Cinco hermanitos solos frente a la vida
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Alvaro Alí, Meyby Carolina, Sheyla y Yader, son cuatro de los cinco hermanos Sánchez que desde hace varios meses no ven a sus padres, quienes les dijeron que iban a buscar trabajo en Managua, pero desde entonces no han regresado. |
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Martha Marina González CORRESPONSAL/ESTELI nacionales@laprensa.com.ni
Tres varones y dos mujercitas, todos menores de edad, viven una verdadera tragedia en la comunidad El Palmar, Estelí, desde que sus padres salieron para Managua a buscar trabajo. Ya perdieron la cuenta de cuándo fue la última vez que los vieron; dicen que fue hace seis meses, pero al detenerse a hacer las cuentas afirman que Victoria Flores, la madre, se fue en febrero, y después partió Fanor Sánchez, el padre.
Yáder, el mayor, tiene 16 años; Meybi Carolina, 12; Sheyla, 5; y de la huerta, con un machete, llega Alvaro Alí, de 14 años. Erving que tiene 8 años, anda en el río en busca de peces.
A pesar de llevar tantos meses solos, los niños han logrado sobrevivir gracias a que permanecen unidos y semejante adversidad no los ha amilanado.
Ante la ausencia de sus padres, los dos varones más grandes hacen de vez en cuando algunos trabajitos. Yáder, que es discapacitado, llena la pila de agua a una vecina y se gana hasta C$ 50 que son destinados para la comida, igual Álvaro, quien de vez en cuando arrea ganado y le han pagado hasta C$ 100 para ayudarse, pero eso no es suficiente.
A pesar del sufrimiento que los embarga por la ausencia de los padres, no hay apatía en ellos, buscan cómo resolver, cuando alguien de ellos se enferma lo mandan al centro de salud a pincharse y a que le den algunas pastillas, además, no han dejado de ir a la escuela y comparten las tareas de casa.
Pero la tristeza es evidente cuando se les pregunta por su mamá. Meybi Carolina y Sheyla, inmediatamente bajan la cabeza y empiezan a llorar, parecen enmudecer o no tener palabras.
Meybi Carolina manifestó un sentimiento de rabia, y en medio de su tristeza y el llanto reaccionó para decir: “Ya no me hace falta, ella mandó una carta diciendo que viene el 2, pero otras veces lo mismo ha dicho, ya no le creo”. Y no volvió a pronunciar palabra.
Yáder, el mayor de los cinco hermanos, ha asumido la jefatura del hogar. “Cartas para qué queremos”, se pregunta, “sólo para llorar, nosotros a quien queremos es a ella”.
“FRIJOLES Y MÁS FRIJOLES”
“Aquí nos ayuda doña Virginia y mi abuelito adoptivo, estamos pasando hambre”, relató Yáder, “hace seis meses que se fueron y nos dejaron engañados porque dijeron que vendrían pronto y que nos mandarían ‘riales’ pero hasta ahora no sabemos dónde están, dicen que en Managua, pero sólo una carta sin dirección y 800 córdobas hemos recibido”, agregó.
El fogón está apagado, sólo cenizas hay, no hay nada para cocinar, aunque la niña Meybi Carolina dice que ya cocinó, ella es la encargada de los quehaceres domésticos.
“Yo me encargo de barrer, cocinar y traer el agua”, dice Meybi Carolina, que aparenta menos de 12 años. Al preguntársele qué es lo que cocina, contesta un tanto apenada: “frijoles y más frijoles”.
En la casita hay sólo una cama, una hamaca de saco, no hay trastos de cocina, mucho menos qué cocinar, andan harapientos y la poca ropita que tienen está tendida y mohosa sobre unas matas de pitahaya.
Don Juan Peralta Zamora es el abuelito adoptivo de los cinco menores, es vecino de los pequeños, no oculta que el drama de los menores lo ha envuelto a él; llora sentado en una piedra y cuenta que le ha tocado levantarse a la medianoche cuando las niñas están llorando, tiene temor de que les pase algo malo y siempre está pendiente de ellos, también de vez en cuando les consigue el bocadito de comida. 
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