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Narrativa
El perseguidor
Raúl Xavier García
A: Fernando López G.
Esa vez como todos los días al momento de marcar la tarjeta de entrada, lo llamaron de la Oficina de Recursos Humanos. “Aquí tiene usted el tercer memorándum que nos envía sobre su trabajo su jefe inmediato”. Al hombre se le nublaron los ojos. Pensó en su edad. En el hambre de su familia y en el amor a los libros y usuarios. Sin abrir los labios, permaneció quieto viendo pasar la tormenta, luego sintió que lo abandonaban sus fuerzas.
Vino la mañana y también la secretaria. Traía en la cara la palidez de las preocupaciones. Cuando subió la noticia a los oídos del resto de empleados, desapareció de sus manos el deseo de trabajar. El hombre recibió los buenos días del primer usuario y enrojecieron los ojos de felicidad.
Y subió la tarde y tras de ella el temor que le cerrasen las puertas, allí donde un día le abrieron los brazos, no aquel que por celo con saña lo persigue. |
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