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Sueño de una noche de invierno
Héctor Avellán
Despierto y sobre mi pecho abierto y vacío una rana palpita. Con asco y superstición la echo de mí. Ella salta hacia otro charco que no es mi pecho. Y luego hacia la tina roja de plástico que antes de dormir coloqué bajo la gotera. Allí queda atrapada, intenta asirse de las paredes de la tina sin poder salir. Estira sus ancas y se impulsa como un pequeño y verde músculo cardíaco.
Yo cierro mi pecho y me vuelvo a dormir. |
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