Correo
Portada Impresa
    La Prensa    
Archivo
Busqueda
DOMINGO 18 DE NOVIEMBRE DEL 2001 / EDICION No. 22556 / ACTUALIZADA 01:30 am
GALERIA DE FOTOS
PORTADA
POLITICA
ECONOMIA
NACIONALES
REGIONALES
EDITORIAL
DEPORTES
SUCESOS
EL MUNDO
OPINION
REVISTA
SUPLEMENTOS
OBITUARIOS
CARTAS AL DIRECTOR


CLASIFICADOS
SUSCRÍBASE

EL HUMOR DE
Guillen


   

Nuestra Gente - Cosas Veredes Sancho Amigo
Peluqueros y parroquianos de la barbería del Gran Hotel

Foto  
.Cortar y peinar cabellos, lo mismo que acicalar el rostro humano, constituyen una profesión en la que confluyen diferentes artes, entre ellas, el saber conversar con los clientes que encuentran en esos salones un ambiente de paz y de reposo proclive a las confidencias.

 

Mario Fulvio Espinosa
mariofulvio.espinoza@laprensa.com.ni

“El coronel Guillermo Noguera se levantó de la silla, se miró en el gran espejo, y como andaba con sus tragos le dijo a Cipriano...

— Hombré, me dejaste muy pelón. Ahora te vas a sentar vos en la silla— y diciendo esto sacó la pistola y obligó al barbero a sentarse. Después dirigió el arma contra Ramón, otro compañero barbero, y le dijo: “Pelá a este jodido como él me dejó a mí”.

La broma —si era broma— ya era peligrosa, y ya iba Ramón a meterle la maquinita a Cipriano cuando ocurrió, por casualidad, un choque en plena esquina.

El que había chocado era monseñor Mejía y Fajardo. Hubo, pues, una bulla, y para allá nos fuimos todos a ver, incluyendo al Coronel, que con el alboroto se olvidó de todo. Cipriano se quitó el trapo que ya le había puesto Ramón en el cuello, y “se fue a la joroba”.

DE MASATEPE A CONQUISTAR MANAGUA

De hablar suave y pausado don Donald Porras Barquero es toda una institución en la historia de la peluquería nicaragüense. Oriundo de Masatepe, este hombre apacible, de cabellos nevados, se vino con su madre a conquistar Managua cuando apenas era un niño de ocho años.

Como vivían en el barrio El Infierno, le tocó estudiar en la escuela del Maestro Cebollita. “Yo no recuerdo el nombre del Maestro Cebollita, pero era blanquito, rosadito, con un saquito blanco que nunca se quitaba. Siendo un cipote, Managua me impresionaba porque de todas partes se miraba el lago, y también por las grandes correntadas del invierno, cuando unos mocetones colocaban tablas para que la gente cruzara las avenidas sin mojarse, y por cada pasada cobraban diez centavos”.

Para coronar sus sueños entró de aprendiz en la Barbería de don Daniel Saballos, que estaba ubicada en el mismo sector de El Infierno, y ya a los 14 años conocía todos los secretos de Fígaro y, muy valiente, decidió regresar a Masatepe a poner su propio taller.

“Pero en Masatepe no había fortuna para el oficio y me regresé a Managua para trabajar con don Daniel Saballos. Yo era un cipote muy tímido, nunca anduve en pandillas —aunque claro, las pandillas de antes no tenían las características violentas que tienen las de hoy— pero me gustaban los trompos, que compraba junto con mi hermano Héctor en la tornería del señor Amador, que quedaba del Caimito cuadra y media arriba. Eran buenos trompos, de puro guayacán, y costaban 25 centavos”.

Con orgullo habla de su mamá, doña María Elena Porras Solís, madre soltera. Ella habló con el maestro Saballos y consiguió que me aceptaran como aprendiz de barbería, con la condición que lampaceara el local.

LAS BARBERÍAS DE OTROS TIEMPOS

“Para ese tiempo, década de los cuarenta, existían en Managua peluquerías notables, todas excelentes, como las de José Zepeda, José Norori, Cástulo Hernández, Joaquín Báez Luna, la del Gran Hotel, y la de don Daniel Saballos, que para mí era la mejor.

“También ya se habían instalado por diferentes puntos de la ciudad los salones de belleza, aunque no había la onda “unisex” de ahora, sino que las barberías eran para hombres y los salones de belleza para las mujeres. Entre los salones de belleza más notables estaba el de la Malpartida, el de Conchita Amador, el salón Los Ángeles y otros.

“Cuando murió don Cástulo Hernández ya la Barbería del Hotel Roosevelt la había comprado don Joaquín Báez Luna. Era una peluquería de seis sillas, y recuerdo que mis compañeros de trabajo eran, José Norori, Francisco (no recuerdo el apellido pero le decíamos “Atolito”), Ausberto Rodríguez, Daniel Aráuz, don Joaquín y don Víctor.

“Sin embargo, mi gran ilusión era trabajar en la barbería del Gran Hotel, la de mayor categoría en Managua. Tuve suerte, pues entré a trabajar en ella el 11 de agosto de 1956, y para el 6 de noviembre de ese mismo año ya estaba reponiendo, gracias a la recomendación de mi colega Ramón Castro, a un barbero que había renunciado al trabajo”.

