Correo
Portada Impresa
    La Prensa    
Archivo
Busqueda
JUEVES 15 DE MARZO DEL 2001 / EDICION No. 22311 / ACTUALIZADA 2:00 a.m.

PORTADA
POLITICA
ECONOMIA
NACIONALES
REGIONALES
EDITORIAL
DEPORTES
SUCESOS
EL MUNDO
OPINION
REVISTA
SUPLEMENTOS
OBITUARIOS
CARTAS AL DIRECTOR

CLASIFICADOS
SUSCRÍBASE


   
El discurso que no pude pronunciar

Ariel Granera Sacasa*

La convención nacional del partido, cualquiera que sea la razón por la cual se reúne, es siempre un momento trascendente de vida partidaria. Es la oportunidad de reunir un conglomerado amplio para reflexionar y decidir sobre asuntos importantes para el partido y para el país.

Quisiera con esta intervención contribuir con mi reflexión a alimentar y tratar de enriquecer la decisión que juntos habremos de tomar.

El partido enfrenta una decisión difícil, porque esta decisión es compleja, porque compleja es la situación del país y porque complejas son las características del actual proceso electoral y las realidades partidarias.

Considero que debemos buscar que Nicaragua no retroceda, porque con ese retroceso perdemos todos. Asimismo, debemos procurar dotarnos de una alta dosis de realismo, para que sin hacer castillos en el aire, poder conseguir que el partido continúe progresando a fin de que su proyecto sea mejor compartido por la sociedad nicaragüense.

Queremos desarrollo económico con equidad social, queremos instituciones nacionales, no-partidistas, que no sean liberales, sandinistas o conservadoras. Que sean simplemente nacionales, al servicio imparcial de los nicaragüenses, conformadas por ciudadanos honestos y competentes.

¡Cómo lograr esto! Avanzando paso a paso. Sabiendo aprovechar cada espacio. Probablemente conscientes que no siempre se puede lograr todo a la vez. Que la posición del todo o nada no es en política la mejor consejera. Pero sobre todo teniendo un comportamiento coherente y consecuente, con honestidad, que lo que defendamos para la sociedad como proyecto, lo practiquemos desde ahora como partido, que no tengamos doble lenguaje o dos caras, una adentro y otra afuera, que no seamos más de lo mismo o de hecho igual a lo que criticamos de los demás.

Sobre este aspecto quisiera concentrar mi reflexión. No podemos permitirnos que no nos guste que tengamos diversidad de criterios y opiniones.

No podemos permitirnos que por encima de la convicción íntima que sobre la valoración que uno pueda hacer sobre determinado hecho o decisión, esté el interés de no afectar el proyecto que en base a valoraciones distintas otros tengan.

No hay que estigmatizar las posiciones que no nos gustan. No hay que descalificar de una manera grosera e injusta a alguien, por el simple hecho de no pensar como nosotros. Es inadmisible que se pretenda definir que sólo se pueda disentir en silencio, o con el voto de manera anónima. O que se piense que el simple hecho de expresar públicamente un criterio sea considerado un crimen de lesa majestad.

No podemos criticar con autoridad hacia afuera lo que no somos capaces de defender hacia adentro. La doble moral no puede volverse un activo del Partido Conservador.

No le tengamos miedo a la diversidad, sintámosle terror a la uniformidad. La diversidad de opiniones y valoraciones no sólo no son malas sino que son indispensables para que las sociedades y por ende los partidos se desarrollen y fortalezcan.

Aprendamos a sentirnos orgullosos de no pensar todos igual. Rechacemos con vehemencia las lealtades incondicionales. El atrofiado concepto de que quien no está conmigo está contra mí. El sí señor, las adulaciones...

Necesitamos unir al partido y participar en un proyecto más amplio de unidad. No podemos proyectar perfiles intransigentes. No es la hora de candidaturas que se crean dueñas de la verdad, atropellando a todo aquel que osa pensar diferente.

El partido necesita meditar sobre sus problemas de organización, de recursos financieros, de implantación territorial, de unirse con otros, madurar mejor su decisión.

Lo peor que podría pasarnos sería tener que ver el proceso electoral por televisión, sin personería jurídica, votando sin ningún beneficio por otra opción partidaria.

Por eso secundo la moción del departamento de Granada, en cuanto a que se delegue en el Consejo Nacional la selección final del candidato, para que con mejores elementos de juicio podamos tomar la mejor decisión en función de los intereses nacionales y partidarios.

* El autor es directivo nacional del Partido Conservador.  
.


---
   
Otros Artículos

Libertad de expresión y libertad de información

Seguridad y liquidez bancaria

En Letra Pequeña

El discurso que no pude pronunciar

Sobre los suplementos amarillistas