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SUPLEMENTO SEMANAL DEL DIARIO LA PRENSA / SáBADO 16 DE JUNIO DE 2001
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Pintura
Hugo Palma Ibarra

Foto  
Bélgica Rodríguez

La vida de Hugo Palma Ibarra (Nicaragua, 1942) ha sido marcada por dos escenarios artísticos, muy disímiles, hay que decirlo, pero ambos nutrientes y enriquecedores: Italia y Nicaragua. En el primero aprendió de los grandes maestros de la pintura universal; en el segundo, de la vida dura, de un paisaje herido, de una luz que desdibuja las formas y de unos seres humanos optimistas que cantan a la bella Nicaragüita que está en su corazón.

La pintura de este artista habla de todo eso. Expresa la ansiedad de quien cuadricula el espacio pictórico para hacer vivir en él objetos y personajes que se caracterizan por su anonimato, a la vez que secciona el otro espacio, el del Ser, para encontrarlo en su soledad. Preludios fue el título de esta muestra de pinturas de pequeño formato, que iguala joyas encerradas en sí mismas, se presentaron al espectador como el preámbulo autónomo de lo que sucederá después. Preludios como anunciaciones de otras pinturas de gran formato a realizar posteriormente.

Caballos desnudos, campanas, son las imágenes que, disociadas entre sí, conforman el repertorio que puebla la pintura de este artista nicaragüense. Las disociaciones de los planos pictóricos referenciales aquí es una constante, son un universo visual activo que interactúa plásticamente siguiendo una estructura de planos verticales y horizontales que se superponen y encierran una imagen independiente. Así, un desnudo de espaldas en primer plano dialoga con un caballo situado en el fondo, sin que se crucen los afectos en obras como “En el camino, del año pasado”.

La riqueza de la multiplicidad de planos y de las texturas matéricas y visuales, le confieren a la superficie y estructura de su trabajo un elegante equilibrio entre tema y manera de expresarlo.

A la manera del bodegón, Palma Ibarra elimina el desorden gestual para adentrarse en la fragmentación del discurso visual y dejar al espectador que lo reconstruya como un acto moral. Es la representación de un pensamiento intimista que se expresa en signos secretos a descubrirse sin premura.

Hugo Palma Ibarra ha creado su propio vocabulario plástico basándose en sus estudios y reflexiones sobre los grandes momentos de la pintura figurativa, pero sus colores vienen de esa tierra ocre, la de las temperaturas cromáticas en sordina, que lo vieron nacer. Amarillos en múltiples juegos dorados, variados matices de rojos, blancos transparentes, ocres y marrones forman una paleta inimaginable de posibilidades cromáticas. Colores, planos y formas coadyuvan a explorar los dominios de la sensibilidad pura, sin tener que hacer uso de subterfugios y acrobacias creativas. Este artista, hombre silencioso y aparentemente tranquilo, trabaja sus telas con la parsimonia del monje que le interesa cultivar su mundo interior para ayudar a los demás.

No a la violencia del trazo, pero sí a la meditación sobre una composición armoniosa lograda a partir de fragmentaciones. No importa que un círculo que representa una pelota se ubique en un segmento espacial al lado de la figura femenina sin rostro y que de manera adyacente, se coloquen otros dos cuerpos de mujeres que se captan visualmente por sus contornos sugeridos, para lograr implicar una soledad, por ejemplo en la serie “Apariciones”. Es necesario simular la violencia de los cuerpos casi mutilados que aparecen como variaciones del monotema de la soledad. Pero aquí la pintura no es sólo tema, es arte. En consecuencia, el artista domina sus medios, los utiliza al máximo y los pone a funcionar en beneficio de un fin particular: hacer de la pintura una posibilidad real de libertad.

La serie “Preludios” muestra un artista convincente, con una obra estrictamente bidimensional contenida en un lenguaje plástico que lo acerca a él mismo y al espectador; él continúa privilegiando la esencia de lo humano y su incidencia real en un universo sensible de dimensiones singulares en su búsqueda humanista.

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Un ejercicio de corrección


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Autoepitafio


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Hugo Palma Ibarra