Controversia: Temor e incertidumbre
Democracia vs totalitarismo
Silvio Campos Meléndez*
Durante el decenio 1979-90 se escribió mucho sobre la pérdida de libertades que Nicaragua y el pueblo en general sufrió bajo el régimen totalitario impuesto por el FSLN, o más propiamente dicho por la Dirección Nacional de esa agrupación que desde su aparición en la escena nacional se identificó como “clandestina y político-militar”.
El tiempo ha dado con creces la razón de todos cuantos dijeron que el asesinato del Mártir de las Libertades Públicas, Dr. Pedro Joaquín Chamorro, sirvió para aglutinar a todas las fuerzas democráticas del país contra la prolongada administración de la familia Somoza. Dicho de otra forma la sangre del director mártir de LA PRENSA significó el verdadero detonante que convenció a la mayoría de los nicaragüenses para poner fin al régimen que había surgido desde 1937.
Dos libros nos sirven ahora como intachables puntos de referencia para confirmar el totalitarismo a cuya cabeza se pusieron los hermanos Humberto y Daniel Ortega Saavedra. El primero lo suscribe el señor Ingeniero Jaime Chamorro Cardenal y se titula “Frente a dos dictaduras”. La reconocida honestidad personal, profesional y ciudadana del Ing. Chamorro garantiza la total veracidad de su obra, ajustada línea tras línea a una indiscutible veracidad.
El otro libro fue escrito por el señor Roberto Cardenal y se titula “Lo que se quiso ocultar”. Don Roberto (q.e.p.d.) heredó en su obra un testimonio irrefutable de aquella década en que todas las libertades fueron conculcadas, siendo las libertades de Prensa y Expresión unas de las más duramente golpeadas. Simplemente se liquidó ese derecho legítimo de los pueblos que se identifica con el conocido dicho del derecho de los periodistas a informar y del pueblo a ser informado veraz y oportunamente.
Constituida en la institución consagrada por excelencia a defender ese derecho LA PRENSA encabezó en el ámbito periodístico la más vigorosa, decisiva y valiente batalla. En consecuencia padeció inenarrables atropellos que se prolongaron prácticamente durante existió el efeselenismo hasta su derrota electoral en 1990.
No fue extraño que la viuda del periodista mártir fuese electa para la Presidencia de la República en el proceso electoral de los años 90. Durante su administración, tal como no podía ser de otra manera, se inició el proceso democrático que ahora está cumpliendo once años.
Desde bastantes meses antes del día en que el pueblo derrotó en las urnas a los efeselenistas, el nombre de doña Violeta empezó a dejarse oír como la persona ideal para ejercer el primer gobierno democrático que tendríamos en el país después del terror de la década calificada por Su Santidad Juan Pablo II como “la noche oscura” de Nicaragua.
Conjuntamente surgió también, con anterioridad al proceso, el nombre del Ingeniero Enrique Bolaños Geyer, pensamos que en reconocimiento a su vigoroso ejercicio en defensa de la libertad de comercio ejecutado desde la presidencia del Consejo Superior de la Empresa Privada (COSEP).
Se recordará que la respuesta frentista a toda crítica era la cárcel, el destierro o la muerte como había de ocurrir en la persona del Ingeniero Salazar. A la cárcel fue llevado por varios meses el también Ingeniero Enrique Dreyfus, que antecedió a don Enrique en la dirigencia de los empresarios organizados.
Nominada doña Violeta por la Unión Nacional Opositora en septiembre de 1989, don Enrique aceptó democráticamente el veredicto de los integrantes de esa fusión de los partidos democráticos. Y en ningún momento se conoció que hubiera tratado de debilitar la candidatura de la señora Barrios de Chamorro.
La referencia es traída al recuerdo porque es bien sabido que uno o dos señores políticos presentes están tratando de socavar la candidatura del señor Bolaños, en una como amenaza postulatoria de doña Violeta, la que hasta el presente ha dicho en repetidas ocasiones que ella ya cumplió su misión en el escenario político nicaragüense. Con su negativa se entiende que ella no admite la posibilidad de que se trunque la democracia que ella misma promovió. Una actitud que merece toco el reconocimiento ciudadano, y que acrecienta su figuración en la historia del país.
Al escoger al Ingeniero Bolaños Geyer como candidato a la Presidencia de la República en las venideras elecciones de noviembre, consideramos que el Partido Liberal Constitucionalista ha tenido un acierto. De esa selección puede deducirse fácilmente que el proceso democrático no sufrirá o no caerá en el peligroso abismo que significa un retroceso a los tristes días de la década 79-90.
Este 2001 Nicaragua está convocada a algo más que a la disputa normal que se da en toda elección. Nos jugamos por la democracia o el totalitarismo, el mismo que describen don Jaime y don Roberto en los libros citados anteriormente.
Allá por los años inmediatamente anteriores a 1979 no faltaron miles de voces que decían que era necesario acabar con Somoza, que eran preferibles los muchachos en la conducción del país. Esos muchachos fueron una sofisticada dictadura copiada del leninismo–estalinismo que en 1917 se impuso al pueblo ruso. Y que, tanto como sus imitadores de aquí, fracasó rotundamente en toda la Europa Oriental.
Si se reflexiona sobre las trascendencia e importancia del proceso electoral 2001 en nuestro país, se arriba a la conclusión a que me refiero: o se mantiene la democracia, incipiente ciertamente que estamos tratando de consolidar o se retorna al terrorismo de Estado del 79. Pienso que no hay otra alternativa. Y pienso también que así lo deben entender todos los demócratas nicaragüenses que sin duda somos la mayoría.
*El autor es abogado.
Controversia: Acerca de la estrategia del FSLN 
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