El Cardenal Obando, chontaleño universal
León Núñez
Desde que abandoné para siempre la vida política partidaria, en la que nunca debí haber participado, pues yo jamás he servido para esas cosas, algunos amigos de Chontales me han estado visitando los fines de semana en mi casa de Acoyapa en busca de asesoramiento político. Yo todavía desconozco la razón por la cual ellos creen que yo puedo darles fructíferos consejos.
Muchos de los amigos chontaleños que me visitan quieren ocupar en Managua cargos públicos importantes y me piden que les recomiende lo que deben hacer para conseguirlos. A mí lo único que se me ocurre recomendarles es que vayan a visitar a nuestro paisano el Cardenal Miguel Obando y Bravo y que le digan el cargo al que aspiran; que le pidan su ayuda.
Hace dos meses me visitó uno de esos amigos y me manifestó que ya estaba llegando a viejo; que empezaba a sentirse cansado de trabajar y que quería retirarse de diputado; que un descanso de cinco años en la Asamblea Nacional no le vendría mal. Yo le aconsejé, repito, lo que siempre aconsejo; que fuera a visitar al Cardenal Obando.
Sin embargo, yo no sé por qué los amigos que me piden asesoramiento no siguen mi consejo. Yo les insisto en que vayan a visitar al Cardenal Obando; que se trata de un hombre accesible, humilde y sencillo, como somos los chontaleños; que goza de una enorme influencia dentro de las fuerzas políticas del país, principalmente dentro del liberalismo, y que en el itinerario de la vida nacional la visita a Su Eminencia no es obligatoria, pero es políticamente saludable.
Debo aclarar que la influencia del Cardenal Obando no tiene nada que ver con la consideración de si en la cúpula del liberalismo prevalece o no prevalece una concepción teocrática de la política o una concepción tropicalizada del pensamiento aristotélico-tomista. La influencia de Su Eminencia se debe a su enorme personalidad espiritual, personalidad que viene a representar algo así como la reserva moral del pueblo nicaragüense.
Para demostrarle concretamente a mis amigos la influencia de Su Eminencia –la importancia de que lo visiten– yo les suelo expresar que no son pocos los nicaragüenses que debido a él fueron o son ministros de Estado, embajadores, diputados, magistrados etc.; que la influencia del Cardenal Obando fue decisiva para que eligieran Magistrado del Consejo Supremo Electoral a don Roberto Rivas, influencia que fue determinante para que la Iglesia Católica, la Iglesia jerárquica –en aras de la pureza de la actividad electoral– pudiera desempatar, destrabar, los empates que se produjeran entre los tres delegados de don Daniel y los tres delegados de don Arnoldo.
Es más, les he dicho a mis coterráneos, a manera de ejemplo, que la influencia de Su Eminencia es tan indudable y tan efectiva al más alto nivel –es camañeca de don Arnoldo– que como consecuencia de su gran preocupación porque se fiscalizare bien el manejo de los recursos económicos del Estado hasta logró que el competentísimo y distinguido Licenciado don Juan Gutiérrez fuera electo por la Asamblea Nacional miembro propietario del Consejo Superior de la Contraloría General de la República.
Una vez que les pruebo inobjetablemente a mis amigos de Chontales la influencia de Su Eminencia, yo insisto ante ellos en que deben visitar al Cardenal Obando, no solamente para pedirle las consabidas como eficaces recomendaciones políticas sino también para pedirle que ayude al progreso de Chontales, sumido ahora en una pobreza nunca vista.
Los chontaleños tenemos la suerte de contar en estos momentos con un Cardenal, con un príncipe de la Iglesia Católica, y los que tienen interés en ascender en la escala del poder no deben dejar pasar la oportunidad de pedirle ayuda. También no deben desperdiciar la oportunidad de beneficiarse de sus oraciones y de sus bendiciones.
Su Eminencia es un chontaleño universal que no desatiende a nadie, menos a los chontaleños, sean chontaleños de izquierda, chontaleños de derecha, chontaleños de centro, chontaleños de centroizquierda o chontaleños de centroderecha. Él atiende a todos los chontaleños por igual. Yo persisto en mi consejo: hay que acercarse a Su Eminencia Reverendísima el Cardenal Miguel Obando y Bravo.
* El autor es escritor y abogado. 
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