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Pequeñas vanidades del ciudadano inoperante
Octavio Robleto
Le sucedían tan pocas cosas que eran fácil de contarlas. No tenía encrucijadas en su apagado destino. Contrajo deudas y las pagaba a plazos; si había luna no le importaba y si salía el sol para él era lo mismo. Su peine y un pañuelo, esos sí eran trascendentes. Leía con atención el diario pero era incapaz de comentarios; le interesaban sus zapatos y sus cordones bien amarrados, se miraba en los espejos pero no compuso su cara creyó que podía cambiarla pero para todos fue la misma anodina, sin virtudes ni vicios, jamás pudo ser como el ornitorrinco. Un día compró una camisa, usó lentes, celebró su cumpleaños, casado, vacunado, siguió siendo igual a sus vecinos. |
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