Maestro de años vive en situación delicada
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 | Una insuficiencia cardiaca, que cree se puede curar, lo sacó de las aulas de clases a las que añora regresar |
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El profesor José Benito Escobar fue docente por 37 años. Pasó por todos los niveles de educación y ejerció tanto en el campo como en la ciudad. |
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Amalia Morales amalia.morales@laprensa.com.ni
Fue maestro y alumno a la vez. José Benito Escobar todavía era un estudiante normalista cuando irrumpió como educador en la primaria capitalina Sagrado Corazón de Jesús.
Eran los años 60 y Escobar a sus 17 años comenzó a materializar su vocación de maestro, que décadas más tarde truncaría una enfermedad.
Terminó la Normal. Siguió impartiendo en la primaria del colegio religioso. Antes de finalizar la década estuvo en dos escuelas más de la capital.
Escobar recuerda que en esa época los maestros de primaria cumplían dos jornadas obligatorias, condición laboral que abolió el COPEN, la organización sindical de educadores de la cual fue secretario por Managua.
DE PROFESOR A AUTORIDAD
A comienzos de los setenta se traslada a enseñar a las minas, Bonanza, en la Región Autónoma del Atlántico Norte (RAAN), donde había mucho empirismo.
Ahí sube de maestro urbano de primaria a docente de secundaria. Escobar, que pronuncia sus palabras con dificultad como consecuencia de una insuficiencia cardiaca, dice que desde entonces eran escasos los educadores preparados en la Costa Atlántica. “Era el único maestro con estudios universitarios”, dice.
TRIÁNGULO MINERO EN SUS MEJORES RECUERDOS
Sin pensarla mucho, reconoce que en los tres años en Bonanza y Siuna transcurrió una de sus mejores experiencias docentes. Además de preparar a muchos niños y adolescentes fue una especie de autoridad local. Se involucró en el quehacer cotidiano de esa población, según recuerda. Hasta fue locutor de la emisora local.
Otra etapa gloriosa la vivió en el departamento de Río San Juan. En los años de la Cruzada Nacional de Alfabetización. Los niveles de analfabetismo superiores al 60 y 70 por ciento fueron rebajados a menos del 12 %, que fue el promedio de erradicación nacional.
En esa labor trabajó con los profesores Rosalía Mejía, Humberto Chavarría, Fernando Salazar y Orlando Pineda, este último dirige el centro Carlos Fonseca.
A Escobar lo deprimió un poco el trabajo que hizo un tiempo en la sede central. Aunque le parece que era importante y necesario, nunca pudo acostumbrarse al trabajo de oficina. Y no tardó en renunciar a él y dedicarse por entero a su vocación: la docencia en las aulas.
El Centro de Estudios Militares José Dolores Estrada y la Universidad de Ciencias Comerciales, son la cola de su estela educativa que se truncó a principios de este año.
DERRAME LO INCAPACITA
Un derrame cerebral, el siete de enero de este año, que le produjo un paro cardíaco, lo incapacitó como docente. No sólo lo expulsó de las aulas, sino que tiene en peligro su vida.
El profesor de matemáticas hoy más que nunca recurre a números para alargar su vida. Gestiona su jubilación y saca cuentas de haber cotizado 37 años y no 23 como, según dice, le reconoce el Instituto Nicaragüense de Seguridad Social (INSS).
Quiere el dinero de la pensión para mantener su costoso tratamiento. Para calmar la dificultad de respirar necesita por lo menos dos tanques de oxígeno al mes, cuyo mantenimiento sobrepasa los 600 córdobas. Otro gasto son las pastillas.
En otro momento, dice que la jubilación no le servirá de mucho, que preferiría el apoyo de las autoridades para que lo atendieran en Costa Rica o en Cuba, donde sabe que otros han tratado problemas similares. Eso porque él todavía tiene la esperanza de volver a las aulas de clases. 
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