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MARTES 13 DE NOVIEMBRE DEL 2001 / EDICION No. 22551 / ACTUALIZADA 01:30 am
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La ley de Alemán

El presidente Arnoldo Alemán anunció el jueves de la semana pasada, que después de asumir en enero próximo el escaño de cortesía en la Asamblea Nacional que obtuvo gracias al pacto libero-sandinista, impulsará una ley contra los “muchos monopolios en cuanto a los medios de comunicación... porque hay muchos privilegios existentes todavía”.

O sea que el actual Presidente de la República e inminente diputado, Arnoldo Alemán, planea retomar una iniciativa de ley que anunció el actual diputado oficialista Eliseo Núñez, pero que no prosperó por el repudio de los medios de comunicación independientes y porque no encontró respaldo en la Asamblea Nacional, ni siquiera en la bancada liberal.

Al parecer lo que se pretende con esa iniciativa de ley es reglamentar el artículo 68 de la Constitución Política de Nicaragua, el que en una de sus partes dice que: “El Estado vigilará que los medios de comunicación social no sean sometidos a intereses extranjeros o al monopolio económico de algún grupo. La Ley regulará esta materia”. Y al respecto, tanto el diputado Núñez como el presidente Alemán, han advertido que su propuesta de ley iría dirigida específicamente contra algunos medios de comunicación independientes, como el Canal 2 de TV en el ámbito de la televisión y el Diario LA PRENSA en el sector de prensa escrita.

Pero es obvio que Núñez y Alemán ignoran la materia constitucional sobre la que pretenden legislar, y si la conocen, se trata entonces de una intención perversa de atentar contra la libertad de empresa y la libertad de expresión y de prensa. En realidad, el monopolio es una situación de mercado en la cual un producto, bien o servicio, sólo puede producirlo y/o distribuirlo una determinada persona o empresa. Y sin dudas que no es ese el caso de los medios de comunicación en Nicaragua, donde hay 12 estaciones de TV que pertenecen a diversos dueños, tres diarios escritos pertenecientes a distintos empresarios (uno de ellos al presidente Alemán, en calidad de socio), y 172 emisoras de radiodifusión sonora en onda media y frecuencia modulada, según los datos oficiales de Telcor que publicó LA PRENSA en su edición de ayer.

Ante esta situación, ¿de qué monopolio es que están hablando el presidente Alemán y el diputado Núñez? Es una barbaridad, por decir lo menos, que personas que tienen en sus manos los destinos de la nación, de la economía, de las empresas, de las libertades, de los ciudadanos, confundan el monopolio con el hecho empresarial absolutamente normal de que una misma persona, natural o jurídica, tenga la propiedad o la concesión de más de un medio de comunicación; o que ofrezca servicios múltiples, como por ejemplo que una empresa de TV opere también estaciones de radiodifusión sonora; o que un diario elabore otras publicaciones.

Eso de ninguna manera se puede considerar como monopolio. Al contrario, es una situación normal y necesaria, porque la desregulación de los mercados y el proceso de eliminación de toda clase de obstáculos a la competencia y la libertad de inversión, exige que las economías modernas sean mucho más abiertas que antes y que las empresas sean versátiles tanto en la producción como en la oferta de sus bienes y servicios.

Sólo las mentalidades estrechas de funcionarios que no son liberales sino mercantilistas, que no son verdaderamente democráticos sino autoritarios, no pueden entender que la integración de la propiedad de dos o más empresas de medios de comunicación responde a incentivos económicos, no a tendencias ni a conductas monopolistas; que de lo que se trata es de compartir infraestructuras, recursos humanos, bases de datos, etc.; así como disminuir costos y aumentar eficiencia para competir airosamente en mercados que son cada vez más exigentes, y obtener los beneficios adecuados.

Donde hay libre entrada al mercado y se incentiva la competencia no puede haber monopolios. ¿Acaso alguien le ha impedido al presidente Alemán y sus amigos participar en el mercado de la comunicación social con emisoras radiofónicas y un diario escrito? En todo caso, si no han tenido éxito es porque los otros medios son mejores, pero esto no lo podrán remediar con leyes ni con actitudes represivas.  
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