Controversia: Temor e incertidumbre
Nicaragua necesita una tercera vía
 | El escenario político de Nicaragua sigue dominado por la polarización. Los ciudadanos van a votar en noviembre próximo bajo los signos del miedo a regresar al pasado y la incertidumbre del futuro inmediato. Pero también hay quienes abogan por una tercera vía que supuestamente despolitizaría la decisión electoral |
|
Wilfredo Montalván
Históricamente nuestra Patria siempre ha estado oscilando entre dos fuerzas que siempre han culminado por fundirse en función de los intereses de las cúpulas partidarias. Antes lo fueron liberales y conservadores y ahora lo son liberales y sandinistas. Los resultados están a la vista, a pesar de las riquezas naturales con que el Creador dotó a nuestro país, somos una de las naciones más pobres del continente. Un periodista sueco me decía recientemente que los nicaragüenses somos “mendigos sentados en un trono de oro”. Nuestra falta de cultura política, nuestra falta de respeto por las instituciones y nuestra falta de amor patrio, han convertido a nuestro pueblo en una manada de siervos dispuestos a seguir a caudillos incapaces y corruptos, cuya única misión parece haber sido alcanzar el poder para desde ahí enriquecerse junto con sus allegados.
Durante el gobierno de transición de doña Violeta Barrios de Chamorro, los nicaragüenses sentimos que, como el niño que empieza a andar, íbamos dando pasitos en pos de la democracia. Se comenzó con la Reconciliación Nacional que era tarea impostergable, pues como todos sabemos, estábamos saliendo de una cruenta guerra que había emponzoñado los corazones de casi la totalidad de los nicaragüenses. Luego se trató de impulsar, a pesar de la resistencia de los gobernantes, la independencia de los poderes del Estado. Esto se logró en parte. Se procuró la profesionalización del Ejército y la Policía, tratando de romper el tradicional binomio de Estado-Partido. En eso también se avanzó bastante. Y finalmente se logró cambiar, de una economía estatizada a una economía de libre mercado. También hubo corruptos pero no en la proporción escandalosa que los vemos ahora.
Todos los pasos que se dieron en el gobierno de doña Violeta, unos lentos otros más acelerados, nos dieron la sensación a los nicaragüenses de que si bien no nos encontrábamos en un lecho de rosas, por lo menos teníamos la esperanza de que nuestra situación mejoraría. Se estaba caminando en la dirección correcta y nos alentaba la perspectiva de que al final del túnel todos encontraríamos la luz salvadora de nuestros problemas. Así soportamos con extraordinario estoicismo las duras medidas de ajuste estructural que nos imponía el Sistema Financiero Internacional y esperamos pacientemente a que pasara la vorágine que nos amenazaba. Sabíamos que la transición era harto difícil y que ésta se prolongaría más allá del mandato de doña Violeta. Lo importante es que la tempestad había amainado y un nuevo demócrata asumiría la conducción del barco que ¡al fin! nos llevaría a puerto seguro. Doña Violeta se fue a su casa solariega, sin mayores riquezas que las que siempre había tenido y con paz serena esperamos la alborada del nuevo día.
Hoy vivimos, a pesar de que es innegable que ha habido obras de progreso producto de la abundante ayuda externa que este gobierno ha recibido, la que ha sido administrada por organismos internacionales bajo la sensación de que nuestro proceso democrático no sólo se ha estancado sino que ha dado marcha atrás. Son muchos los errores que el presidente Alemán ha cometido en su administración pero los principales, desde nuestro punto de vista, son éstos: el primer error del Dr. Arnoldo Alemán al asumir la Presidencia de la República fue que no supo estar a la altura de las circunstancias. La campaña electoral había pasado y él siguió, hasta el día de hoy, como si siempre estuviera en campaña electoral. En vez de enarbolar la bandera azul y blanco, que le correspondía, por haber sido elegido por el voto mayoritario de los nicaragüenses, se erigió en jefe de partido y puso en el más alto pedestal de la República a su bandera “roja y sin mancha”. El estadista que debió ser se reveló como faccioso jefe de partido. El segundo error del Dr. Alemán fue querer hacer uso del poder que el pueblo le había confiado, para enriquecerse él y sus allegados. El tercer error fue pactar con el FSLN, no en función del interés nacional, que todos lo hubiéramos aplaudido, sino con fines utilitaristas, en forma tal que más se asemeja al modus operandi de las pandillas. Toda la institucionalidad democrática, que a duras penas se había comenzado a levantar, cayó estrepitosamente al suelo y sus consecuencias penden aún como espada de Damocles sobre la cabeza de los nicaragüenses. Probablemente la ventaja de doña Violeta fue no tener partido.
Ha llegado la hora de desmontar el Pacto Alemán-Ortega. No es historia pasada, como dicen algunos. Ahí está presente en la Contraloría, en la Corte Suprema de Justicia, en la Asamblea Nacional, en el Consejo Supremo Electoral, en fin, en todas las instituciones del Estado. Y eso no pueden hacerlo ni los liberales del PLC ni los sandinistas del FSLN. Ellos son los que engendraron el monstruo y no van a cometer el delito de parricidio. Es necesario una Tercera Vía que logre aglutinar ese 48 por ciento de abstencionismo en las pasadas elecciones municipales, lo que sumado al 15 por ciento de que ya dispone el Partido Conservador, podría dar la oportunidad que el pueblo está esperando para acabar con esa forma anti-pueblo de hacer gobierno, en el que una minoría de privilegiados del PLC y del FSLN, han convertido a Nicaragua en una sentina. Debemos reemprender el camino que nos lleve a una verdadera democracia para tranquilidad y sosiego de la presente y de la futura generaciones de nicaragüenses.
*El autor es dirigente socialdemócrata.
Controversia: Democracia vs totalitarismo 
|