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JUEVES 29 DE NOVIEMBRE DEL 2001 / EDICION No. 22567 / ACTUALIZADA 01:30 am
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Desalojados dicen que no se rendirán

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.Tuvieron que pernoctar frente al cementerio

Los niños son víctimas inocentes de este conflicto.

 

Iván Olivares B.
ivan.olivares@laprensa.com.ni

Las tres familias desalojadas la tarde del martes de la vivienda que ocupaban frente al portón principal del Cementerio Occidental, prometieron dar la pelea legal y de hecho, y aseguran que no se irán de la propiedad que reclama doña María Lidia Sirias Orozco.

Marlene Guido y Orlando Rodríguez, dos de los afectados, aseguraron que la señora Sirias tenía a 30 pandilleros dentro de su ferretería, los que los habrían amenazado con linchar a los hombres y violar a las mujeres.

Los supuestos pandilleros se habrían marchado en un vehículo dispuesto por la reclamante, poco antes de la llegada de los periodistas.

ELLOS FIRMARON

Además de negar la versión de los pandilleros, doña María Lidia mostró algunos de los documentos legales en los que basó su pleito legal de seis años, incluyendo un acuerdo firmado a principios de noviembre con Cupertino Guido, Mario Aguilar y Estrella Aburto López, en representación de las tres familias desalojadas, que habría contado con la presencia de un abogado por cada una de las partes.

En el documento se consigna que, después de escuchar propuestas y contrapropuestas, los firmantes habrían decidido que se irían el 21 de noviembre, y que aceptarían la colaboración en mano de obra, transporte y algunos materiales de construcción que les facilitaría la Sra. Sirias.

Inicialmente, Marlene Guido negó la existencia de tal acuerdo, pero al comprobarle la existencia del mismo, adujo que fue firmado “por presiones”, porque los amenazaron con echarlos presos si no lo hacían.

TRISTE DESTINO

La noche del martes fue muy triste para las familias desalojadas.

Apenas unas horas antes, las paredes de sus casas habían sido destruidas por un cargador frontal, y sus enseres y pertenencias personales, robadas, perdidas o dañadas irremediablemente.

Al llegar la oscuridad y con ella el frío, tuvieron que buscar cómo y donde acomodar a los niños y a los ancianos, y luego buscar un sitio para pernoctar ellos. Pese a sus mejores esfuerzos, la mañana del miércoles se reportaba que había un niño enfermo, mientras los adultos buscaban cómo seguir con su pleito por todas las vías.  
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