Guillermo Argüello Poessy: Presidente de la Contraloría
“Puedo estar renco de los pies, pero no de la cabeza”
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 | El presidente de la Contraloría lamenta que los diputados hayan quitado a esa institución “todos los instrumentos”, o lo que es lo mismo, que la hayan dejado sin colmillos y garras
para combatir la corrupción, flagelo que tiene a nuestros país entre los tres más corruptos de América, según el organismo Transparencia Internacional. De tal forma que,
a pesar de los muchos escándalos de corrupción que estallan en los medios,
no hay un solo funcionario guardando prisión por ello. |
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Fabián Medina fabian.medina@laprensa.com.ni
El doctor Guillermo Argüello Poessy no se repone aún de las dolencias que casi lo llevaron a la tumba. Una operación a corazón abierto que le dejo seis “by passes”, dos operaciones más por hemorragia y la amputación de varios dedos de uno de sus pies, golpearon fuertemente a este hombre de 61 años, que asumió la presidencia de la Contraloría en medio de masivas y públicas desconfianzas sobre la idoneidad de una institución creada a la medida del pacto libero-sandinista.
A pesar de estar apoyado en un bastón o movilizándose en sillas de ruedas, el doctor Argüello Poessy no pierde contacto con la Contraloría, y aunque su estado oficial es “subsidio por reposo”, llega por ratos a la institución, más para saber cómo van las cosas que por decidir sobre los acontecimientos.
Cuando el doctor Argüello cayó enfermo se especuló que renunciaría a su cargo, en primer lugar, por lo maltrecha que quedaría su salud, y en segundo, porque también se dijo con insistencia que estaba molesto con el presidente Alemán, quien había prometido nominarlo a una magistratura en la Corte Suprema de Justicia. Las dos especies las negó en esta entrevista.
Mientras usted estaba en el hospital de Houston, aquí se especuló que renunciaría a la Contraloría.
“No sé de dónde vendrían las especulaciones. Personalmente nunca las he hecho. Y mi familia tampoco porque se encontraba conmigo en ese momento. Sin embargo, quiero decirle que el día que yo sienta que no soy capaz de desempeñar mi cargo tengo el suficiente valor y conocimiento para decir hasta aquí nomás. Pero como usted puede ver, puedo estar renco de los pies, pero de la cabeza todavía no”.
¿Es cierto que el doctor Alemán le pidió la renuncia?
“No. Jamás. El doctor Alemán además del aprecio de muchos años que tengo con él, jamás me ha ofrecido ni propuesto ni sugerido que presente mi renuncia para el cargo que, en su oportunidad, tuvo a bien proponerme ante la honorable Asamblea Nacional”.
¿En algún momento le propuso una magistratura en la Corte Suprema de Justicia?
“Hace... ¿cuántos años le diría yo? Doce o quince años, cuando ni siquiera soñaba él con llegar a la Presidencia de la República, platicábamos que sería para mí ideal llegar a la Corte Suprema de Justicia. Cuando llegó a la Presidencia me reiteró en distintas conversaciones llegar a la Corte Suprema de Justicia. Sin embargo, cuando me ofreció el cargo muy honroso de miembro de la Contraloría General de la República de inmediato lo acepté, porque creo que desde ese cargo puedo servir también a mi país”.
Doctor, ¿había o no un acuerdo de que usted iba a pasar cierto tiempo en la Contraloría y luego iba a saltar a la Corte?
“No. Nunca ha existido tal acuerdo”.
¿Usted aspira a llegar a la Corte Suprema?
“Bueno, todos los abogados que alguna vez fuimos funcionarios judiciales, como en el caso mío, soñamos algún día llegar a la Corte Suprema de Justicia. Pero ya cuando tenemos 60 años y la salud no es tan buena, pues lo único a lo que podemos aspirar es a terminar el período constitucional para el que fui electo”.
¿Está pensado en jubilarse?
“Voy a tener 65 años cuando termine este cargo, y va a ser tiempo de descansar, disfrutar la familia, los nietos si Dios me los manda”.
Esta Contraloría nació cuestionada.
“Sin embargo el tiempo ha venido a decir que eran infundadas las sospechas”.
Pero hasta ahora no tenemos resultados. Usted mismo lo reconoció recientemente.
“La Contraloría ha cumplido con su obligación”.
Entonces, ¿qué es lo que está pasando en Nicaragua? No hay nadie preso, no hay nadie sancionado.
