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Elena Poniatowska, ‘La piel del cielo’
Claudia Posadas*
Poniatowska, personaje fundamental en la cultura mexicana, con libros de testimonio y de investigación periodística, como ‘La noche de Tlatelolco’, son una referencia obligada para comprender los hechos de denuncia. También, novelas como ‘Tinísima’ han destacado en la literatura mexicana.
En nuestro país hay un desprecio enorme a la mujer.
Esta semana Elena Poniatowska recibió por teléfono la noticia de ser la ganadora del Premio Alfaguara 2001 de boca del presidente del jurado, Antonio Muñoz Molina. Luego, la periodista y escritora se sometió a una larga serie de preguntas, que volaban desde las delegaciones de Alfaguara en Colombia, Argentina, Chile, El Salvador, Bolivia o Miami, y desde la misma sala atestada de Madrid donde se le proclamó ganadora con la novela ‘La piel del cielo’.
Poniatowska, personaje fundamental en la cultura mexicana, con libros de testimonio y de investigación periodística, como ‘La noche de Tlatelolco’, son una referencia obligada para comprender los hechos de denuncia. También, novelas como ‘Tinísima’ han destacado en la literatura mexicana.
Recientemente publicó ‘Las mil y una… (La herida de Paulina)’, narra el viacrucis que sufrió Paulina, una niña de Mexicali de trece años, quien tras ser violada, tuvo que enfrentar una maternidad impuesta dado que las autoridades de gobierno, y de salud de su Estado, así como los grupos conservadores de derecha, le demoraron y finalmente le negaron su derecho al aborto.
Próximamente, Poniatowska publicará ‘Las siete cabritas’, que cuenta testimonios sobre siete mujeres importantes en el quehacer artístico mexicano; Pita Amor, Rosario Castellanos, Elena Garro, Nellie Campobello, Frida Kahlo, María Izquierdo. También, editará ‘La bugambilia’, sobre la vida y obra de la joven fotógrafa Mariana Yampolsky, y continuará con el siguiente tomo de sus volúmenes de entrevistas.
Los testimonios son fundamentales en su trayectoria. ¿Qué le ha aportado el desarrollar este género?
Me han servido mucho para aprender y documentarme sobre mi país. Me han dado un conocimiento que no tendría; por ejemplo, para escribir sobre desaparecidos políticos he tenido que saber qué es la desaparición política en América Latina, o para escribir sobre los paracaidistas, las tomas de tierras, he estudiado quién fue Zapata; para escribir qué significa ser un opositor de conciencia me he documentado. Todo eso me ha enriquecido.
¿Cómo ha decidido escribir los demás libros?, ¿cómo ha llegado o han llegado a usted?
El de Tlatelolco fue, primero, porque me indignó la toma de la Universidad por el Ejército, y después, por supuesto, la matanza. Luego, sobre ‘Fuerte es el silencio’, me interesó la toma de tierras, la Colonia Rubén Jaramillo que antes pertenecía a un ex gobernador de Morelos que se llamaba Rivera Crespo, y en el caso sobre el terremoto, empecé, como cualquier ciudadano, a repartir agua potable, a traer medicinas, etc. Luego me habló Julio Scherer y me preguntó que por qué estaba haciendo esas cosas en vez de escribir, y lo hice.
¿Cómo construye y organiza estos testimonios?
Sigo mi instinto periodístico para conseguir el material y verlo. Siempre varía. Por ejemplo, en ‘La noche de Tlatelolco’ eliminé las repeticiones, quité y escogí de cada uno lo que más me interesaba. Por ejemplo, Heberto Castillo, quien me dio una larga entrevista, tiene párrafos pequeños aunque después en otro libro utilicé su carta larguísima sobre Tlatelolco y sobre su vida en la cárcel. Siempre varían las investigaciones.
Por ejemplo, ‘Paulina’ incluye estudios sobre el sistema jurídico en Mexicali, sobre la sociedad y el gobierno de esa entidad…
Sí, porque se hizo antes del nacimiento del bebé de Paulina. Yo fui a Mexicali y en el libro hago constancia de las entrevistas que hice, por ejemplo, lo que me respondieron los médicos, cómo se enojaron, las palabras del subprocurador. Hay una investigación de cómo es Mexicali, quiénes viven ahí, cuántos hay, por qué hay tantos chinos y cuál es la posición de la población de chinos allá. Eso le da más vida y más sentido a lo que sucede cerca de la frontera de Estados Unidos.
¿Qué ocurre con el sistema jurídico mexicano sobre este tipo de problemas? ¿Cuáles son sus deficiencias al respecto?
En nuestro país hay un desprecio enorme a la mujer, creo que siempre dicen que si ésta es violada es porque ella se lo buscó: “miren cómo se vistió, que por qué anda sola”, etc. En fin, la mujer tiene todas las prohibiciones y el hombre tiene todas las puertas abiertas. Hay toda una cosa de desprecio y de burla a la mujer que es enorme y que no ha disminuido, y que quizás empieza a disminuir ahora.