UNA BARBERÍA COM MUCHA HISTORIA

¿Cómo era esa barbería, de quién era, y cómo se trabajaba ahí?

Era la mejor barbería de Nicaragua, la de mayor prestigio —dice con orgullo don Donald—. Tenía diez sillas y una mesa de manicurista. El corte de pelo costaba siete córdobas, y el masaje seis. El dueño era don Benjamín González, un señor pequeñito, algo ralo de pelo, pero muy llevadero. Era tranquilo pero exigente en cuanto a disciplina.

En las sillas se ubicaban los compañeros siguientes: en la Uno estaba Ramón Castro, en la Dos, Cipriano Morales; en la Tres, Manuel Salazar; en la Cuatro, Eduardo Zepeda; en la Cinco, Rigo Hernández; en la Seis, Luis Moreno; en la Siete, Víctor Contreras; en la Ocho, don Benjamín; en la Nueve, Rómulo Martínez, y yo en la número Diez.

Los requerimientos para trabajar eran: no fumar, no bromear, respeto mutuo, cortesía para los clientes, no platicar a menos que el cliente lo solicitara, y sobre todo ser puntual con el horario que era corrido, desde las siete de la mañana a las ocho de la noche.

¿Qué personajes llegaban a esa barbería?

Don Benjamín era el barbero de Anastasio Somoza García, pero yo no conocí a ese general, pues cuando entré a trabajar ya había muerto baleado. Sin embargo, Luis Somoza era un cliente ocasional, y más asiduos los ministros Julio Quintana, Enrique Marín Abaunza, Manuel Zurita, el “Diablo” Zelaya, Pedro Joaquín Chamorro, Aurelio Montenegro, Rafael Córdoba Rivas y otros más.

También por estar hospedados en el mismo hotel tuvimos como clientes ocasionales a muchos artistas famosos. Recuerdo que Pedro Vargas nos invitaba a comer en la Esquina de la Carne Asada, en la barbería conocimos a Freddy Fernández “El Pichi”, que llegó a Managua a filmar una película titulada “La Cita”, que se rodó, en parte, en el Edificio Palazio, y donde actuó la nicaragüense Magda Doña. También conocimos a Martha Roth, Cantinflas, Antonio Aguilar y Pedro Infante.

Dejaron imborrables recuerdos en ese hotel Los Churumbeles de España, Angélica María, Los Chavales de España y muchos otros artistas como John Wayne, que vino para invertir en el Hotel Intercontinental, pero que no logró su objetivo. También llegaron deportistas famosos, entre beisboleros de Grandes Ligas, boxeadores notables, y muchos personajes ilustres de las ciencias, la política y la diplomacia.

¿Ya tenían seguro social?

No, pero cuando alguno de los compañeros se enfermaba teníamos el compromiso de aportar dos córdobas diarios para el ausente, esto en conjunto equivalía a 24 pesos, que era una suma buena. Ya para el 58 comenzamos a aportar para el Instituto del Seguro Social.

LA MATANZA DEL 22 DE ENERO

¿Recuerda los sucesos del 22 de enero?

Ese día no se trabajó porque era domingo. Yo estaba en una corrida de gallos en Managua, donde también estaban el coronel Oscar Morales (Moralitos) y el general Tercero. De pronto alguien llegó a decirle algo a Moralitos y éste se dirigió a nosotros diciendo: “Señores, se acabó el juego de gallos, váyanse a sus casas que hay una matadera de gente en la Avenida Roosevelt”.

“Agarramos nuestros gallos y salimos por el lado de Montoya, donde un retén de guardias nos detuvo, pero como íbamos con el sargento Gutiérrez nos dejaron ir y yo me fui a Masatepe.

“Cuando el terremoto del 72 estaba trabajando con don Ernesto Esquivel en la barbería situada al lado del Gambrinus, me tocó recoger a mi mamá, y con mis hermanos Héctor y Roberto regresar nuevamente a Masatepe.

“En 1975 me vine a instalar mi propio taller en el barrio Monseñor Lezcano, aquí me agarró la guerra pero pude sobrevivir, aunque ahora por mis dolencias ya le entro ‘al suave’ al oficio.

“Antes la peluquería era una profesión muy distinguida... Ahora se ha convertido en algo más comercial, como sucede con muchos otros oficios y profesiones del sector nacional”.

LA PELUQUERÍA

Las tijeras y el corte de pelo han sido la pasión vital de don Donald, pero hubo otra más, las peleas de gallos

Por la peluquería del Gran Hotel desfilaron durante muchos años importantes héroes y villanos de la historia nacional

También acudieron numerosos artistas internacionales que en diferentes épocas llegaron a Nicaragua y se hospedaron en ese hotel.  
.


---

   
Otras Noticias

Peluqueros y parroquianos de la barbería del Gran Hotel

Las exquisitas lecheburras de los Bolaños-Caballero

Advertencia a los grupos juveniles de El Viejo

Leoneses celebraron aniversario

Duplicarán presupuesto municipal en Pueblo Nuevo