Magistrada de la Corte Suprema de Justicia
Josefina Ramos Mendoza: “Este relajo no lo organicé yo”
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 | La doctora Josefina Ramos está en el centro de la crisis que vive la Corte Suprema de Justicia, luego que tras varias triquiñuelas legales lograra dictar sentencia en el espinoso caso de la venta de Enitel. ¿Heroína o villana? Ella asegura que su deber era dictar la sentencia que magistrados identificados con el sandinismo trataban de impedir. Sin que todavía se haya disipado el escándalo, en el piso de la Corte está la justicia malherida, y una amistad de varios años hecha añicos. |
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Josefina Ramos Mendoza. |
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Fabian Medina fabian.medina@laprensa.com.ni
La doctora Josefina Ramos Mendoza, 55 años, llegó a la Corte Suprema de Justicia en 1994 apoyada por los votos de los diputados sandinistas. Ella misma era una militante del Frente Sandinista apenas un año antes de su elección. Durante casi todo el gobierno sandinista trabajó como asesora jurídica el en Consejo de Estado, primero, y en la Asamblea Nacional, después, donde el subcomandante Rafael Solís era uno de los mayores jefes y su amigo.
“La vida te da sorpresas...” Ahora la doctora Ramos dice tener en los sandinistas a sus mayores agresores, y la amistad de 21 años que tenía con el doctor Solís quedó hecha añicos en el suelo de la Corte, luego que ambos protagonizaran el escándalo jurídico político que tiene en crisis a la Corte.
Envuelta en un chal negro, la doctora Ramos fuma cigarro tras cigarro. A los disparos de Uriel Molina, el fotógrafo, pide tiempo para retocarse el maquillaje. ¡Ah, mujeres!
¿Usted era militante sandinista?
“Sí”.
¿Y ahora?
“Quien califica quiénes son militantes y quiénes no es el Frente Sandinista. Evidentemente el Frente Sandinista hace rato dejó de creer que yo era militante”.
Entonces la pregunta es otra: ¿Es sandinista todavía?
“Yo creo que Sandino es una figura que trasciende los partidos políticos en Nicaragua. Es un héroe nacional. Sí, soy sandinista”.
Usted llegó a esta magistratura por los votos sandinistas, los votos del MRS en ese tiempo.
“Sí, sí. Los votos del MRS y los votos de las otras fuerzas políticas que estaban aglutinadas en la UNO y que se habían separado del grupo que lideraba el doctor (Gustavo) Tablada”.
¿Cuándo dejó de ser militante del Frente Sandinista?
“En una asamblea sandinista a la que asistí en el 93. Por dos temas: uno la propiedad. Yo había preparado 22 versiones de proyecto de ley sobre la propiedad, y en esa asamblea me di cuenta de que no había ningún interés de resolver ese tema. Y el segundo hecho que me determinó cerrar para siempre el capítulo, fue la acusación que se planteó a una dirigente sindical que estuvo juzgada en los tribunales por decisiones de una cúpula que la descalificaron porque consideraron que no era leal”.
De usted se dice que se pasó con todo y pistolas al liberalismo.
“Esa es una opinión”.
¿La ha oído sí?
“Por supuesto. Y da la casualidad que he escuchado eso desde antes que el doctor Alemán fuera candidato siquiera a la Presidencia de la República. Desde 1995 que vine a la Corte he recibido las peores agresiones, y las he recibido de personas vinculadas al FSLN”.
La Corte se ha dividido por signos partidarios, y usted vota en el bloque liberal, por decirlo así.
“El doctor Rafael Solís sitúa mi traición en la sentencia del 7 de enero de 1997. Y esa sentencia está firmada por nueve magistrados. Y en esa sentencia todavía no era Presidente de la República el doctor Alemán”.
¿Qué siente usted cuando la llaman traidora?
“Mirá, te voy a decir algo... Cuando la gente no tiene argumentos, injuria. A mí no solamente se me ha calificado de traidora: de cínica, de todas las forma decibles...”
¿Usted se siente liberal?
“¡Cómo me voy a sentir liberal yo!”
La Corte está partidarizada.
“La Corte la han partidarizado algunas personas que la componen. Hicieron una bancada...”
