ESCRIBANOS
EDICIONES ANTERIORES
LA PRENSA
OTROS SUPLEMENTOS
SUPLEMENTO SEMANAL DEL DIARIO LA PRENSA / SáBADO 10 DE MARZO DE 2001
PORTADA
CUENTO NICARAGÜENSE
POESIA NICARAGÜENSE
LEXICOGRAFIA
KINO-BIO-CINE
ENSAYOS

Pintura
Acuarelas nicaragüenses

Foto  
Donati Bisio

Hace 30 años atrás, durante la semana que dediqué a visitar El Louvre (museo famoso de París), por casualidad miré a un joven estudiante japonés que se preparaba a dar el toque final a una bonita copia de la Mona Lisa de Leonardo DA VINCI. En esa época ya pintaba al óleo.

Este episodio me dio mucha curiosidad y pensé: “¿pero cómo es posible una copia tan linda de una obra del más grande artista del pasado?”. Después conocí la acuarela. Por una parte, vi una respuesta, considerando la abismal diferencia de ejecución: Con el óleo es posible midiendo la cantidad de diferentes pigmentos, obtener tonos. Es sólo un problema de mezclas y de técnicas.

Después de esto, varios resultados pueden ser obtenidos con muchas tentativas. No es así con la acuarela. El tono se obtiene según la cantidad de agua que el cepillo absorbe, y es imposible obtener el mismo color. El estudiante japonés puede hacer todas las copias al óleo que le gusten pero no una copia acuarela.

Obviamente será siempre diferente. El carácter inmediato y el resultado final provienen del alma; el brazo del pintor es sólo un instrumento, que pinta el alma. Los tonos calientes y fríos, los medios tonos y el gris, la profundidad, el verde, la luz, la sombra, las transparencias, todo esto es siempre diferente. El destino irónicamente me llevó a vivir a un país donde la gente no conoce todo esto.

Bueno, Nicaragua, aquí está mi exposición, vine a demostrar lo que se puede hacer con esta técnica. He visitado museos de toda Europa, he mirado acuarelas de muchos maestros ingleses como Tunner y Constable, maestros italianos como Brignole, Raimandi, Ahjez, obras de los años 1700, 1800 y 1900. Alguien me ha dicho que en Nicaragua las acuarelas se deterioran. Ridículo, los componentes de la acuarela son naturales como el agua, el color permanece inalterable durante años, al contrario del óleo.

El único deterioro puede venir del papel si se pone en un lugar húmedo. La llaman la técnica del Diablo. Es absurdo, el Diablo nada tiene que ver, es un espejo del alma. Mirando una acuarela es como leer un libro, quien tiene sensibilidad puede encontrar el verdadero rostro del artista. Sólo Dios pudo haber creado esta técnica.

---
Con Hoffmann en Nueva York


Acuarelas nicaragüenses


Elena Poniatowska, ‘La piel del cielo’


Genio y figura de Carlos Martínez Rivas


Galáctico