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Horno
Carlos Martínez Rivas
El horno de mi cocina, una cocina nueva de fábrica cubana, es un intrigante lugar.
No es el horno arcaico de ladrillos. Oscuro, hondo como laberinto de los tiempos digamos— de aquella recia Reina de Castilla, Doña Urraca, que guerreó contra su esposo y su propio hijo. No. Yo me refiero a un horno vulgar, aún sin usar. Sin haber sido aprovechado ni siquiera para hornear un pollo o hacer un pudín con pasas. Pero su frío vacío de metal, cuando alguna vez, por jugar con ella, la hago asomarse dentro un instante, —su hálito helado pasma a mi gata, la espanta.
Los gatos padecen una aversión cerval atávica contra el vacío frío del metal. Y escapan, huyen de ahí como el mismo horno del infierno. |
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