Opinión económica
Balance económico del período 1980-2001
José Luis Medal*
Ante las elecciones, es importante hacer un breve balance de los resultados económicos obtenidos durante las dos últimas décadas. En los años ochenta, como se sabe, bajo el gobierno sandinista, se intentó establecer un sistema estatizante. Se nacionalizó la banca y el comercio exterior, se confiscaron propiedades y se establecieron rígidos controles al comercio interno. Se controlaron precios y salarios, y se creó la denominada Área de Propiedad del Pueblo como eje central del nuevo sistema económico. Se implementó una política macroeconómica populista. Se utilizó la maquinita de imprimir billetes, para financiar un creciente déficit fiscal y la expansión del crédito. Los resultados son conocidos: la hiperinflación y las devaluaciones del período 1985-1990 que evaporaron el poder adquisitivo de los salarios. La deuda externa se incrementó, de 1,600 millones de dólares en 1979, a 11,000 millones de dólares en 1990, y el Producto Interno Bruto, retrocedió a los niveles de los años cuarenta. La situación social se deterioró, aunque se intentó favorecer a los sectores de menores ingresos a través de una política de subsidios.
La guerra civil de los ochenta tuvo un peso indudable en la crisis económica de ese período, pero no fue en manera alguna su causa única. El paradigma ideológico del FSLN se nutría del modelo cubano y de las escuelas estructuralistas y dependentistas latinoamericanas. Este marco ideológico fue determinante para las políticas económicas adoptadas. Aunque la correlación de fuerzas no les permitió implementar el modelo cubano, en el período 1980-1985 se priorizó la construcción de una economía estatista, y se adoptó la posición de los estructuralistas y dependentistas de despreciar la importancia de los equilibrios macroeconómicos. La hiperinflación obligó en 1988 a realizar una conversión monetaria y a intentar aplicar las políticas del FMI, pero sin los recursos de esa institución. Esos intentos de estabilización de 1988-89 fracasaron. El FSLN entregó el poder en 1990, después de apoderarse de bienes a través de la piñata.
En el período 1990-96, correspondió al gobierno de doña Violeta realizar lo que se denominó la triple transición: de la guerra a la paz, de la hiperinflación a la estabilización, y de una economía estatista a una economía basada en las fuerzas del mercado. La hiperinflación finalizó en 1991 y la tasa de inflación del subperíodo 1994-96 fue del 12% anual, lo que contrasta con las tasas de inflación de más del 10,000% de los últimos años del sandinismo. La deuda externa disminuyó de US$11,000 millones en 1990 a US$6,200 millones en 1996. Se sentaron también las bases del crecimiento y el PIB creció a una tasa promedio de 4% en los años 1994-1996.
En el período 1997-2001, correspondió al gobierno actual continuar con la estrategia y políticas económicas iniciadas en 1990. Se continuó con el proceso de privatización de empresas estatales, se construyeron obras de infraestructura, se suscribió un nuevo ESAF con el FMI y Nicaragua entró, aunque con retraso, al Punto de Decisión de la HIPC. Sin embargo, no se ha logrado aún la condonación de la deuda externa, y se ha creado además una creciente deuda interna. Creció, además, y de manera alarmante, el déficit comercial externo, que alcanza un monto de mil millones de dólares. Ese déficit se ha financiado con ayuda externa y remesas familiares. Persiste también, un elevado déficit fiscal, equivalente al 13.6% del PIB, en el año 2000, y un elevado desempleo. Se produjeron también, durante el gobierno actual, numerosas denuncias de corrupción y fraudulentas quiebras bancarias.
Dadas las elecciones, conviene reflexionar sobre el pasado económico y sobre las opciones futuras. Como hemos indicado en otras oportunidades, para los próximos cinco años no existe mayor margen de maniobra en relación con la estrategia económica iniciada en 1990. Necesaria y convenientemente, un nuevo gobierno tendrá que suscribirse un nuevo acuerdo ESAF con el FMI. El reto será implementar una política de ajuste con equidad, ejecutar la estrategia de combate a la pobreza, despolitizar a las instituciones y erradicar la corrupción. Ante esos retos, de ganar el FSLN, el problema sería que las políticas económicas neo-liberales, únicas posibles de implementar, no son compatibles con el paradigma ideológico de ese partido. De ganar el ingeniero Bolaños, su principal reto sería erradicar la corrupción y la influencia del grupo que rodea al actual mandatario y que controla al PLC. Dentro de este contexto, los electores tendrán que decidir cuál de los tres partidos representa lo mejor —o al menos el mal menor— para sus familias y para Nicaragua. Para ello es importante ver sobre todo hacia el futuro, pero sin excluir una reflexión sobre el pasado.
* Economista 
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