Nada personal
El país a la deriva
Douglas Carcache douglas.carcache@laprensa.com.ni
Mientras los empresarios de Centroamérica y México discutían las oportunidades económicas que puede ofrecernos el Plan Puebla Panamá, la economía de Nicaragua se sumía en la incertidumbre por la huelga de los transportistas, el desinterés del gobierno en los problemas puntuales y las maniobras del sandinista Daniel Ortega para sacarle ventajas políticas a la crisis.
Desde 1990, cuando se abrió la posibilidad de que el país saneara y relanzara su economía, los paros y asonadas han sido una constante que, diez años después, han arraigado el desempleo, alejan inversiones y contribuyen a que la ciudad parezca desagradable a los turistas.
Creo que hacer esas protestas violentas y destructivas denota poca visión de progreso y un marcado individualismo, porque bien podemos reclamar derechos de forma civilizada, sin dañar la poca infraestructura que hay en la ciudad, sin contaminar el ambiente y sin obstruir las actividades del resto de la población y las empresas.
Para mejorar la economía del país se necesita, además de inversión, una actitud distinta de los ciudadanos en que prevalezca la idea del progreso y la convivencia comunitaria, que nos induzca a cuidar lo que es bueno para toda la sociedad y erradicar lo que nos causa daño, porque de nada sirve que la inversión (pública, privada o externa) crezca cada año, si varias veces al año echamos por la borda lo poco que ganamos.
Un amigo sostiene que bastaría un cambio de actitud de la población para resolver muchos problemas de Managua. Me señaló uno: La suciedad. Si todos los ciudadanos nos propusiéramos depositar la basura en los recipientes adecuados, quitándonos la mala costumbre de lanzarla en cualquier sitio, ganaríamos mucho porque la ciudad se mantendría limpia, habría menos enfermedades y los turistas se llevarían una buena impresión, entre otras ventajas.
Estamos a la mitad del año y ya podemos contar tres paros de transporte en Managua, con los consecuentes daños en las calles y en la economía, porque muchos empresarios contraen los movimientos de capital, las ventas bajan, las industrias producen menos y el dólar sube de precio, como se observó la semana pasada. Pero con esa “rutina” que nos ha caracterizado en los últimos diez años, hemos alejado la mejoría económica en vez de acercarla.
El Plan Puebla Panamá es un proyecto que busca el progreso económico y social entre Centroamérica y el sureste de México, donde involucrará a 64 millones de personas y 150 mil millones de dólares en producción anual, promoviendo la interconexión eléctrica y el corredor biológico centroamericano a través de la inversión privada.
Nicaragua tiene ventajas potenciales para crecer con el Plan Puebla Panamá, porque posee muchos ríos para desarrollar la hidroelectricidad y cuantiosos recursos biológicos para expandir el turismo, pero necesitamos madurar, como sociedad, si queremos aprovechar esas oportunidades y enderezar el país que aún sigue como barco a la deriva. 
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