Eduardo Araica en busca de un amor
 |
|
 | Cantautor nos habló de él, de su gran vacío emocional de amar y ser amado, de su constante depresión, de su sensibilidad a todo y de cómo lo descarga en la música por la que dejó todo, hasta sus dotes de pintor |
|
|
| |
Wilder Pérez R. wilder.perez@laprensa.com.ni
Tenía todo para ser pintor, el don, el interés, los maestros... en el peor de los casos podría ser arquitecto, pero jamás fue amigo de las matemáticas.
Insistió, con “mucha ayuda” de sus padres, pero no pudo. El mundo de Eduardo Araica estaba en aquellas curvas que aprendió a querer en medio de la montaña, en la Jornada Nacional de Alfabetización, hace más de 20 años.
Desde entonces ella lo encaminó a lo que es hoy, además le es fiel, y él, ya sin otros amores, le dedica las 24 horas del día. Esta es la razón por la que a Eduardo Araica se le conoce por su guitarra.
Pero ahora la deja en el vehículo y habla del personaje histórico que fue su abuelo, pero sobre todo, de su permanente estado de depresión quizá inflado por la soledad a los 36 años de nacido y después de dos matrimonios fallidos y una hija al otro lado del mundo.
LA PRENSA.- ¿De dónde viene Eduardo Araica?
Eduardo Araica.- Mis raíces son de la isla de Ometepe. Mis abuelos son personajes históricos de Ometepe. Mi abuelo fue Emilio Moreno. La gente pensaba que él tenía pacto con el diablo y que esa era la razón de su riqueza, supuestamente el intermediario entre el diablo y mi abuelo se llamaba Chico Largo y que se encontraban en el Charco Verde. A los 40 años de casado falsificó unos papeles para divorciarse de mi abuela y no darle un chelín. La vida le pagó. Se casó con una más joven que él y le hicieron lo mismo. Murió solo en un rancho.
LP.- ¿Entonces de dónde sos?
EA: Soy de Managua, nací en un lugar que no recuerdo dónde quedaba antes del terremoto. Lo que pasa es que mi mamá vino a estudiar y en el barrio San Luis conoció a mi papá. Mi hermano (gemelo) y yo siempre pasábamos las vacaciones escolares en Ometepe con unos primos.
LP.- ¿Quién es Eduardo Araica?
EA.- Es difícil definir algo, todos tenemos tantas facetas... yo diría muy sensible a todo, al arte, a las intenciones, a la injusticia sobre todo, a la pobreza, la miseria, a la gente, a los abusos, todo eso me choca en extremo, incluso me afecta emocional y anímicamente, me mete en depresiones. Pero también soy súper romántico, si el romanticismo ya no existe en el mundo yo seré el último romántico.
LP.- ¿Entonces estás con depresión siempre?
EA.- Pues sí. Permanentemente cargo y vivo algo de eso.
LP.- ¿Qué tanto te enternece?
EA.- Trato de controlarlo, pero sí confieso que permanentemente vivo afectado.
LP.- ¿Tomás antidepresivos?
EA.- No.
LP.- ¿Entonces, lo descargás en la música?
EA.- Sí, los compositores nos nutrimos de todo lo que observamos. Vemos y analizamos todo lo que nos rodea. Todos los bagajes que uno recoge en el subconsciente de pronto explota y sale como inspiración.
LP.- ¿Qué temas son representativos de esto?
EA.- Los de mi primer disco. Vida, Ilusión, Indecisión, El rastro del amor. Los 12 temas.
LP.- ¿Hay un momento en que este sentimiento te haya afectado bastante?
EA.- Sí, pero tal vez no recuerdo alguno en particular.
LP.- ¿Han sido tantas veces?
EA.- Sí. No sé, puede ser ayer o mañana, es que no concibo cómo puede andar una viejita toda cacreca en silla de ruedas cubriéndose el sol con un cartón, pidiendo un peso, ese es un pecado, que exista ese tipo de personas.
LP.- ¿Pertenecés a alguna organización de beneficencia o todo lo descargás en la música?
EA.- Pues no pertenezco a ningún grupo. Lo que hago es expresarlo musicalmente, eso también me deja inconformidad porque quisiera hacer más, pero no descarto, tal vez más adelante le dé menos tiempo a la música y me dedique a cosas más útiles en sentido de desarrollo social.
Siguiendo con el tema del amor —dice antes que haga la siguiente pregunta—, para mí es un tema fundamental.
LP.- ¿Por qué?
EA.- En el fondo siento un gran vacío emocional de amar y ser amado. Las experiencias que he tenido en ese sentido no han sido muy gratificantes.
LP.- Entonces no estás con nadie…
EA.- No. Decidí salir de esa rutina de empezar, terminar, empezar, terminar, hacer daño y hacerme daño, no quiero sólo aventuras.
LP.- O sea que la próxima vez que te amarrés va a ser definitiva.
EA.- Por lo menos en intención sí. Ya a mi edad, 36 años, no estoy para jueguitos. Lo veo, si no imposible, difícil, como sacarte la lotería. Lo que pasa es que a veces te interesás en alguien y no te corresponde igual porque esa persona estaba interesada en otro; pero a la vez ese otro no estaba interesado en ella sino en otra, y ahí va la cadena interminable, la lotería está en que coincidás de igual manera con la que está interesada en vos. Eso no ha pasado conmigo. Pero bueno, la búsqueda continúa. 
|