Desde la cueva
Un Mundial para la Historia IX
Tito Rondón tito.rondon@laprensa.com.ni
Proseguía la “Batalla del Banco Central”, y después de mucho tiempo de discutir sobre el calendario, se acordó nombrar una comisión imparcial para crear un nuevo cuadro de juegos que fuera absolutamente justo y parejo para todo mundo.
La comisión consistió de tres personas: Jesús Pitt de Cuba, y Noel Urcuyo Zeledón y este servidor por Nicaragua.
La mayoría de la crónica deportiva salió a la carrera del auditorio y se abalanzó sobre los tragos y las boquitas, ante el horror de los delegados internacionales, y de Pitt, Noel y mío, que vimos claramente que pasaríamos el resto de la velada con el estómago vacío. Empezamos a trabajar en el calendario.
Jesús Pitt es bajito y gordito, y es un genio de los números. En ese tiempo circuló la historia de que era amigo de aquel gran short cubano de los Senadores de Washington José Valdivielso, llamado “Joey” o “Pepe” según en qué país estaba.
Valdivielso ya ejercía la profesión que sigue practicando con distinción hasta el día de hoy, comentarista deportivo, y llegó a Nicaragua en noviembre de 1972 a narrar la Serie Mundial. El cuento que contaban de Pitt era que no se había hablado con Valdivielso por diferencias políticas.
Lo que sí puedo asegurar es que era un espectáculo ver a Pitt en acción. Recuerden que eran cinco los estadios, y todos iluminados: Managua, León, Granada, Masaya y Chinandega, 16 los equipos, ocho los juegos diarios, y las condiciones eran que todo mundo tenía que visitar todos los estadios y que en ninguna ciudad podía haber tres juegos.
Pitt, con un poquito de nuestra ayuda, creaba calendarios en su cabeza y rápidamente los anotaba en un papel. Siempre Noel y yo, y hasta él mismo, veíamos los defectos, las injusticias (viajar a Chinandega parecía el fin del mundo en esa época).
Pasaron horas. Habían volado las bocas y los tragos. Los delegados estaban muertos de cansancio. Reportamos cómo iba la confección de un nuevo calendario, creíamos que si trabajábamos duro un rato más podríamos mejorar el original un poquito...
Manolo González Guerra paró el trabajo. Se congregaron los delegados en el auditorio, y se anunció que para no molestar demasiado a los anfitriones ni cansar a los invitados, Cuba aceptaba al calendario, a Alemania, a Estados Unidos, y a todo... pero era tarde, las bocas y los tragos habían desaparecido.
Tardé seis años en encontrarme nuevamente con Jesús Pitt. Fue en Bologna, Italia, en 1978. Me informó que la nueva federación internacional, AINBA, nos había encomendado la misión de hermanar las marcas logradas en los dos campeonatos de la FEMBA, en Nicaragua en 1973 y en Estados Unidos en 1974, más en el primero de la nueva federación, el de Colombia en 1976, con los de la desaparecida FIBA.
Trabajamos toda una tarde, pues yo había llevado todos mis papeles en mi maleta, y completamos el trabajo.
En 1994 el acucioso periodista panameño Alfredo Franceschi fue el único que se presentó con los récords de Serie Mundial. Amablemente me cedió una fotocopia. ¡Qué emoción fue ver mi puño y letra, ya que eran copias del trabajo de Pitt y mío 16 años antes! Supongo que ahora están en manos de la IBAF...
Lo último que supe de Pitt era que ya se había retirado, que es la única persona en el mundo que ha coleccionado, copiando a mano donde fuese necesario, toda la información perdida de las Series Mundiales Amateur que llenaron las vidas de los aficionados en los cuarenta y los cincuenta, y hasta nuestros días.
Lo que no hay es dinero para editar la gran obra. Quizá lo hay en Estados Unidos, pero el embargo impide que se pueda negociar algo. Pasa la vida para Jesús Pitt, y para el béisbol mundial la oportunidad de conocer sus raíces. 
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