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Desde la cueva
Un Mundial para la Historia V

Tito Rondón
tito.rondon@laprensa.com.ni

Durante algunos meses trabajé en la Comisión Técnica del Mundial; se suponía que era gratis. Pero al comienzo Carlos García nos dio la buena noticia. A cada miembro del Comité Organizador le tocarían cuatro boletos.

Ni Carlos García ni yo habíamos pensado bien la cosa. Si había cientos de organizadores, los asientos necesarios serían más de mil; sencillamente no cabrían nuestros familiares o invitados en los palcos del estadio.

De todas formas me presenté contento en mi casa, participándole a mis padres y hermanos la buena nueva. Serían mis invitados para el Mundial.

La falta de entusiasmo fue ensordecedora. Mis padres no eran muy aficionados al beis; el familiar más fanático era el tío Roberto, era el que había organizado los viajes al estadio y nos había llevado cuando la Décima y la Undécima Serie Mundial, en 1948 y 1950, pero había fallecido en 1961.

Mi hermano menor, Roberto, me participó que él no creía en los boletos gratis, que mejor iba a comprar por abonos el asiento para toda la serie. Mi hermana sí aceptó.

Cuando se acercaba el Mundial, Carlos García nos manifestó que desafortunadamente ya no serían cuatro los boletos que nos darían; por falta de espacio se limitarían a dos.

Fue cuando mi hermana Carina empezó a tener dudas, y cuando una amiga, Belinda Lacayo si mal no recuerdo, le propuso que entraran al grupo de espirantes a “Novias” de los equipos, ella aceptó.

Cuando llegó el Mundial y Carlos García se dio cuenta de la cantidad de invitados que ingresaron al país provenientes del exterior, cayó en algo que debió haber sido obvio desde el principio: no habría boletos para nadie.

Lo único que se lograría siendo miembro del Comité Organizador era entrar al estadio; el asiento era asunto tuyo. Los allegados al gobierno no tendrían problemas, los demás, sálvese quien pueda.

Durante la temporada de 1972 me habían acogido con mucha amistad el comentarista Chale Pereira Ocampo, los locutores Donaldo Arosteguí y Ramón Rodríguez, el anotador Pancho Pepe Prado, el controlista Uriel Cavallo y el comercialista Humberto López Casco.

A Chale y Pancho Pepe ya los conocía, y por eso me había acercado a la mesa de la Radiodifusora Nacional, hoy Radio Nicaragua, y ahí me había instalado.

Cuando “El Hombre de las Tres P” había sido enviado a Corinto un mes por motivos de trabajo, yo lo repuse como anotador de la radio. Cuando Pancho Pepe se unió al súper grupo de compiladores del Mundial (junto a Chico Pinell, Artidoro Arana y Noel Urcuyo Zeledón), Sidar Cisneros me contrató para anotar el torneo. Me había ganado mi silla.

Mientras tanto, mi bella y dulce hermanita se había anotado su propio jonrón. Los Sres. Rojas, encargados de la correspondiente Comisión, nombraron a Carina “Reina del Mundial 1972”. ¡Ella también se había ganado su asiento!  
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