|
|
|
|
En nadie que fui me vi pasar
Alguien de mi generación, compañero de mis años párvulos, que, como yo, no sé por qué no ha muerto, cruzó hoy la calle conduciendo un viejo Chrysler.
Aunque no había vuelto a verlo desde entonces, reconocí el perfil de casta familiar. El perfil desfigurado por la agresión del tiempo. Derruido por la constante agresión del tiempo.
Sin embargo, gracias al pasar fugaz de esa deteriorada fisonomía recordé ¿por un segundo sería? en mi memoria (la memoria que guarda todo intacto), recordé recobrándola la faz de mi infancia.
De su paso quedó un fulgor, un haz de rayos. Un halo pálido de prímulas sin despuntar, en inicial pudor de abrirse.
En un día cualquiera, un don inefable.
Siempre algo así puede pasar un día cualquiera. |
|

 |
|
|