Y en esa división usted está en el lado rojo.
“Es que te voy a decir, el liberalismo no tiene una bancada. No, le puedo asegurar que no tiene”.
¿Y el Frente sí?
“Yo creo que sí. Si no, vea usted las actuaciones”.
¿A qué atribuye usted la crisis que vive la Corte?
“Una crisis acumulada. Yo no creo que aquí haya una crisis. Aquí lo que hay es una posición totalitaria encaminada a exigir que personas por la vía del chantaje y la amenaza desistan de una sentencia que está pasada en autoridad de cosa juzgada”.
Pero no me va a negar que hay un descrédito muy grande para la Corte.
“Pero es que la Corte está desacreditada ¿sabe usted desde cuándo? Desde que estuvimos mes y medio en una discusión a ocho columnas cuando no se pudo poner de acuerdo la Corte para elegir presidente de la Corte. Ahí empezó a bombo y platillo el descrédito. ¿Quiénes hicieron esa crisis?”
¿La ampliación a 16 magistrados agravó la crisis?
“No. El tema es que en la Corte Suprema, en cualquier país del planeta Tierra las decisiones se toman por un grupo de personas, pero no pueden ponerse de acuerdo once personas en el ámbito jurídico. Ésta no es una Asamblea Nacional. Aquí el consenso y la negociación son palabras muy buenas para los agentes económicos, para las fuerzas políticas, para las asambleas nacionales, pero esto no es un foro político partidario, y así se ha querido convertir. Los magistrados no somos personas para ocupar las páginas de los medios de comunicación ni las pantallas de los televisores. Los magistrados somos para dictar sentencias, para estudiar la realidad económica, política y social del país, y aplicar la ley en consecuencia”.
¿Usted cree que los magistrados están hablando mucho?
“Yo lo que creo es que nos toca hablar para orientar, favorecer el acceso a la justicia. No sólo debemos hablar, debemos de ser maestros todos los días indicándole a la gente cómo va a encontrar solución en el ámbito jurídico a sus enormes problemas. Pero no para discutir las sentencias ante los medios de comunicación. Los casos no se discuten. Los casos se discuten en las universidades, en los foros jurídicos, con la ciudadanía en términos muy reales”.
Lo que más le han criticado a usted es que se le vio haciendo mucho esfuerzo por aprobar la sentencia del caso Enitel tal como se aprobó. Llamó, incluso, a integrar sala a magistrados de otras salas.
“No, no, no... Yo no he hecho eso. Esa es la percepción de la opinión pública. Yo tenía dos opciones: sentarme frente a una mesa y lamentarme de que un magistrado se hubiera llevado el expediente, y esperar los sesenta días que sin base legal había decidido ese magistrado tomarse para devolver el expediente. La otra acción era actuar. Yo prefiero que se me vea actuando y no impávida frente a un caso que tenía trascendencia nacional”.
Doctora, pero usted convoca a sala llamando a magistrados ajenos, y no llama a cualquier magistrado, llama sólo a magistrados liberales...
“¡Nooo! Yo le había dicho a Alba Luz (Ramos) y a Yadira Centeno, y las dos me dijeron que no. Ahora podrán decir cualquier cosa. Yo las llamé. Aquí, en mi oficina le dije a Yadira: incorporate. ´No, no, no, yo no me meto en eso´. Pedí una reunión de Corte Plena, para que la Corte Plena le pidiera al doctor Rafael Solís que devolviera el expediente y la resolución de la Corte Plena que lo resuelva la Sala. Esa fue la respuesta”.
¿Por qué se le vio tanto empeño a usted en este caso particular y no en otro montón que están en la Corte?
“Porque tiene interés nacional. Estoy convencida. No tengo interés económico ni ningún interés personal en esta causa. Si no que me lo demuestren”.
¿Si esta sentencia se revirtiera sería una derrota para usted?
“No. Noooo. ¿Por qué va a ser una derrota para mí? Esto no es un asunto de derrota o de victoria. En todo caso sería una derrota para la cosa juzgada”.
¿A usted se le culpa en parte del relajo que se armó en la Corte?