“Porque el resto del sistema no funciona. No sirve. Hay que elaborar nuevas leyes. La Ley de la Contraloría es muy débil. En la última reforma las pocas facultades que tenía la Contraloría desparecieron prácticamente. Sobre todo ahora que hay recursos de amparo contra la resoluciones de la Contraloría donde se señalan presunciones de responsabilidad penal”.
¿Cómo explica usted que le hayan quitado a la Contraloría todos sus instrumentos para perseguir la corrupción?
“Esa explicación sólo se la puede dar la honorable Asamblea Nacional, que fue quien reformó esta ley”.
¿Usted cree que el gobierno no está haciendo lo suficiente en el combate contra la corrupción?
“Yo creo que el combate a la corrupción no es sólo obra del gobierno”.
¿El gobierno está cumpliendo su cuota?
“Yo creo que el gobierno podía habernos ayudado a la Contraloría mejorando nuestra Ley Orgánica. Nosotros también propusimos una nueva ley de probidad de los servidores públicos que nunca fue impulsada. Ahí nosotros tipificábamos el enriquecimiento ilícito y el tráfico de influencias como delitos, antes de que se publicara el Código Penal. Ahí también consignábamos que los servidores públicos estamos obligados a dar cuenta de nuestros bienes, no a contar cuentos de nuestro bienes. Se acababa el concepto que las declaraciones son privadas. Las declaraciones son públicas porque el país debe saber qué tiene su gobernante cuando llega a iniciar su labor de gobierno, y con qué termina su gobierno, y cómo los adquirió”.
Con lo que tenemos ahorita, ¿qué podemos hacer?
“Con lo que tenemos ahorita no se puede hacer nada. El enriquecimiento ilícito no es delito. Yo puedo llegar a la función pública y declarar que mi patrimonio era diez mil córdobas y ahora que salgo declarar que son diez millones de dólares. ¿Y qué? Si eso no es delito”.
¿Entonces para qué sirve la Contraloría?
“Bueno, esa es la gran pregunta. ¿Para qué sirve? ¿Para estar imponiendo sanciones a funcionarios de segunda categoría? Ahora vamos nosotros a trabajar el traspaso ordenado de una administración a otra, estamos trabajando en la devolución que debe hacerse a los partidos políticos de los gastos de la campaña. Esas son las funciones que podemos cumplir. Pero lo que la ciudadanía legítimamente pretende de nosotros, que es el combate a la corrupción, no tenemos los instrumentos para hacerlo”.
¿Ha hablado de esto con el Presidente electo?
“Llegué al país el jueves y me comuniqué con don Enrique el sábado por la noche. Me le puse a la orden en su lucha contra la corrupción. El lunes lo fui a ver para que juntos impulsemos las reformas que fuesen necesarias para luchar contra la corrupción. Es lo que el país quiere”.
El problema, doctor, es que más allá de las buenas intenciones, hay muchas lealtades y muchas amistades. Usted mismo dice ser amigo del doctor Alemán, y aquí hay señalamientos serios contra él.
“Yo nunca voy a negar ni las amistades que tengo, ni la familia que tengo. No voy a a renegar de mis amigos. Además, usted tampoco me creería que ahora vengo a decirle que no soy amigo del Presidente. Yo he sido amigo del Presidente desde hace treinta y tantos años”.
¿Se puede trabajar con objetividad así?
“Cabe preguntarse de quién es más amigo uno. El famoso adagio latino: ‘Soy amigo de Platón, pero más amigo de la verdad’ ”.
¿Vamos a conocer un día, oficialmente, si son ciertas o falsas las sospechas de corrupción que hay en torno al doctor Alemán?
“Dependerá exclusivamente de la actitud que tome la Asamblea (Nacional). Recuerde que goza de inmunidad”.
¿Y usted está dispuesto a perder la amistad en la búsqueda de esa verdad?
“Es que la verdad no la busco yo, sino los tribunales”.
Pero la Contraloría investiga.
“Sí, pero primero deberá ser desaforado. Una vez desaforado podemos hacer todas las investigaciones del caso, sobre lo cual no quiero adelantar ninguna opinión porque a larga yo voy a juzgar. Recuerde que el doctor Alemán goza de inmunidad. El proyecto de ley que yo envié dice que la prescripción de los delitos que podamos haber cometido los servidores públicos cuando gozamos de inmunidad empieza a contar cuando termina la inmunidad. Ese proyecto de ley nunca pasó”.
Ni pasará, porque perjudica a quienes corresponde aprobarlo.
