Los pactos Arnoldo-Ortega
Julio I. Cardoze JICardoze@aol.com
Los pactos pueden tener un lugar importante en los procesos de transición hacia la democracia, pero también pueden ser estímulo de la corrupción gubernamental, todo depende de las intenciones con que se negocian.
En Nicaragua fue esta última modalidad corrupta de pacto, la que estableció Arnoldo como agenda política en su presidencia, y que mantuvo a la ciudadanía en la incertidumbre permanente, por el desconocimiento de los términos del mismo y la ignorancia de su alcance y duración.
El pacto entre Arnoldo y Daniel fue secreto, a espaldas de la ciudadanía, que fue conociéndolo en etapas, a medida que sus autores lo iban implementando, con los cambios constitucionales, y a la ley electoral, cambios en la ley orgánica de la Contraloría General de la República y de la Corte Suprema de Justicia, para aumentar el número de los magistrados, la inhibición de candidatos a la Alcaldía de Managua y la Presidencia de la República, eliminación de partidos políticos de la competencia electoral, acuerdo de mutua protección de miembros de las élites de los carteles partidistas, coautores de las quiebras de instituciones bancarias y otros delitos de carácter financiero y fiscal, etc., etc., acciones todas que tipifican un pacto corrupto, que terminó por producir en sus entrañas, su propia destrucción, al salírsele de las manos el control, por los exagerados abusos cometidos, que al día de hoy continúan saliendo a luz pública, más lo que falta por destapar.
Cuando Arnoldo, que subió electo por el pueblo, después del pacto, consideró que no tenía que dar cuentas a nadie, más que a los términos del mismo, empezó sin querer a producir su desprestigio, y el de su gobierno, en medio de la decepción ciudadana generalizada y la decadencia institucional.
El pacto entre Arnoldo y Daniel fue un obstáculo y un retroceso al proceso de transición, y se hizo, entre carteles políticos, para repartirse beneficios, eliminar a la competencia, y proteger sus abusos del alcance de la ley, y se presume que pactaron también, la rotación por turnos en la Presidencia, lo cual no llegaron a concretar, porque la ciudadanía se interpuso en sus maquiavélicos objetivos, lo cual, muchos observadores estiman, no hará que desistan de sus aspiraciones de volver con sus candidaturas.
La corrupción originada en la inmunidad del convenio de protección mutua entre los carteles, minó la capacidad de control de los mismos pactistas, sobre el sistema que quisieron establecer, gracias en gran parte, a los medios de información, que jugaron un papel importante, con la denuncia sistemática de las arbitrariedades cometidas.
La omnipotencia de Arnoldo empieza a ponerse en duda, allá los PLC que se quieran suicidar con él, pues ya se manifiestan los deseos ciudadanos, de que su final político llegue pronto, y se espera que los nuevos diputados liberales, demuestren su verdadero patriotismo, con su lealtad a la patria, y no al obsoleto caudillo seudo-liberal, lealtad patriótica que patentizarán trabajando coordinadamente con el nuevo presidente electo, Enrique Bolaños, y su vice-presidente, José Rizo, actuales depositarios de la legitimidad nacional.
El autor es jurista, ex ministro del Trabajo. 
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