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Música
La incompleta de Schubert
Joaquín Absalón Pastora
A los melómanos les inquieta la reiteración con que es analizado el contenido de la inconclusa de Franz Schubert. Dos son los movimientos fundamentales.
La erudición musicológica de la época prefirió el término anotado porque la obra alteró los indicadores clásicos cifrados en los cuatro movimientos esenciales. Y es ese incumplimiento erguido en la ortodoxia el que accidenta la urdimbre de su estructura formal y no de fondo.
El prodigio está en que el allegro y el andante reúnen todas las cualidades para declararla totalmente realizada y darle la estatura de sinfonía magistral.
Oyendo la pequeña parte de Sckerzo nos enteramos de la inconclusión porque el tercer movimiento no pudo ser terminado. Las razones por las cuales esto ocurrió siguen siendo motivo de especulación. Es como escribir un poema estupendamente trazado y dejarlo en la mitad del camino, pero el poeta lo declara oficialmente creado.
Al oír la “incompleta” estimulada por las caricias sincopadas se intuyen perspectivas de tipo personal atribuidas al libertinaje de la imaginación del diletante en su posición de pescante de las notas.
Al penetrar en el “andante” se descubre la convergencia de los sellos, de los contrabajos y los primeros temas del oboe y del clarinete tan tímidos y pausados en la descripción de la nubosidad epocal, del viaje poético y acompasado del tropel en el cielo a un ritmo parsimonioso y deshilado en su tristeza. Posiblemente fue en alba que la hizo, siendo las nubes musas del mensaje.
Cuando toma cuerpo el fondo pastoso de los violines en semicorcheas mancomunadas con los esfuerzos del desarrollo, se piensa en el desenlace. Es cuando se enciende gradualmente la luz hasta inundar el ambiente.
A ese final aspiraba el compositor asido a los sentimientos.
El segundo tema es un “landler” en los violoncellos. Generaliza el ambiente y ya en su escenario profundamente melódico y compasivo, suelta su abrigo la sinfonía en sesión plenaria. No aparece el leve soliloquio, el dúo o el trío mostrado muy a menudo en los concertinos. En este segundo tema la participación es total. Ninguno de los ejecutantes aborda el mutis debido a la solidaridad sincopada la cual desembocando en el andante con moto nos sitúa en el paraxosismo, en el orgasmo de la tragedia. Ahí es donde paradójicamente termina la inconclusa. No se debe pedir nada más.
Los dos primeros movimientos fueron limpiamente concebidos. El compositor dedujo que resultaban innecesarios los restantes dos para redondear la imagen de una sinfonía definitiva.
Robert Schuman explica que siempre lució legítimo el orgullo de haberla compuesto, aunque no le haya dado la ansiada “celestial duración”. |
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