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SUPLEMENTO SEMANAL DEL DIARIO LA PRENSA / SáBADO 9 DE JUNIO DE 2001
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Pintura
Masaya vista por Salvador Castillo

Foto  
Julio Valle Castillo

Masaya es “tierra melodiosa y hechicera”, según Rubén Darío, es decir, con encantamiento, con encanto. Manolo Cuadra afirmaba contradictoria e hiperbólicamente, que Masaya era la mejor ciudad del mundo y la peor ciudad del mundo. Masaya ha sido tema de la pintura nicaragüense: el maestro Rodrigo Peñalba (1908-1979), fechó al comenzar nuestra plástica “Los Brujos de Monimbó” y los últimos óleos que pintó son sobre la vieja del volcán Masaya, el bautizo del volcán Masaya y el descenso de Fray Blas del Castillo al cráter del volcán Masaya, entre 1977 y 1978.

Alejandro Aróstegui ha recreado los motivos de los huacales para carteles. Pablo Beteta ha hecho del Mercado de Masaya toda una naturaleza viva, solar, colorística, al tiempo que ha plasmado con un límpido hiperrealismo las puertas de algunas esquinas y casas derruidas de esta ciudad. Los pintores primitivistas han documentado, colorística y minuciosamente, su vida festiva y laboriosa. No hay que olvidar, que Manuel García Moia es de Masaya y que los petroglifos del bajadero del Cailagua constituyen un remoto antecedente del muralismo prehispánico.

Masaya es ciudad plástica: color, movimiento, líneas seguras, ojo y mano artesanal. Esta corriente de nuestra tradición visual tiene un momento culminante en la exposición de Salvador Castillo, porque logra juntar una visión o panorámica provinciana y anecdótica con un lenguaje plástico internacional, como se quiere ahora. Castillo ha pintado casas, iglesias, parques, la laguna y el volcán, las procesiones y tradiciones, con fidelidad realista; tan realista que nosotros, los habitantes de Masaya, podemos entrar por sus telas y recorrer o reconstruir la ciudad y aún hasta concluir su pintura. Reconocemos –y he ahí lo anecdótico que se torna poético–, los coches tirados por caballos, las fachadas de los templos, los pilares labrados de las esquinas, la Estación del Ferrocarril y su mundo bullanguero que ya no existe, y esto tiene el valor de documentar un espacio, un urbanismo en extinción y de devolvernos con la carga de la nostalgia, la memoria.

Pero Castillo principalmente plasma este universo mestizo, indígena y provinciano que es Masaya, con técnicas mixtas, con corrientes e influencias modernas y con una concepción y composición internacional. Castillo hace flotar objetos y sujetos en medio del informalismo, cruzando el realismo y la pintura de acción, el chorreado, el expresionismo del color, el brochazo o la pincelada, energía, los bailes y máscaras indígenas, mestizas de nuestras danzas, resultan como salidas de la mano de James Ensor, pero muy influenciado por Castillo.

Toda esta unión de contrarios, toda esta junta de lo propio y lo ajeno, de lo nacional y lo internacional, sustentan la modernidad de la propuesta de Castillo. Y he aquí su aporte que cada vez se ratifica más. He aquí su personalidad de pintor que se afianza y se define. El conjunto de exposiciones sobre la Vieja Managua, León y Granada así lo demuestran. Pero esta Masaya vista por Castillo es decididamente un salto en la posesión de su lenguaje pictórico. Yo soy parcial ante estas telas de Salvador Castillo, porque soy Masaya y me reconozco en cada uno de sus trazos, colores, texturas y tonos.

Masaya sigue demostrando que es una ciudad encantadora, con encanto, con hechizo, ciudad bruja, mágica. Masaya: maravilla.

* Exposición de Castillo se realiza el domingo 10 de junio a las 3:00 p.m. en el Club Social de Masaya. Las pinturas estarán expuestas los días lunes 11, martes 12 y miércoles 13 en el edificio de “Bancentro” en Masaya de 8:00 a.m. a 8:00 p.m. Se inaugura en Códice Galería de Arte Contemporáneo en Managua, el jueves 14 a las 7:30 p.m. en donde estará expuesta hasta el 3 de julio.

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Doris Lessing, premio Asturias


Masaya vista por Salvador Castillo


Tu sombra me persigue


Leónidas Correa, "El color de la naturaleza"