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Mosaico - Crónicas Viajeras
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Isla de Rama Cay
un paraíso olvidado

Orlando Valenzuela
orlando.valenzuela@laprensa.com.ni
Textos y fotos

* En tiempos de la colonia española, los rama fueron una de las grandes tribus indígenas que dominaron gran parte de los territorios de la actual Región Autónoma del Atlántico Sur (RAAS). Hoy, sólo sobreviven unos 1,300 descendientes de esta etnia, la mayoría de ellos asentados en la Isla Rama Cay, dentro de la Bahía de Bluefields, que es como su capital, con una cultura que poco a poco va desapareciendo, de la misma forma en que su idioma y sus tradiciones van siendo sustituidos por otras lenguas y otros modos de vida, pero sin cambiar la eterna pobreza en que siempre han vivido

Rama Cay es un islote ubicado a cuatro kilómetros al sur de la ciudad de Bluefields, dentro de la bahía, de 176 kilómetros cuadrados, del mismo nombre. Es una isla pequeña en tamaño —sólo cinco manzanas cuadradas— pero de una gran importancia cultural, porque éste es el hogar de los últimos descendientes de la gran etnia indígena de los rama, cuya cultura está a punto de desaparecer, de la misma forma en que poco a poco se van terminando sus últimos habitantes.

La isla de Rama Cay está ubicada al sur de la Bahía de Bluefields, frente a la desembocadura del Río Cukra. Es uno de los ocho islotes que forman el diminuto archipiélago que llevan los nombre de Rama, Guaca, Masan, Cualapa, Cucu, Uariu, Filis y Bryan, todos con el aditamento inglés de “Kay”, pero que en nuestro idioma se acostumbra cambiar por Cay.

En total, sólo sobreviven unos 1,300 indígenas de esta etnia, 900 de los cuales habitan en esta isla, que para ellos es como su capital, el resto esta diseminado en pequeños grupos asentados a la orilla de los ríos Indio, Wirinki, Monkey Point, Punta Águila y Punta Gorda.

Estos indígenas aún conservan algunas costumbres ancestrales, como vivir en casas de madera con techos de palma y piso de tambo construidas sobre zancos a la orilla del agua, así como su comida típica, el rondón, que es a base de pescado, aceite de coco, tortuga marina y otras especies del mar.

SE PARECEN A LOS SUMOS Y MíSkITOS
El físico de los miembros de esta etnia es parecido al de los sumos y mískitos en cuanto al color, aunque un poco menos oscura la piel, no así en relación con la complexión, pues los rama son un poco más altos, tienen el tórax amplio, bien desarrollado, probablemente por su permanente contacto con el agua, nariz aguileña, ojos ligeramente oblicuos, pómulos salientes, cabellos negros y lacios.

La principal actividad de los rama es la pesca artesanal, tanto en las calmas aguas de la bahía como en las bravas corrientes del mar, de donde sacan la deliciosa langosta, principalmente para entregarla a centros de acopio o venderla en el mercado de Bluefields.

La gente vive de manera sencilla, sin las preocupaciones que supone una ciudad, pues aquí no hay ruido de autos, porque no existe ninguna calle donde transitar, sólo andenes peatonales, tampoco hay ruidos de rokonolas, ni bullicio de mercado porque nada de esto existe aquí.

Los niños de Rama Cay desde que tienen uso de razón entran en contacto con las mansas aguas que rodean el islote, ya sea para trasladarse en bote de un lugar a otro de la isla o para ir a pescar o buscar un poco de leña en tierra firme. Algunos, los mayores, tienen que viajar todos los días hasta la ciudad de Bluefields para poder estudiar la secundaria o trabajar en alguna empresa.

JÓVENES SIN MAYORESOPCIONES
En cambio, los jóvenes dedican sus energías a las labores de la pesca artesanal, la mayoría de ellos a bordo de frágiles botes de velas hechas de telas y lonas de todos los colores. Por las tardes, es muy común ver la única cancha de básquetbol llena de muchachos corriendo detrás de la pelota, teniendo de fondo el espejo brillante que refleja los últimos rayos del sol cayendo sobre el horizonte.

Muchas son las limitaciones que sufren los pobladores de Rama Cay, pues además de no tener un barato y fluido transporte que los comunique con Bluefields, carecen de fuentes de trabajo y de financiamiento para las labores de pesca, por lo que la pobreza es el común denominador en todos los hogares.

Lo más triste de este lugar no sólo es la pobreza y el abandono que han sufrido estos indígenas, sino el proceso de penetración cultural que les ha hecho perder su lengua materna, ya que de los casi mil habitantes, sólo unos cinco hablan el idioma rama, pues la mayoría sucumbió al embate de otros idiomas dominantes, como el inglés criollo, el mískito y el español.

Sin embargo, actualmente se impulsa un proyecto para rescatar la cultura rama, recopilando parte de las costumbres de sus antepasados, como su música, tradiciones y sobre todo su lengua nativa, mediante la enseñanza del idioma rama a los niños en la escuela primaria, por parte de un profesor pagado por la comunidad.

La Isla de Rama Cay la utilizan los rama sólo para vivir, pues no tiene espacio para sembrar ni para enterrar a sus muertos, por lo que estas dos actividades las realizan en tierra firme, hasta donde viajan en botes de remos en tiempos de cosechas y en caravanas fúnebres.

NO HAY CONDICIONES PARA TURISMO
En ocasiones llegan a Rama Cay grupos de turistas extranjeros con el ánimo de conocer un poco de la cultura de los rama, pero se encuentran con la limitación de que en el lugar no hay condiciones para darles atención, pues aquí no existe ni siquiera una oficina de turismo, ni tienda de souvenir, y mucho menos restaurante u hotel para quedarse a dormir, necesidades básicas para convertir esta bella isla, llena de paisajes exóticos y de una comunidad única en sus costumbres ancestrales, en un destino turístico-cultural que traiga el desarrollo a estos pobladores.

La belleza natural de esta isla es impresionante al ojo del visitante, ya que la claridad y calma de las aguas que la rodean, invitan a disfrutar de un inolvidable chapuzón junto a la costa adornada de cocoteros. Pero lo mejor es conocer de cerca las costumbres y el modo de vida de esta etnia nicaragüense, que al momento de la colonización española, era la que dominaba el territorio de lo que actualmente es toda la Región Autónoma del Atlántico Sur, RAAS.

 


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