“Este relajo no lo organicé yo. Este relajo lo organizó otra persona y otras personas. Usted no se ha preguntado por qué centran todo en mí. ¿Por qué? Yo no le puedo contestar. Yo me lo pregunto. ¿Por qué Rafael se ha puesto tan molesto? Sólo por dos cosas se pone uno tan molesto: por asuntos de la honra y la reputación o por asuntos de dinero. Solamente por esas dos razones. Eso me lo ha demostrado mi experiencia”.
Su período se vence el 21 de julio del próximo año. ¿Está pensando en una reelección?
“Mentirosa sería decirte que no tengo que pensar en mi futuro. Yo he trabajado desde que tengo 17 años, y voy a seguir trabajando”.
¿Va a buscar la reelección?
“No sé. No te podría decir en este momento. No tengo bienes económicos para decir que me voy a sentar en mi casa a ver crecer a mis nietos, no tengo edad todavía para jubilarme, veo que le puedo seguir aportando al país. Conmigo se ha hecho una inversión de muchísimos años. Tengo 21 años de trabajar en el Estado y 34 de trabajar en el ámbito público”.
Decía el doctor Rafael Solís que en este conflicto se perdió incluso la amistad entre usted y él.
“La perdió él”.
¿Usted era muy amiga del doctor Solís?
“¿Quiénes son para usted sus amigos? ¿Quién es amigo? Amigo es el que aun en las mayores dificultades lo acompaña, en sus errores y en sus aciertos. Esto es un problema electoral. No es ni siquiera un problema jurídico. Y si por un asunto electoral él considera que se perdió la amistad...”
¿Qué grado de amistad había entre usted y el doctor Solís?
“Yo tengo de conocer a Rafael 21 años. Y sin temor a equivocarme, no conozco su casa ni él conoce la mía”.
¿Podrá la doctora Josefina Ramos regresar al Frente Sandinista algún día?
“No, no. No, téngalo por seguro. Al Frente Sandinista no regreso. Nunca”.
HIJA DE UN SASTRE
Como suele suceder en las historias de amor, muchas casualidades se juntaron para que hoy la doctora Josefina Ramos esté aquí, en Nicaragua, en la Corte Suprema de Justicia. Primero un sastre español que sale de su patria hacia Francia, huyendo del servicio militar. En ese país se vinculó con el anarquismo y posteriormente decidió embarcarse a Estados Unidos, donde pensó buscar fortuna. Quiso la casualidad que al llegar al puerto de La Ceiba, Honduras, enfermó de paludismo y desintería amebiana, lo que lo obligó a quedarse por dos años en un hospital de ese país. Cuando se recuperó, Estados Unidos había entrado a la Segunda Guerra Mundial, por lo que decidió instalar su modesta sastrería en Tegucigalpa, donde al poco tiempo conoció a quien sería la madre de la doctora Ramos.
“A mi papá no le gustaba Honduras. Había oído hablar de un país donde había buenos sastres, donde la gente era mucho más amplia que en Honduras y le puso como condición a mi mamá venirse a Nicaragua”.
Así es como el matrimonio Ramos Mendoza se viene a vivir al barrio Bóer de Managua, donde nacen cuatro niñas, la mayor de las cuales sería la doctora Josefina Ramos.
Con los ingresos que podría tener un sastre era muy difícil pensar en estudiar en la universidad, por lo que las cuatro jóvenes fueron puestas a estudiar secretariado e inglés.
“Mi primer trabajo fue de secretaria en la oficina de un abogado porque yo decidí estudiar Derecho. Después trabajé dos años en la oficina de un arquitecto, y finalmente en la embajada de España”.
Así fue cómo la doctora Ramos se costeó los estudios de Derecho.
“Me gradué en enero de 1972. Trabajé como secretaria hasta 1973, cuando me hice cargo de los asuntos administrativos de la Embajada, y me quedé trabajando ahí hasta 1979, cuando me voy al Ministerio de Bienestar Social con el gobierno sandinista”.
Poco después pasa a ser asesora jurídica del Consejo de Estado primero y después en la Asamblea Nacional hasta 1990. Luego que el Frente Sandinista perdiera las elecciones se queda trabajando como asesora de la bancada sandinista hasta 1994, cuando llega a la Corte. 
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