Inseguridad alimentaria sigue
Martha Danelia Corea martha.corea@laprensa.com.ni
Son las 12:45, hora de almuerzo dirían algunos, pero para otros, en el caso de las familias campesinas que todavía permanecen frente a la Asamblea Nacional, es hora de angustia, desesperación y zozobra por la falta de alimentos.
Estas familias emigraron del campo a la ciudad por la falta de empleos en las haciendas cafetaleras, las que entraron en crisis luego de la caída internacional del precio del café.
“Como no tenemos trabajo, no tenemos plata con qué comer, porque usted sabe, sin dinero no se puede comprar uno sus frijolitos”, dicen casi a coro un grupo de campesinos quienes, en su mayoría niños, se han “tomado” los semáforos de la Asamblea con el fin de obtener algún dinero de las personas que circulan a bordo de los vehículos.
Para el director interino del Fondo de las Naciones Unidas para la Agricultura (FAO), Juan Aguilar, la falta de acceso a la alimentación es fundamentalmente de tipo económico.
Aproximadamente el 50 por ciento de la población está catalogada dentro de los niveles de pobreza, según el documento de Estrategia Reforzada de Crecimiento Económico y Reducción de la Pobreza (ERCERP), que toma como base el índice de consumo, mientras si se toman como base las necesidades básicas insatisfechas, la pobreza aumenta al 73 por ciento.
“La pobreza es la no satisfacción de las necesidades básicas, y las necesidades básicas están relacionadas a la satisfacción del consumo de alimentos, de tal forma que en esta cadena de inseguridad alimentaria en Nicaragua uno de los factores principales es la falta de acceso a los alimentos por la carencia de recursos económicos, puede haber una adecuada producción pero hay un mal acceso por la falta de recursos económicos”, declara Aguilar.
Para el funcionario de la FAO, pobreza es sinónimo de hambre y hambre es sinónimo de pobreza.
“Son dos cosas que están íntimamente relacionadas, de tal manera que si el 50 por ciento de la población está en pobreza, yo diría que puede haber un 50 por ciento, por lo menos, de personas que tienen problemas de inseguridad alimentaria”, estima Aguilar.
La seguridad alimentaria, según Aguilar, es un proceso que inicia con la producción, seguida de la comercialización, el acceso y el consumo.
“Cuando falla cualquiera de estos cuatro elementos entonces tenemos el problema de lo que se llama la inseguridad alimentaria”, explica Aguilar.
Para Cirilo Otero, del Grupo Propósito de Cabildeo e Incidencia (GPC), Nicaragua es uno de los países de América Latina y del mundo que tiene más posibilidades de sufrir hambruna, al contar con cinco razones “por las cuales tiene esa candidatura de ser un potencial país con hambruna”.
“Primero, la disminución de producción de alimentos básicos; segundo, no tiene una política de reserva de alimentos; tercero, no tiene una estructura de almacenamiento de alimentos; cuarto, somos un país con vulnerabilidad agro-ecológica, eso significa que éste es un país con ubicación geográfica que le permite ser un centro receptor de los efectos de fenómenos como el ‘Niño’ y la ‘Niña’; y quinto, somos importadores compulsivos de granos básicos, pero a través de préstamos con el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), entonces lo que estamos provocando es más deuda externa con la compra de estos alimentos”, especifica Otero.
No obstante, a criterio de Aguilar, hablar de hambruna o de hambre es muy subjetivo, “a veces es una situación que se puede mal interpretar, por eso el término de seguridad alimentaria puede ser más objetivo y tiene que ver con cualquiera de estos cuatro factores que determina que la gente tenga o no acceso a los alimentos”.
Pero teniendo o no acceso a los alimentos, mañana 16 de octubre se celebra el Día Mundial de la Alimentación, instaurado desde 1981.
“La situación de la alimentación en Nicaragua es deficitaria por varios factores. En primer lugar, el sector agrícola es un sector que no se ha desarrollado, no se ha modernizado y pese a que en algunas áreas la producción puede ser adecuada, en términos generales se puede decir que existe una tremenda vulnerabilidad a efectos de tipo meteorológicos y lo que estamos sufriendo en este momento por falta de las lluvias en los meses de junio y julio, pues ha determinado la pérdida de una buena parte de cosecha, de maíz principalmente. Así es que es un sistema que necesita una actualización, apoyo técnico y recursos”, expone Aguilar.
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