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Poesía Internacional
Autoepitafio
Reinaldo Arenas
Mal poeta enamorado de la luna, no tuvo más fortuna que el espanto; y fue suficiente pues como no era un santo sabía que la vida es riesgo y abstinencia, que toda gran ambición es gran demencia y que el más sórdido horror tiene su encanto. Vivió para vivir que es ver la muerte como al algo cotidiano a la que apostamos un cuerpo espléndido a toda nuestra suerte. Supo que lo mejor es aquello que dejamos —precisamente porque nos marchamos— Todo lo cotidiano resulta aborrecible. Conoció la prisión, el ostracismo, el exilio, las múltiples ofensas típicas de la vileza humana; pero siempre lo escoltó cierto estoicismo que le ayudó a caminar por cuerdas tensas o a disfrutar del esplendor de la mañana. Y cuando ya se bamboleaba surgía una ventana por la cual se lanzaba al infinito. No quiso ceremonia, discurso, duelo o grito, ni un túmulo de arena donde reposase el esqueleto (ni después de muerto quiso vivir quieto). Ordenó que sus cenizas fueran lanzadas al mar donde habrán de fluir constantemente. No ha perdido la costumbre de soñar: Espera que en sus aguas se zambulla algún adolescente.
(New York, 1989)
* Escritor cubano. En estos días aparecerá una de sus obras “Voluntad de vivir manifestándose” (Adriana Hidalgo), libro de poemas. Arenas fue reconocido como un novelista, pero sólo alcanzó la celebridad cuando “Antes que anochezca”, una de sus obras, fue llevada al cine, filme basado en sus memorias y premiado en Venecia. |
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