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DOMINGO 4 DE MARZO DEL 2001 / EDICION No. 22300 / ACTUALIZADA 1:30 a.m.

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Religión y Fe
Ministerio da esperanza a matrimonios

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.“No sabía cómo educar a mis hijos ni cómo tratar a mi esposa y aunque sí les amaba, nunca tenía tiempo para ellos”

Esteban Silva y su esposa, doña Jamilet.

 

Rosario Mendoza Corea
rosario.mendoza.@laprensa.com.ni

Esteban Silva reconoce que su vida iba como un barco que navega a la deriva sin tener un puerto seguro, sin destino, porque cuando uno camina sin Dios, eso sucede.

Doña Jamileth, su esposa, comenzó su matrimonio sin saber hacer nada y eso causaba contrariedades y además, sus problemas, por leves que fueran, los trasmitía a su familia en lugar de buscar solución con su marido y en fin, no estaba preparada para esa relación que comenzaron siendo casi adolescentes.

Pero todo lo vivido tenía una razón de ser porque hoy son los directores nacionales del Ministerio de Matrimonios Para Toda la Vida, institución que atiende matrimonios en conflictos.


SIETE CIUDADES

Dicho Ministerio nació con el propósito de restaurar los matrimonios y todas las parejas restauradas son capacitadas para multiplicar el beneficio en el país.

Actualmente trabajan en Bluefields, Puerto Cabezas, Ometepe, Jinotega, Posoltega, Matagalpa, Managua y según las fuentes, existe la posibilidad de llegar a León.


JÓVENES E INEXPERTOS

Esteban y su esposa se casaron a los 18 años, él ya tenía el vicio del licor. Con la inexperiencia de los jóvenes, comenzaron a procrear hijos sin bases sólidas, sin conocimiento de la vida.

Afirma su esposa que ella pasó muchos años en la casa de sus padres porque él no se responsabilizaba de la familia. “Yo también fui responsable de la situación porque no sabía cocinar, ni lavar, no estaba preparada para el matrimonio. En el más mínimo problema me iba donde mis padres y eso también me perjudicó. El se fue a Cuba pero vino peor y si antes bebía tres días, después lo hacía diario y aceleró su proceso de alcoholismo. No había violencia pero siempre estaba sola, sólo llegaba a comer y a dormir, yo me sentía muy sola, él era indiferente ante la conducción de los hijos. Sentía nostalgia cuando miraba a las parejas con sus hijos, estaba desesperada y un día me fui a la iglesia”, cuenta.

El mayor problema fue cuando él me dejó con los cuatro hijos y tuve que buscar cómo trabajar turnos dobles en el magisterio. La relación entre él y mi hijo mayor era muy difícil porque el menor era muy rebelde y a consecuencia del alcoholismo, Esteban no se había ganado el respeto de ellos.

Esteban cuenta que rechazaba a su hijo por más cosas buenas que éste hiciera. Nunca le aplaudía sus notas buenas y “decía que lo menos que podían hacer mis hijos era ser buenos alumnos sin tomar en cuenta sus sentimientos”.


UNA ESPERANZA

Con todas esas vivencias, la pareja sentía al principio de su ministerio, que no eran los indicados para atenderlo porque volvían a ver hacia atrás y “no teníamos nada edificante para enseñar”.

En eso nos llegó un manual “El plan de Dios para el Matrimonio” y cuando lo leí me di cuenta que estaba muy lejos de lo que debía ser el matrimonio; pedí perdón a mi esposa, a mis hijos porque lo que había hecho como cabeza de familia era un desastre”, cuenta Esteban.

Este Ministerio que está en 84 países trabaja con todas las iglesias de todas las denominaciones, con el fin de mejorar la relación matrimonial y familiar. Hay muchas parejas interesadas en ser atendidas.

Los matrimonios interesados pueden llamar al número 266-8460.


HABIA PARA BEBER, PERO NO PARA COMER

Don Esteban recuerda que él siempre comparaba los gastos de su casa con lo que podía comprar en licor.

“Una vez mi familia sólo estaba tomando café y eso no era el desayuno acostumbrado, y me remordió la conciencia porque la noche anterior había pagado más de un mil córdobas de licor en una pulpería. En otra ocasión me fui a la venta y me negaron el abastecimiento para mi familia. Ahí sólo me facilitaban licor”.

El hecho de ser casi un ingeniero le permitía dar clases particulares y los alumnos le pagaban muy bien y hasta le solucionaban las deudas de licor y le llevaban six packs de cerveza.


EL VICIO DE LA VIDA

Llegó un momento en que después de estar tomando tres semanas seguidas, dije: Señor Jesús, si Tú existes, voy a plantearte dos cosas: o me quitas la vida o me quitas el vicio, porque ya no aguanto esta situación. Y prefirió dejarme la vida”. Pero para poder llegar a ese momento culminante en su vida, Esteban tuvo que tomarse casi la mitad del licor del país en los 14 años que duró su enfermedad, según afirma el propio ex adicto.  
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