El misterioso molá Mohamad Omar, jefe del Talibán
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 | No le gusta aparecer en público, es familiar de Bin Laden y perdió un ojo en la
guerra |
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Una hora después de los ataques, la estación árabe Al Jazira pasó una cinta de video con una grabación reciente de un discurso de Bin Laden. No se sabe cuándo fue grabado, porque los ataques fueron de noche y la cinta muestra una gran claridad. |
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AFP
KABUL.- El líder supremo de los Talibán, el molá Mohamad Omar, es ampliamente considerado el hombre más poderoso de Afganistán, pero la gran mayoría de la población no sabe prácticamente nada de él.
Omar ha conducido a su país a una guerra con Estados Unidos al negarse a entregar a Ossama Bin Laden, su ex compañero de armas en la época de la resistencia a la ocupación soviética (1979-89).
Clérigo musulmán de constitución robusta conocido como Amir Ul Momenin, o comandante de los fieles, Omar tendría algo más de cuarenta años.
Raramente abandona la base de los Talibán en la ciudad sureña de Kandahar y delega casi todos los contactos con el mundo exterior a su ministro de Relaciones Exteriores, Wakil Ahmad Mutawakel, aunque ha concedido audiencias ocasionales a visitantes de China o de las Naciones Unidas.
Algunos de sus amigos dicen que vive modestamente, aunque en una gran casa construida para él por Ossama Bin Laden, y se autoproclama “servidor del Islam”. Se dice que preside reuniones con algunos de sus ministros desde la cama, y a veces da instrucciones escritas en trozos de papel.
Comandante de grupo de los “muyajedines” (combatientes) afganos, Omar perdió un ojo en la campaña antisoviética antes de ganar importancia en 1994 en un momento de caos y disputas internas entre las facciones de la alianza antisoviética.
En el apogeo de la anarquía, los esfuerzos de Omar para restablecer el orden y la justicia según la Ley Islámica le valieron a él y a sus Talibán (estudiantes de teología) el apoyo del resto de los afganos.
Las historias de los Talibán liberando a niños de las garras de los señores de la guerra locales ayudaron a construir su reputación, y en dos años Omar se estableció como el comandante más poderoso y la autoridad teológica preeminente de Afganistán.
Sus combatientes Talibán, presuntamente apoyados por Pakistán e indirectamente por Estados Unidos, se apoderaron de Kabul en 1996 y actualmente controlan el 90 % del país.
En agosto de 1999, Omar sobrevivió a un supuesto intento de asesinato cuando un camión estalló en Kandahar y mató a varios de sus guardaespaldas.
Pero ahora ya no se duda de su autoridad en el Afganistán controlado por los Talibán, y la sede del poder cambió de Kabul a Kandahar.
Omar fue educado en escuelas religiosas, pero interrumpió sus estudios al unirse a la yihad contra la invasión soviética de Afganistán en 1979.
Después del retiro de las fuerzas soviéticas, diez años más tarde, inició un movimiento radical islámico en su pueblo natal de Singesar, en el sur de Afganistán.
Su objetivo era restablecer el orden, hacer respetar la ley islámica y defender Afganistán. Refugiados afganos cobijados en Pakistán se unieron a los Talibán y el movimiento creció rápidamente.
SEVERIDAD INAUDITA
Aunque los grupos islámicos radicales de Pakistán apoyan a los Talibán de Omar, sus políticas han sido condenadas por el resto del mundo y su régimen no es reconocido por la Organización de la Conferencia Islámica.
Bajo su estricta interpretación de la Ley Islámica, las mujeres deben permanecer encerradas en casa y son obligadas a vestir ropa que las cubra completamente (burkas) en las pocas ocasiones en que salen. Los hombres están obligados a dejarse crecer la barba.
Las fotografías están prohibidas, a los ladrones se les amputan las manos, los asesinos son ejecutados públicamente por las familias de las víctimas, los homosexuales son emparedados en muros de ladrillos y las adúlteras lapidadas.
Además, el que reniega a la religión islámica es condenado a muerte. 
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