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LUNES 19 DE NOVIEMBRE DEL 2001 / EDICION No. 22557 / ACTUALIZADA 01:30 am
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El checazo presidencial

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Guillermo Cortés Domínguez
editarte@tmx.com.ni

Ante la inexistencia de monopolios de medios de comunicación en Nicaragua, los “talibanes” del “alemancismo” inventaron el concepto de “monopolio de la opinión pública”, para deslegitimar a los medios de mayor influencia en la sociedad. La “Ley Alemán” —como fue bautizado el engendro jurídico que contiene esta atrocidad— pudo tener una real pretensión de atentar contra ciertos medios, como el Canal 2, pero sobre todo, su misión esencial fue levantar una tupida cortina de humo sobre la súbita e inesperada presentación pública de contundentes pruebas de que varios de “los checazos” fueron para pagar al quebrado Banco Nicaragüense (Banic), préstamos de una sociedad anónima en la que participa el Presidente de la República y varios de sus familiares.

Se cerró el círculo, escribió acertadamente el periodista Jorge Loáisiga hace unos días en un reportaje que inobjetablemente demuestra, por primera vez, adónde fue a parar el dinero de los famosos cheques emitidos por varias instituciones del Estado supuestamente como pago de sus impuestos, pero que nunca llegaron a la Dirección General de Ingresos (DGI), porque Byron Jerez los desvió fraudulentamente hacia cuentas particulares.

Geninsa, la razón social más famosa de Nicaragua porque a nombre de ella el Presidente Arnoldo Alemán, familiares y allegados realizaron en los últimos años la mayor operación de concentración de tierras en el país mediante tráfico de influencia y abuso de poder, obtuvo créditos del Banic, pero extrañamente los pagó antes de su vencimiento. Ahora por fin se sabe que el dinero para estos pagos provino nada menos que del mismo Estado a través de los famosos “checazos”, quedando al descubierto que con la complicidad de una cadena de altos funcionarios públicos y socios menores, el Presidente de la República ha usado inapropiadamente fondos públicos en beneficio personal y familiar. Esto debería ser suficiente para que Alemán se apartara de la función pública que ha traicionado y, por otro lado, para que la Contraloría reiniciara sus investigaciones sobre tan apestoso caso.

Mediante el mecanismo de las “notas de crédito”, Alemán y su principal socio, Byron Jerez, “ordeñaron” a gusto y antojo el Estado. De esta manera, varias instituciones, entre ellas Petronic e Iniser, “pagaron” impuestos emitiendo cheques a nombre de empresas que señaló la DGI por ser supuestas acreedoras de ésta, pero junto a las razones sociales en los cheques siempre había un y/o, seguido de un nombre propio, que eran “fantasmas” empleados y allegados de Byron Jerez quienes cambiaban los cheques convirtiéndolos en dólares y los depositaban en cuentas personales o acreditaban para pagar deudas, como en el insólito caso del Presidente Arnoldo Alemán. El Estado fue robado impunemente y pese a las pruebas no hay ningún preso todavía, y, más bien, Alemán descaradamente llama corrupto al Poder Judicial. ¿Otra cortina de humo?

El “cierre del círculo”, es decir, haber identificado el final de la ruta de más de tres millones de dólares saqueados al erario público, debería tener en un gravísimo aprieto al Dr. Arnoldo Alemán Lacayo. En un país con tradición institucional, esto causaría que él no pudiera finalizar su período presidencial, y por supuesto, evitaría que se convirtiera en Presidente de la poderosa Asamblea Nacional, como es su confesada pretensión. El gran poder del pueblo en las urnas, debería expresarse también ante estos casos extraordinarios. ¿Puede el pueblo detener a Alemán?

La “Ley Alemán” es totalmente contraproducente, no tiene pies ni cabeza, y ha provocado la inmediata indignación de los dueños de medios y del periodismo nacional. A lo mejor por esto ya desistieron de presentarla ante la Asamblea Nacional. Como se sabe, hay diez estaciones de televisión, tres diarios nacionales y decenas de revistas, y más de doscientas radioemisoras. No hay monopolio. Ciertamente el Canal 2 capta la mayor parte de la atención de la opinión pública, influyéndola y nutriéndose de ella. Los “talibanes alemancistas” han creado sobre esta base un verdadero terrorismo conceptual denominado “monopolio de la opinión pública”, y con ello pretenden descalificar y censurar un primer lugar en preferencia ganado a pulso gracias al profesionalismo de los periodistas, la alta tecnología de esta televisora y una capacidad empresarial. El “pecado” del Canal 2 es que no se subordinó a Alemán. Este problema, no obstante, no debe desviar la atención de lo esencial: el Checazo Presidencial.

El autor es Director de la revista Medios y Mensajes.  
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