Zona de strikes
¿La salida de Padilla?
Edgard Rodríguez C. edgard.rodriguez@laprensa.com.ni
Taiwan.- Hace poco observaba las imágenes sobre la despedida de Diego Maradona, y la verdad es que aunque un poco retrasada, no hay discusión sobre la dimensión del argentino, cuya plasticidad y calidad brillaron intensamente en esta época de fútbol friccionado y en la cual la velocidad ha desplazado al arte.
Maradona merecía un mejor adiós. Un retiro en el cual las tribunas debieron ser electrizadas por una docena de maniobras como las que acostumbró el Diego en su plenitud, quien como diría Saramago, fue un hombre con una pelota pegada a su pie. En lugar de eso, Maradona estaba ahí, gordo y tieso. Distinto del verdadero.
He pensado en eso ahora que veo a Ramón Padilla ahí en el banco, mientras el Mundial avanza hacia su final. Obviamente no se me ocurre comparar a Ramón con Maradona, simplemente pretendo decir, que en su dimensión, Padilla también merecía una mejor salida de este conjunto, para el que brilló tanto.
Ramón ha sido sentado, y pienso que la decisión es correcta. La anemia en su bate, que fue constante a través del fogueo, se manifestó aquí de entrada, y el ingreso de Eduardo Romero al line up, se volvió urgente.
Más bien pretendo decir, que Ramón, por todo el aporte que ha hecho, merecía estar ahí en el terreno para concluir su carrera como lo que es, un grande. Pero su bate se quedó sin pólvora y Julio Sánchez sin otra salida que sentarlo.
Padilla anda en la Selección desde 1986, y salvo raras excepciones, él ha sido el jardinero derecho del equipo. Me es difícil creer que haya habido otro righfielder mejor que Ramón. Sobre todo porque el outfielder de esquina debe batear.
El sureño tiene aproximadamente 30 jonrones con el uniforme nacional, y su gran momento fue aquel estacazo que disparó en el inning 13 ante China, para darle un éxito a Nicaragua en la Copa Intercontinental de 1991 en Barcelona.
Durante su último Mundial como titular, en Italia en 1998, terminó con 436, mientras preservaba la distancia entre su nivel y el de los demás patrulleros. Pero el tiempo ha pasado y su intensidad disminuyo.
Merecía un mejor adiós, si es que le ha llegado. 
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