Lectura Dominical
Tú eres mi Dios y en Ti confío
Pbro. Silvio Fonseca Martínez
El Espíritu llevó a Jesús al desierto. Y era tentado.
Lectura del Santo Evangelio según San Lucas 4, 1-13.
En aquel tiempo, Jesús regresó del Jordán lleno del Espíritu Santo. El Espíritu lo condujo al desierto, donde el diablo lo puso a prueba durante cuarenta días. En todos esos días no comió nada, y al final sintió hambre. Entonces el diablo le dijo: “Si eres hijo de Dios, di a esta piedra que se convierta en pan”. Jesús le contestó: “Está escrito: no sólo de pan vive el hombre”.
Después lo llevó el diablo a un lugar elevado y le mostró, en un instante, todos los reinos de la tierra; y le dijo: “te daré todo el poder de estos reinos y su gloria, porque a mí me lo han dado y a quien yo quiera se lo puedo dar. Si te postras ante mí, todo será tuyo”. Jesús le respondió: “Está escrito: adorarás al Señor tu Dios, y sólo a Él darás culto”.
Entonces lo llevó a Jerusalén, lo puso en la parte más alta del templo y le dijo: “Si eres Hijo de Dios, tírate desde aquí; porque está escrito: dará órdenes a sus ángeles para que te protejan; te llevarán en brazos y tu pie no tropezará en piedra alguna”. Pero Jesús le respondió: “Está dicho: no tentarás al Señor tu Dios”.
Cuando terminó de poner a prueba a Jesús, el diablo se alejó de él hasta el momento oportuno.
Palabra del Señor.
Lecturas Bíblicas: Deuteronomio 26, 4-10/Romanos 10, 8-13/San Lucas 4, 1-13.
Ya hemos iniciado la cuaresma el miércoles pasado; un tiempo privilegiado que nos invita con una fuerza misteriosa a la conversión y al deseo de vivir diferentes, en gracia de Dios para celebrar jubilosos la Pascua de Cristo, fiesta de nuestra liberación y santificación. Como de costumbre también los católicos viviremos las grandes etapas de la historia de nuestra salvación desde sus orígenes, como lo constataremos en la primera lectura de cada domingo; esta vez por ejemplo el Deuteronomio nos trae el credo primitivo que recuerda la liberación de los israelitas en Egipto; San Pablo nos habla en la segunda lectura de la salvación de Jesús que trae a todo el género humano y el evangelio de Lucas nos relata las tentaciones de Jesús al inicio de su ministerio público.
Desearía centrar mi reflexión acerca de las tres tentaciones que aparecen en el evangelio: la primera es sobre el hambre de Jesús. Es normal que después de cuarenta días cualquier humano tiene hambre; en este caso el tentador pone a prueba su Divinidad. No cabría duda que una persona haría cualquier cosa para satisfacer su hambre. Para el cristianismo el hambre no es sólo un asunto de fe sino una cuestión social que afecta a todos; es un drama que se vive todos los días expresado en mendigos, niños en los semáforos etc. Y es una interpelación que se le hace con frecuencia a los creyentes: “Si Dios existe, ¿por qué permite el hambre?, expresan algunos; es la tentación al cristiano que se le exige la demostración de un Dios tangible y poderoso que no permite esa hambruna; es la condición para creer en el Dios de los cristianos.
En la oración diaria del Padre Nuestro, el cristiano desde su fe pide a Dios “el pan de cada día” y así experimenta su providencia; de esta manera contrasta con la posición anterior. El humilde y sencillo ve el milagro del Creador. Aquí cabe la afirmación de San Pablo que hoy leímos en la segunda lectura: “ninguno que crea en Él quedará defraudado” (Rom. 10, 11).
La segunda tentación sobre el poder serviría de gran manera para los tiempos actuales en nuestro país; la tentación es la misma: “si tú votas por mí te daré dinero y poder; basta que te arrodilles” adornado con falsas promesas de acabar el hambre y la pobreza, como lo meditaba en la tentación anterior, nos encontramos aquí con una de las seducciones permanentes del hombre. El cristiano aunque no puede ni debe evadir esta necesaria realidad terrena, no se deja llevar por esos criterios, porque al final todo es pasajero y los Mesías político-liberadores resultaron ser unos demagogos y mentirosos.
La tercera tentación concierne a la fe: si crees demuéstralo con hechos espectaculares; esto fue lo que el diablo le propuso a Jesús, ser el hazmerreír de los demás, algo así como un mago o dramaturgo. ¡No! La fe es creer en aquello que no se ve pero que existe; es abandonarnos ciegamente a la voluntad de Dios y esperarlo todo de Él.
Termino con el Salmo que hoy recitamos: tú eres mi Dios y en ti confío. Esta debe ser nuestra convicción cuando llegue a nuestra mente el deseo de ceder a las tentaciones, cuando nos sintamos débiles en nuestra fe, el Señor no nos dejará solos. 
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