Legalmente, ¿qué debería cambiar?
Creo que el gobierno que se responsabilizó de que Paulina tuviera su hijo ahora debería responsabilizarse de la educación y la manutención de Isaac (nombre del hijo de Paulina), ya que se trata de una familia muy pobre y sin recursos; sin embargo, es una familia que da una gran lección de ciudadanía porque ha enseñado a la gente que tiene derechos y que tiene que luchar por éstos, y que cuando no se le cumplen, se rebelan.
¿Entonces, la moral está más allá de la ley y los derechos de los ciudadanos?
Creo que todos los grupos que presionaron para que Paulina no abortara antepusieron a las necesidades de la niña, o a la niña misma, todas sus creencias o su manera de ser o hasta su propia flojera. No la tomaron en cuenta.
En el caso de la familia de Paulina, pensaron que tenían derechos y que por eso les iban a hacer caso. Pues claro que no, porque era mujer, era niña, era pobre. Entonces el desprecio al mexicano humilde es enorme, porque no sólo es el caso de Paulina, hay miles de niñas que no denuncian por miedo o vergüenza, o miles de casos de injusticias.
En cuanto a la niña, ¿cómo la encontró antes y después del libro?
No la he visto después del libro pero sí he visto a sus amigas, a Silvia Reséndiz, del grupo feminista que la apoyó, a Socorro Maya, su abogada, y me dijeron y por lo que he visto, ahora Paulina es una muchacha de enorme fortaleza, es una muchacha que se sabe defender.
Hay una película donde ella se presenta y habla muy bien, muy articuladamente y donde dice que quiere seguir sus estudios y que quiere ser abogada.
Ha crecido y madurado. Oírla hablar es muy impresionante, porque es muy articulada y muy profunda para su edad. Cuando la vi lloraba mucho, estaba más apagada, pero ahora parece que está muy bien.
En general, ¿ha recibido ataques por sus libros, reclamos, amenazas?
Sí, muchos. He recibido muchas cartas de insultos, muchas llamadas telefónicas. Yo me tuve que cambiar de recámara porque mucha gente hablaba en la noche y me decían: “¡pinche vieja, te vamos a matar!”, etc. Pero tengo 47 años siendo periodista, así que ya estoy curada de espanto. Claro que sí me asusta, hay mucha gente que no me quiere, que me dicen que soy una espía rusa, una roja. Pero esto es raro porque provengo de un medio de esos que se sienten la divina garza.
¿Los grupos conservadores no la han atacado?
Sí, el procurador o subprocurador de allá, creo que se llama Astorga Othón, dijo que si yo me sentía tan altruista, que le diera a Paulina todas las regalías del libro, que si tanto me preocupaba, ¿por qué yo no mantenía al hijo de Paulina? Hay mucha malevolencia siempre, pero los periodistas estamos acostumbrados a ello. A mí lo que más me molesta son las llamadas en la noche porque despiertas con miedo, porque piensa uno que algo pasó. Pero ya no duermo en esa recámara, yo misma me parapeté.
¿Cuáles son sus enseñanzas en el periodismo en un nivel humano? ¿Sigue teniendo contacto con la gente que ha ayudado?
A mí me han dado mucha esperanza, porque en general es gente muy valiente, mucho más que uno, que se rehace y que enfrenta los problemas. Para mí eso es muy admirable. La gente que a pesar de todo quiere salir adelante, siempre me ha llamado mucho la atención. Siempre me ha atrapado ese tipo de gente. Y bueno, el contacto sigue a lo largo de toda la vida. Por ejemplo, con los líderes del 68, con Evangelina Corona, la líder costurera, con la gente en general, que luego tienen problemas y viene a la casa. Y siempre me da gusto porque veo que nadie ha traicionado sus convicciones.
¿Hay un proyecto mayor que sea sólo literatura o también dará cuenta del testimonio?
Tengo varias novelas pendientes. Por ejemplo, tengo una sobre el líder ferrocarrilero Demetrio Vallejo. Tiene mucho que ver con la realidad, fui a la cárcel, entrevisté a Demetrio, hice investigación, y también entrevisté a personas que estaban al lado suyo. Entonces, tengo que retomar todo eso.
El problema es que cualquier cosa que haga siempre van a decir que es periodismo, investigación o realidad, pero tengo muchas novelas que no son realidad, por ejemplo, ‘Paseo de la Reforma’, ‘La flor de lis’, y en la propia ‘Tinísima’ hay mucho de investigación y mucho de ficción.
A mí me dicen tanto que soy periodista que a veces pienso, “bueno, a lo mejor nunca voy a poder escribir o nunca voy a poder escribir 10 líneas de ficción puesto que se me niega esa posibilidad”. Digo que no, pero estoy muy marcada, es casi como estar fichada. Siempre me piden que haga lo mismo. Y al rato sucede otra cosa y ahí estoy yo, haciendo la investigación y escribiendo el libro.
*Artgos, México |
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