Opinión económica
Lo que se ve y lo que no se ve
Ramón Perellada C.*
Ciudad de guatemala (AIPE).- Bajo el título de “Lo que se ve y lo que no se ve”, Frédéric Bastiat relató hace 150 años el caso de una ventana rota por un vándalo. La consecuencia es que el fabricante de vidrios logra un ingreso adicional, pero lo que no se ve es que otras industrias, como la de calzado y la textil dejarán de percibir ese ingreso que fue utilizado para reponer la ventana rota.
Henry Hazlitt escribió en 1946 un maravilloso libro titulado “La economía en una lección”, donde emulando a Bastiat explica el caso de un panadero cuyo escaparate de vidrio ha sido roto por un golfillo. Hazlitt hace dudar al lector sobre los beneficios de la destrucción. Algunos piensan que si los escaparates no se rompen nunca, ¿qué harían, entonces, los cristaleros? Y contesta Hazlitt: este pequeño acto de vandalismo significa, en principio, beneficios para algún cristalero, quien recibirá la noticia con satisfacción análoga a la del dueño de una funeraria que sabe de una defunción. Pero el panadero tendrá que desprenderse de los 50 dólares que destinaba a adquirir un traje nuevo. Al final, la lección es que la destrucción no crea prosperidad. Reconstruir lo que ha sido destruido desvía los escasos recursos hacia lo que ya existía, en vez de dedicarlos hacia algo nuevo. La destrucción de algo implica que ahora tenemos menos de eso. El público verá reparado el escaparate del panadero al día siguiente, pero nunca podrá ver el traje extra, precisamente porque el sastre no se lo hizo al panadero.
Bastiat y Hazlitt cobran vigencia ante la terrible destrucción de las Torres Gemelas de Nueva York y parte del Pentágono en Washington. Las vidas que se perdieron no se podrán reponer. Todos sus conocimientos, sus contactos, su forma de ser, sus experiencias representan una pérdida irreparable para la humanidad. En cuanto a los edificios y lo material, podrá repararse, pero también a un altísimo costo, no sólo para los Estados Unidos, sino para el resto del mundo. ¿Cuántas cosas se dejarán de hacer mientras los esfuerzos y los siempre escasos recursos se dedican a reparar el daño efectuado por los terroristas?
Pues bien, a pesar de la lógica de estos argumentos, hay economistas que desprecian tal pensamiento. Así como a John Maynard Keynes no le importaba la inflación con tal de reactivar la economía, hoy Paul Krugman, economista de la Universidad de Stanford, acaba de publicar un artículo titulado “Después del terror”, en el que considera dos efectos favorables: la necesidad de reconstruir lo dañado y la política del gobierno de mayor gasto público.
Con la primera afirmación, Krugman cae en el sofisma del escaparate roto. Si bien, la industria de la construcción probablemente gozará de un auge, el resto de las industrias dejarán de recibir esos ingresos, más los ingresos que toda esa gente que ha fallecido hubiera generado. Hazlitt diría que la idea que se puede alcanzar una auténtica prosperidad mediante una “demanda supletoria” de bienes destruidos o no creados durante la guerra constituye evidentemente un sofisma.
En el segundo efecto, Krugman utiliza el argumento keynesiano de la reactivación económica a través del gasto gubernamental, no importando si es deficitario e inflacionario. Temo que Estados Unidos y otros países, por motivos de la situación económica actual, entren en un período de mayor inflación y de mayores gastos públicos, con sus consecuentes efectos dañinos en el largo plazo, tales como el desempleo.
El daño causado a los Estados Unidos y al mundo entero con el atentado del 11 de septiembre es inmenso; se trata de un verdadero y lamentable desperdicio de vidas y de patrimonio.
* Director del Centro de Estudios Económico-Sociales. www.aipenet.com 
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