“¿Entonces para qué sirve la prensa, los medios de presión? ¿Para qué sirve la llamada sociedad civil?
Usted reclama el papel de la prensa, pero, por ejemplo, en el caso de los checazos, la prensa ha demostrado que se cometió un delito y sin embargo no pasa nada.
“No quiero tocar ese punto concreto, primero porque fue del conocimiento de los tribunales de justicia que dictaron un sobreseimiento definitivo. Hay que analizar si los hechos que fueron conocidos en ese juicio fueron los mismos hechos que ahora denuncia el Diario LA PRENSA. Si son los mismos hechos sobre lo que ya hay sentencia definitiva, no puede abrirse proceso en virtud de la cosa juzgada. Si estos hechos son distintos sí podría abrirse proceso penal. Ahora, fíjese en una cosa: ¿esta documentación la conoce el Diario LA PRENSA hasta ayer? ¿La conoce hace un mes o la conoce desde siempre y no la ha hecho públicos? Si yo conozco la existencia de un hecho que constituye delito estoy obligado a denunciarlo”.
Y eso es lo que está haciendo LA PRENSA.
“Correcto. Cumplen con su obligación. Nadie lo niega. Mi pregunta es: ¿es esto una telenovela? ¿Por qué estos hechos gravísimos no han sido del conocimiento de quien debe ser, que es de la justicia ordinaria? Son hechos bien graves. No son para armar una telenovela”.
Doctor, por favor, mire lo que pasó cuando conoció el caso la justicia ordinaria: un sobreseimiento definitivo de lo más apurado, de un juez suplente que al final fue destituido.
“Es ahí el esfuerzo que hay que hacer. Pero hacer entregas... Tal vez mañana nos traen otra entrega”.
Probablemente.
“Es probable, ¿verdad? Yo no es que critique el sistema, lo que pido es que cooperemos con los únicos que pueden poner orden, que es la justicia ordinaria”.
Honestamente, ¿usted confía en la justicia que tenemos aquí?
“Por razones institucionales estoy obligado a confiar en la justicia”.
LA FAMILIA
Poessy es un apellido francés que delata el origen de su familia por la rama materna. Argüello, en cambio, es un apellido que pertenece a una familia que ha estado en Nicaragua desde antes de la Independencia de Centroamérica en 1821.
El doctor Argüello Poessy es padre de la vicecancillera de la República, doctora Bertha Marina Argüello, de quien dice orgulloso: “Esa muchachita no ha hecho en su vida más que educarse, educarse y trabajar”.
Reconoce que lo molestaron profundamente los comentarios que aseguraban que su hija fue nombrada en ese cargo como pago a su lealtad al doctor Alemán. “Gracias a Dios ha demostrado que es hija mía, pero que además de hija mía sabe trabajar”.
“Es que el presidente de la Contraloría es temperamental, se enoja con facilidad. Tengo carácter fuerte. Eso, dicen, lo heredó mi hija. Sólo dicen que hereda de mí las cosas malas”, bromea.
“Iba listo a darle cuentas a Dios”
El doctor Guillermo Argüello Poessy fue sometido a una operación a corazón abierto en Houston, Estados Unidos, el 27 de agosto pasado. Fue preciso hacerle seis “by passes”. Aunque la operación fue exitosa, luego vinieron complicaciones causadas por hemorragias, y en dos ocasiones más tuvo que salir de emergencia hacia el hospital a someterse a nuevas operaciones. El problema no terminó ahí. Como es diabético, fue preciso amputarle varios dedos del pie derecho el 26 de octubre.
“Cuando llegué le pregunté al médico qué posibilidades de vida tenía. Me dicen que estas operaciones de by pass han adelantado tanto que las posibilidades son de un uno a un dos por ciento que le vaya mal. En cambio, dada mi posición de diabético y el estado de mi corazón, ese riesgo aumentaba a un quince por ciento”, relata.
La muerte estuvo cerca. Argüello Poessy tomó todas las previsiones que un hombre toma cuando enfrenta un episodio de ese tipo.
“Un sacerdote me dio los santos sacramentos. Inclusive había recibido lo que nosotros conocemos como la Extremaunción, de tal manera en mí iba una paz muy grande, porque fui educado en la fe, soy católico. Le recomendé a mi familia a mi hijo, lo que todos los padres haríamos, di instrucciones precisas hasta de qué iban a hacer con mi cadáver. Yo iba listo a darle cuentas a mi Creador”. 
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