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VIERNES 15 DE JUNIO DEL 2001 / EDICION No. 22400 / ACTUALIZADA 11:00 pm

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Relatos de un sobreviviente
Crónica de una cobarde jornada de protesta

Roberto Fonseca L.
roberto.fonseca@laprensa.com.ni

La asonada de septiembre de 1993 me llevó al hastío. Desde que comenzó aquella jornada de violencia callejera, el lunes 20, todos los días era la misma cantinela. Barricadas de adoquines desde Carretera Norte hasta el Zumen, llantas quemadas y enfrentamientos con los antimotines. Me sentía como un rehén, completamente maniatado.

Al caer la noche, llamaba a casa y preguntaba cuál era la situación por el sector del Zumen. “No te arriesgues, buscá mejor dónde dormir”, me recomendaba mi entrañable amigo, “el Flaco” Irías. A esa hora, cansado y frustrado, empezaba a buscar un lugar dónde pernoctar.

Lo peor llegó el miércoles 22, cuando Managua quedó literalmente cercada por aquella vorágine de violencia. Esa noche vi por televisión cuando Saúl Álvarez, un subcomandante de la Policía, caía desplomado, gravemente herido, por el disparo de un francotirador oculto tras los adoquines.

No éramos amigos, sin embargo esa muerte, a todas luces cobarde e injustificada, fue la gota que derramó el vaso de agua. Aquella noche, mientras editaba, sentí náuseas, arrechura, impotencia y una profunda decepción.

CARGOS COMO “PREMIOS”

Al fondo del larguirucho salón de reuniones, sentados sobre unas mesas, estaban ubicados los principales “lugartenientes” de aquella asonada. Corría el sábado 25 de septiembre de 1993 y el lugar era un local del Departamental del FSLN, ubicado de los semáforos de la Colonia Tenderí, una cuadra al lago y media arriba.

Habían transcurrido apenas 24 horas desde que el gobierno de doña Violeta Barrios viuda de Chamorro se vio obligado a firmar un acuerdo con los líderes de la asonada y, por lo tanto, entre los asambleístas privaba un ambiente de euforia, de triunfalismo. Disfrutaban con haberle “doblado” el brazo al Ejecutivo.

Daniel Ortega, quien presidía la “sesión evaluativa” vestido de negro, asistido por su incondicional “Pitín” Lacayo, también tenía una expresión de satisfacción no oculta. Había hecho un llamado público a la violencia y aquellos “cuadros” habían respondido con cinco días de quemas de llantas, morteros, disparos, heridos y muertos.

Recuerdo que entre ellos estaba José Luis Villavicencio, quien en esa ocasión vestía de camiseta negra, coronada con una chaqueta impermeable, sin mangas. Parecía pandillero.

En ese entonces, el hoy magistrado sandinista del CSE controlaba el Distrito 6 de Managua, el más grande en extensión, pues comprendía desde la Colonia Primero de Mayo hasta Sabana Grande y luego se extendía hasta pegar casi con Tipitapa. En su zona se levantaron las peores barricadas.

También lucía desafiante, su actual colega del Poder Electoral, Emmet Lang, quien buscaba entonces suceder a Víctor Hugo Tinoco, como Secretario Político del FSLN en Managua, por tanto debía demostrar y dar fe sobre su beligerancia callejera. Así hizo méritos para ganar luego las elecciones internas departamentales del sandinismo, al siguiente año.

Recuerdo que varios asambleístas —no sé si por orientación— cuestionaban la “poca beligerancia” de Tinoco en las barricadas, durante esa odiosa jornada de 1993. De Lang, mientras tanto, no decían nada malo.

Otro de los combativos en esa jornada de protesta, que resultó premiado siete años después, fue Frank González, mejor conocido como “Machillo”, quien dirige desde hace muchísimos años el llamado Movimiento de Combatientes Históricos, una poderosa fuerza punitiva del sandinismo. Actualmente es concejal del FSLN en la capital.

Según amigos consultados, esa organización ha pasado por distintas etapas de reflujos y desarrollos, como resultado de conflictos internos, marginaciones, expulsiones y destituciones, con el afán de mantener una supuesta pureza histórica e ideológica.

Se ven a sí mismos como “el brazo revolucionario” del FSLN, al que están ligados por los propios Estatutos, y siempre se le asignan las tareas insurrectas en las jornadas de protestas, por ejemplo, son los encargados de las quemas de llantas, levantar barricadas y desarrollar hasta acciones violentas si así se requiere.

Frank o “Machillo”, se incorporó a la lucha armada contra Somoza, combatiendo en los comandos urbanos de la llamada Tendencia “Proletaria” del FSLN. Desde 1994 es un personaje ligado a Emmet Lang, a quien llama “Mi Hermano”.

También destacó en esa jornada Manuel Modesto Munguía, actual Secretario o Coordinador del Consejo Municipal de Managua. En ese entonces, él era Secretario del FSLN en el Distrito 3, otro de los territorialmente extensos. Bajo su jurisdicción, por ejemplo, estaba la Universidad Nacional (UNAN), donde se levantaron gigantescas barricadas de adoquines.

Igual que “Machillo”, Munguía también pertenece a los Combatientes Históricos. Asimismo María Auxiliadora Contreras, otra concejala del FSLN en Managua, quien surgió con mayor beligerancia en la vida partidaria rojinegra, junto A la Cooperativa “Parrales Vallejos”.

Todos ellos, irónicamente autoridades nacionales y municipales, ganaron “puntos” en esa sangrienta jornada de violencia callejera.  
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