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JUEVES 28 DE JUNIO DEL 2001 / EDICION No. 22413 / ACTUALIZADA 11:00 pm

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Principio civil

Rafael A. Úbeda MD
raur@aol.com

Con respecto al artículo de Eduardo Enríquez (“Leyes de plastilina”) publicado el sábado 23 de junio, el hecho de ser nicaragüense no se lleva en el bolsillo, en un papel o en el escritorio de los archivos de quien quiera decirme cómo voto.

Se lleva en el deseo de progresar, de hacer salir adelante a Nicaragua, de ser educados, instruidos, de otorgar trabajo y de [ser] personas deseosas de trabajar y no de robar, de tener políticas nacionales de integridad de la nación, de no dejar que vecinos hagan tratados con otros países sin la propia defensa, con la excusa de que: El otro gobierno que solucione esa situación. Los políticos son un problema nacional, no identifican cómo sacar adelante a Nicaragua sino cómo salir adelante ellos.

Es inconcebible leer en los periódicos de Nicaragua sobre fraudes, checazos, malos manejos de bancos, etc.

Sobre los gobiernos anteriores ya ha caído mucha tinta y seguirá cayendo; pero sería una ceguera histórica si la gente que quiere sacar adelante a Nicaragua dejara por egoísmo que cayera otro ciclo de estancamiento político, económico y moral en nuestro país volviendo a gobiernos oscurantistas de abolición de derechos civiles.

Ser nicaragüense es no ser parte de reformas de políticos que hacen las leyes sólo cuando les benefician. No hay ninguna ley que pueda quitarle a un ciudadano la nacionalidad nicaragüense que le dieron su madre y su padre por un pacto absurdo entre bancadas de politiqueros.  
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