Correo
Portada Impresa
    La Prensa    
Archivo
Busqueda
MARTES 26 DE JUNIO DEL 2001 / EDICION No. 22411 / ACTUALIZADA 03:15 am

PORTADA
POLITICA
ECONOMIA
NACIONALES
REGIONALES
EDITORIAL
DEPORTES
SUCESOS
EL MUNDO
OPINION
REVISTA
SUPLEMENTOS
OBITUARIOS
CARTAS AL DIRECTOR

CLASIFICADOS
SUSCRÍBASE


   
El encanto de la política

Mario Ruiz Castillo

Sin lugar a dudas la política cautiva y tiene una atracción irresistible, se vive de o para la política: no existen términos medios. Poder servir a la comunidad en que vivimos es un ideal que nos lleva a los sacrificios más grandes, privaciones económicas, sociales y familiares, no es extraño por ende que el político al final de su carrera termina solo, olvidado y pobre.

Lidiar en la política es una profesión y un arte; mas no es cierto lo que decía aquel gran filósofo, que deberían gobernar los sabios. La política y la ciencia, no van juntas, al contrario, se rechazan y son contradictorias; aunque la política se sirva de la ciencia y ésta sea sometida y utilizada al arbitrio de la política.

No existe por lo tanto nada más inconsecuente, que un científico que quiera jugar a la política o que un político se inmiscuya en la ciencia, desbarajuste total.

La política requiere de una habilidad y tacto, que no todos poseemos. Los políticos sortean las crisis y los conflictos, como un barco las olas del mar, se acomodan a ellas, luchan contra ellas y vencen o perecen. Como en “La Granja de los Animales” de Orwell, el político llega a un momento determinado en que se parece cada vez más a su enemigo.

Aquello contra lo que luchaba y por lo que expuso vida y hacienda, resulta que era bueno y lo que catalogaba de vicio, hoy es el mayor deleite. El político es tan hábil, que nos hace creer que es religioso, ateo, trabajador, que lucha por una causa y al otro día pregona por una causa opuesta tal vez contradictoria y nos persuade que está en lo cierto. Los defectos de una persona normal, aparecen como virtudes en el político, después de todo la moral no es más que la coincidencia con el entorno y como me relataron un día lo que dijo un político brasileño, al preguntar en un pequeño poblado al hijo de un antiguo líder de la comunidad, cómo estaba su padre y responderle éste que su padre había muerto hace ya cinco años, con la calma e insensibilidad más inimaginable, sin admitir su metida de pata, el político le dijo: “Hijo ingrato, dices que tu padre está muerto, lo estará para ti, para mí no ha muerto, porque vive en mi pensamiento y mi corazón”; ese es un político y nos demuestra el amor del político por el pueblo.

La política tiene su hechizo, su magia, envuelve desvelos y servicio; sin embargo, inexplicablemente, hay muchas personas que quieren ser políticos; desean sacrificarse por su pueblo, servir sin preguntar qué le puede dar su país, sino los aportes que ellos proporcionarán, el yo queda atrás, el figureo, todo por la Patria. El político promete hacer un puente en un pueblo y si le dicen que no hay en dónde hacer el puente y pretenden sacarle del error, entonces sencillamente dice que también hará el río para hacer el puente, en otras palabras el político siempre cumple, persistentemente encuentra quien lo halague y vive y muere pensando en su pueblo.

* El autor es jurista.  
.


---
   
Otros Artículos

La política de Bush Jr. hacia América Latina

La educación nacional y la Costa Atlántica

El encanto de la política

No hay mal de cien años

¿Usted qué opina?