Relojes de la muerte
A simple vista parecen relojes para marcar tarjetas. Difieren por estar ubicados en las calles y porque raramente señalan la hora correcta. Ojalá éste fuera su único mal, la verdadera desgracia es que funcionan con sangre de hombres, mujeres y niños; jóvenes y viejos; cobradores, pasajeros y transeúntes. Son los relojes que utilizan los “transportistas” para, según ellos, ordenar el transporte controlando la duración de cada recorrido.
La triste realidad es otra, ya que los “transportistas” (y lo pongo entre comillas precisamente por eso) lo que menos hacen es salir a transportar pasajeros. Su preocupación, obsesión y deporte es salir a jugar al “rally” apostando a diez pesos el minuto de adelanto o de retraso. Es un bonito entretenimiento y además remunerado. Los pasajeros son un obstáculo que se agrega para darle mayor sabor y emoción al juego, como los castigos del “monopolio” o el “no te enojes”. Los “relojes de la muerte” controlan el juego y definen el monto de la apuesta.
De esta manera vemos cómo el bus llega a uno de estos relojes y se estaciona pacientemente por varios minutos sin que al conductor le importe un comino que la chatarra que conduce casi se convierta en un horno crematorio bajo nuestro “nicaragüense sol de encendidos oros”; luego reanuda la marcha a un paso ceremonial como si acompañara un entierro, hasta llegar al siguiente reloj donde se da cuenta que ha hecho mal la cuenta (la mayoría de estos “transportistas” no utilizan reloj de pulsera) y que lleva varios minutos de atraso. Entonces aflora el “troglodita del volante” que lleva adentro (lindo nombre para una cooperativa de “transportistas”) y el chatarriento bus escolar se transforma en un bólido que irrespeta semáforos, altos, vehículos o simple mortal que se atraviese en su camino.
Ahora resulta que por enésima vez los señores “transportistas” pretenden el respaldo de la ciudadanía (cuyos intereses aducen defender con el mayor descaro) para obtener mayores beneficios adicionales a costa de los impuestos que pagamos los que a diario somos víctimas de sus caprichos y desmanes.
Es hora de que los “relojes de la muerte” sean sustituidos por relojes de vida que marquen la hora para que el ciudadano común y corriente diga un BASTA YA a tantos abusos, a ser rehenes de un grupo que secuestra periódicamente a la ciudadanía para luego exigir rescate por ella al “gobierno” (estas comillas no necesitan explicación).
José Angel Gómez Cerón. 
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