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LUNES 19 DE NOVIEMBRE DEL 2001 / EDICION No. 22557 / ACTUALIZADA 01:30 am
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Jóvenes afganos vuelven a vivir

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En apenas cinco días comenzaron las transmisiones de TV afganas. Como para que más les duela a los Talibán, una jovencita con el rostro descubierto es la presentadora del programa.

 

Javier Otazu
EFE

KABUL.- El día que los Talibán abandonaron Kabul, Murid Sayidi buscó su casete preferida y la puso a todo volumen “para que me oyeran hasta mis vecinos que están a 500 metros de distancia”.

Escuchar música, afeitarse la cara, hacer volar cometas, asistir a clases mixtas, pintarse las uñas, ir al cine, ver la televisión, fotografiarse o mostrar el rostro en el caso de las mujeres, eran cosas prohibidas por el gobierno que dominó Kabul entre 1996 y el pasado lunes 12 de noviembre.

Dos días más tarde de la marcha de los Talibán, con ocasión de su cumpleaños, Murid quiso hacerse un regalo y fue a cortarse una barba que le había mortificado durante cinco años.

REZO Y AYUNO. NADA MÁS

Murid tiene 23 años y adora la música de Britney Spears y Ricky Martin. Durante los años “de plomo” conseguía sus grabaciones preferidas clandestinamente en el mercado, en un puesto que oficialmente solo vendía grabaciones del Corán, pero tenía una red de compradores bajo manga.

“Con los Talibán, las únicas actividades permitidas eran rezar y ayunar. No había nada más que hacer”, recuerda.

También los sastres y las modistas cosían en secreto ropa de estilo occidental, que, aunque no estaba prohibida, estaba mal vista por los Talibán.

En el salón de la casa de Murid es visible una televisión donde Murid y sus amigos no podían ver ningún canal (la televisión fue abolida por los Talibán), pero la utilizaban para ver sus cintas de vídeo también conseguidas clandestinamente hasta hace una semana.

Frente al apartamento se ve una antena parabólica recién subida al tejado para poder conectarse con el mundo exterior. La antena permaneció meses escondida.

AQUELLOS TIEMPOS

El apartamento pertenece a un tío del joven, exiliado en Rusia, uno de los miles de afganos que colaboraron con el régimen y que tuvieron que abandonar su país cuando los “muyahidín” derribaron en 1992 al gobierno de Mohamed Nayibulá, considerado satélite de los soviéticos.

Los tiempos soviéticos aún los recuerda Murid con nostalgia, porque “con un solo salario se alimentaba a una familia” y porque “podías pasear tranquilamente con tu novia”.

Los jóvenes más abiertos y progresistas sentían pavor de la policía religiosa de los Talibán, dependiente del llamado “Ministerio para el Fomento de la Virtud y la Prevención del Vicio”, que se encargaba de medir las barbas de los hombres —más largas que un puño—, vigilar sus turbantes y azotar a las mujeres que salieran a la calle sin burka.

¿RETROCESO?

Pero los Talibán no hicieron sino convertir en ley una tendencia que ya se estaba imponiendo en Afganistán, como era la vuelta a la tradición y a la separación total de sexos.

Los “muyahidín” antisoviéticos, que ahora han vuelto al poder en Kabul de la mano de la Alianza del Norte y su presidente Burhanudín Rabani, ya comenzaron a imponer limitaciones a la presencia de las mujeres.

Ahora que los Talibán se han ido, la sociedad afgana se encuentra con que ha dado un salto atrás de unos 50 años.

Las mujeres siguen llevando la burka “porque eso está bien y es la tradición”. Ellas no saben/no contestan.  
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