La mató su hijo y ni muerta descansa en paz
Martha Marina González CORRESPONSAL/ESTELI sucesos@laprensa.com.ni
Un caso insólito. Doña Esperanza Talavera Soza en vida sufrió maltrato y soledad, y a sus 75 años fue asesinada, el 19 de agosto, por su propio hijo Juan Antonio López, pero ni muerta descansa en paz, pues ahora una familia de la comunidad de Santa Cruz denunció que los familiares de la hoy occisa profanaron una tumba para enterrarla.
Ésta es la mayor tragedia que le pude haber ocurrido a la familia de don Walter López (hijo de doña Esperanza), su esposa e hijos, quienes se hicieron cargo de la vela, el entierro y, además, del proceso que se le sigue al parricida.
Como se recuerda, el pasado 19 de agosto, el hijo de la anciana, Juan Antonio López, la mató con una barra que le incrustó en la cabeza. Al verla muerta, el parricida se fue a la Policía, y en su demencia dijo: “Daniel Ortega mató a mi mama”.
Tras ese abominable crimen, don Walter ha pedido justicia, pero ahora se enfrenta a una investigación de parte de la Policía, y posiblemente a una demanda por supuesta profanación.
Resulta que José Faustino López, originario de la comunidad de Santa Cruz, denunció ante la Policía que en la tumba de su padre, Ramón López, fue enterrada doña Esperanza Talavera, y eso lo considera como una profanación a la tumba y a la memoria del difunto.
POLICÍA INVESTIGA
La vocera policial, subcomisionada Miriam Martha Flores, aseguró que la Policía inició las investigaciones, y al interrogar al cuidador del cementerio, don Benito Gámez, sobre por qué había permitido tal situación, éste explicó que Walter López le dijo que ahí enterraría a su madre porque en ese lugar estaba enterrado su padre y esposo de la hoy occisa, quien lleva el mismo nombre del padre del denunciante por la profanación.
De acuerdo con las investigaciones realizadas, fue hace más de 40 años que el esposo de la difunta doña Esperanza Talavera falleció, y fue sepultado en el Cementerio San Francisco de Asís. La señora, en vida, le pidió a su hijo que al fallecer la enterrara junto a su marido, don Ramón López.
Según Walter López, cuando su padre murió él no vivía en Estelí, era un chavalo que ni siquiera asistió al sepelio, pero al ser asesinada su madre quiso cumplir con su última voluntad, y fue así como al llegar al cementerio buscó la tumba de su padre.
Un tanto molesto y afectado emocionalmente por las secuelas del parricidio, Walter López dijo: “Yo no soy capaz de profanar una tumba, antes de enterrarla yo pregunté al cuidador del cementerio cuál era la tumba que mi madre visitaba, y él me señaló el lugar, efectivamente ahí estaba el nombre de Ramón López y creí que era la tumba de mi padre, jamás se me ocurrió que podría ser de otra persona”.
DISPUESTO A SACAR LOS RESTO
Don Walter López aún muy afectado, al igual que sus hijos, por la forma como fue asesinada su madre y abuela, respectivamente, manifestó que si en realidad fue enterrada en otra tumba que no era la de su padre, no fue intencionalmente, “no sería tan sinvergüenza, el panteonero me dijo que ella llegaba ahí a limpiar la tumba”.
“Si las autoridades de Policía o las judiciales me piden sacar los restos de mi madre de la tumba que actualmente ocupa, yo estoy dispuesto a buscar otro lugar, no quiero más problemas, lo único que queremos es que ella descanse en paz y nosotros tener alguna tranquilidad”, expresó don Walter López. 
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