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MARTES 26 DE JUNIO DEL 2001 / EDICION No. 22411 / ACTUALIZADA 03:15 am

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La maquila y el empleo

El recién pasado jueves 21 de junio corriente, el Gobierno de la República declaró oficialmente a Sébaco, en el Departamento de Matagalpa, como el “primer municipio libre de desempleo en Nicaragua”. La singular proclamación se produjo durante un acto oficial que con ese motivo se celebró en dicha localidad, en el que estuvo presente el embajador de Taiwan, puesto que son taiwaneses los inversionistas que han instalado en Sébaco las empresas de maquila que dan empleo directo e indirecto a muchas personas de esa localidad.

Sin dudas que es digno de encomio el hecho de que en los últimos dos años se hubieran creado 2,800 empleos fijos en las empresas de maquila instaladas en Sébaco, y que además haya la posibilidad de que en los próximos 3 años se multipliquen las inversiones extranjeras y hagan crecer hasta 8,000 el número de nuevos empleos en esa localidad. En realidad, independientemente de los conflictos obrero-patronales que ocurren frecuentemente en las zonas francas y que son susceptibles de solución mediante una razonable aplicación de las leyes laborales, la maquila representa ya más de una cuarta parte de toda la oferta laboral de Nicaragua y su expansión sería determinante para resolver al menos en parte el grave problema del desempleo, y para impulsar el crecimiento y desarrollo integral de la economía nacional.

Para países atrasados como Nicaragua, la maquila significa una excelente oportunidad para incluirse airosamente en el proceso de la globalización económica. En concreto, la posibilidad de desarrollo socio-económico que ofrece la maquila deriva de que al producir para exportar en las condiciones favorables que otorga el Estado en las zonas francas industriales o áreas de trato preferencial, se crea el mayor número de empleos directos al mismo tiempo que el país aprovecha otras ventajas que ofrece la globalización, como por ejemplo la adquisición de nueva tecnología.

Algunos países de condiciones socio-económicas e infraestructuras iguales o parecidas a las de Nicaragua, que se insertaron antes que nosotros en la globalización porque no perdieron el tiempo en aventuras totalitarias ni desaprovecharon oportunidades por embarcarse en conflictos bélicos, se abrieron primero a la instalación de una maquila elemental —que requiere mano de obra barata y poco calificada— como la de confección de ropa que hay actualmente en Sébaco y Managua. Sin embargo ahora en esos países —Costa Rica es un buen ejemplo de ello— opera la “maquila de segunda generación”, que elabora productos de tecnología avanzada y exige mano de obra más calificada y mejor remunerada, y que por lo tanto es más beneficiosa para los trabajadores y para el país en términos generales.

No hay dudas de que el problema económico fundamental de Nicaragua radica en la falta de capitales, la escasa producción y la baja productividad, que en el ámbito social se manifiesta en el desempleo masivo. Por eso es que en las encuestas de opinión los ciudadanos declaran que lo que más esperan de los gobernantes actuales y futuros es que tengan voluntad y capacidad para resolver el problema del desempleo.

Ahora bien, se dice que para lograr elevadas tasas de crecimiento de la producción y el empleo es indispensable no sólo mantener la estabilidad macroeconómica sino también formar adecuadamente los recursos humanos, fortalecer tecnológicamente la economía nacional, apoyar la productividad de las empresas, vincular el sistema educativo con el sector productivo, ampliar el acceso de la población a los servicios básicos y a la educación, incrementar el ahorro interno y la inversión productiva, gobernar con honestidad y transparencia, respetar la igualdad de oportunidades y perfeccionar los marcos jurídicos del sistema de gobierno y de vida basado en la democracia y la libertad.

En realidad, si se cumplieran tales presupuestos se podría expandir la maquila de las zonas francas y se incrementaría sustancialmente la cantidad de empleos, así como también podrían fluir otras inversiones de capital en áreas de mayor desarrollo económico y tecnológico del país. Lo cual dependerá de que los ciudadanos puedan elegir a gobernantes que inspiren confianza a los inversionistas nacionales y extranjeros, en vez de ahuyentarlos con fantasmas del pasado y con impresionantes pero inviables programas estatistas y populistas.  
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