Margarita Huezo de Re a un año de tu partida
Fuiste hija dilecta del managua autóctono, llena del cuido celoso y lleno de amor de tus padres, quienes te inculcaron el don del amor, de la unidad, de la música, de la poesía, de la espiritualidad.
Managua, León y Granada en tus giras de beneficencia te escucharon, voz de soprano, cantando zarzuelas y fados, con tal gracia y picardía que al terminar te cubrían de flores y aplausos.
Así te conoció don Enrique Re Fonseca, caballero de fina estampa y quien quedara locamente prendado de ti. Con él formaste hogar y tu familia “nido que fue de mi casta”... pleno de amor, respeto y unidad, legado que dejaste a tus hijos Napoleón Myriam, Efraín y Ligia, a tus nietos y bisnietos.
Más tarde te destacaste como miembro activa de la Unión de Mujeres Americanas (UMA), capítulo de Nicaragua y que representaste dignamente junto con otras estimables damas en Perú, igualmente te destacaste en la Mesa Redonda Panamericana de la que fuiste presidenta allá por los años 60.
Cuántos recuerdos, cuánto amor, cuánta poesía, cuánta música, cuánta alegría, cuánta fortaleza, cuánta sabiduría, cuántos consejos impartiste no únicamente a tus hijos, sino a todo aquel que tuvo la dicha de conocerte. De todas los que disfrutamos en las maravillosas reuniones familiares, donde se desgranaban las dulces notas de tus canciones, los acordes melódicos de tus composiciones “para que ustedes bailen”, dedicado a tus hijos o “deditos”, para tu sobrinita María. Así, cuánto disfrutamos de tu prodigiosa memoria declamando a Rubén, Campoamor, Neruda etc., en fin son incontables los momentos maravillosos, llenos de ternura y lírica los que Dios, nuestro Señor, puso en ti para bendecirnos y llenarnos de gozo y felicidad, que también compartimos con dilectos amigos costarricenses y muchos compatriotas en Miami, lugares en donde también dejaste un inmenso vacío.
¡Nuestro Padre Eterno nos dio la gracia de dejarte a nuestro lado muchos años, hasta el momento de llamarte a su presencia para que, cantaras en su Coro de Ángeles y Él sonríe!
Sentimos tu ausencia muy fuerte, aquí en el corazón, madrecita mía, pero sabemos que estás con Él y que tu nazarenito te está cuidando de lo mejor.
Para nuestro consuelo espiritual y como nos manda nuestra fe cristiana, hoy estaremos pidiéndole a Nuestro Padre tenga misericordia de tu espíritu, en la iglesia San Agustín a las 6:00 p.m.
Con todo mi amor tu hija. Ligia Re de Quinto 
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