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SáBADO 23 DE JUNIO DEL 2001 / EDICION No. 22408 / ACTUALIZADA 11:30 pm

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Un padre entregado totalmente a sus hijos

Foto  
.Desde hace diez años, tras la muerte de su esposa, se convirtió en padre y madre

Saturnino Mejía Quedo junto a sus hijos Valeska y Carlos Fernando. LA PRENSA/CORTESIA.

 

Mercedes Peralta - Corresponsal
nacionales@laprensa.com.ni

LEON.- Saturnino Mejía Quedo, de 39 años, es un inspector de Policía que hace diez años se convirtió en papá y mamá, tras la muerte de su esposa María Luisa Quant. Desde entonces, se dedica en cuerpo y alma a sus hijos Valeska y Carlos Fernando.

A Saturnino no le ha sido fácil cumplir el doble rol, pero desde su viudez, su madre doña Margarita lo acompaña en esa tarea. Además, se convirtió en fotógrafo y pequeño comerciante para mejorar sus ingresos. Declara que es “un hombre bendecido por Dios”, que vive feliz porque de las experiencias tristes ha aprendido a salir adelante.

No se ha casado de nuevo aunque intentó construir una relación “sin resultados, y prefiero dedicar mi vida a mis hijos que me necesitan mucho”.

La etapa más difícil de Saturnino fue cuando murió su esposa y él quedó con un niño de un mes de nacido y una niña de tres años.

“Tenía que responder a la niña que preguntaba por su mamá, que lloraba porque quería irse al cielo con ella. Además, atendía al bebé. No me iba al trabajo sin dejar hervidas las pachas y lavados los pañales, para disminuir las tareas a mi mamá”, recuerda.

En estos años le ha tocado correr con los niños al médico y a la escuela, ayudarlos a estudiar. La relación personal con sus hijos es excelente, según lo confirman su mamá y los niños. Los fines de semana, cuando es posible, van a tomar un helado, al mar, de visita donde los abuelos maternos en Chinandega, o enflorar la tumba de María Luisa.

INVIERTE EN EDUCACION DE SUS HIJOS

“No malgasto mi dinero. No tomo licor, trato de dar un buen ejemplo a mis hijos. Invierto mi dinero en ellos, en su educación. Compro colecciones de libros, enciclopedias, para la educación de los niños, y les enseño el ahorro”, dice este papá-mamá, conocido por su ejemplo en su vecindad y su trabajo.

“Es un papá de oro, es el mejor papá del mundo”, exclama Carlos Fernando, mientras Valeska, asiente y expresa: “Me siento muy honrada de él. Estoy orgullosa porque es un padre responsable y se preocupa siempre por nosotros. No es como otros padres. Nunca nos ha dado maltrato, ni gritos, ni golpes”.

Esta bonita familia vive modestamente en un tercer piso del complejo habitacional multifamiliar Fundeci II etapa, en León. Valeska estudia primer año de secundaria en el Colegio de La Asunción, y Carlos Fernando el cuarto grado en la escuela Hermanos de Salzburgo.

“Cuando estoy de guardia llamo a mi mamá para confirmar que todo está bien. A veces hablo con los niños para quedar más tranquilo. Cuando el niño tenía seis meses le diagnosticaron un soplo sistólico e inflamación en la arteria del corazón, que gracias a Dios ya está superado, pero siempre estoy pendiente de ellos”, dice.

ORGULLOSA DE SU HIJO

Doña Margarita Quedo, una señora de 60 años, también está orgullosa de su hijo. Pide a Dios le prolongue la vida para ayudar a sus nietos. “No quiero morirme, hasta que los niños estén grandes y formados, porque mi hijo es un excelente padre, un hijo especial conmigo y merece mi ayuda”, expresa.

Aconseja a sus nietos, que la llaman “mami”, para que mantengan la buena comunicación y confianza con el papá.

En el hogar de la familia Mejía Quant se respira paz y tranquilidad. El respeto entre sus miembros es evidente. “Siempre trato de hacer bien las cosas, para no tener cargo de conciencia. Quiero estar bien con Dios, mis hijos, mi trabajo y mis vecinos. No me quejo de la vida, y por todo lo que recibo le doy gracias a Dios”, exclama este buen papá.  
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