15 años depués de Chernóbil
La humanidad está expuesta a radiaciones naturales como la radiación cósmica, los rayos solares, la radiación terráquea y atmosférica. A veces también se expone a radiaciones artificiales necesarias -como las usadas en el tratamiento del cáncer, radiografías entre otras- por las que hay regocijo, pero también ha resentido sus consecuencias letales -a corto y largo plazo- producidas por las irradiaciones nucleares como las de bombas atómicas lanzadas en Hiroshima, Nagasaki, Kosovo y el accidente por la explosión de la Central Nuclear en Chernóbil, Ucrania; situación más catastrófica en toda la historia nuclear.
Este año se cumplen 15 años del accidente de la planta nuclear de Chernóbil y los estudios realizados para ver las afectaciones revelan, que los efectos mortíferos aún se manifestarán en las generaciones venideras en los próximos mil años. A consecuencia de las irradiaciones en 1986 murieron cerca de 30 mil personas y más de 10 millones resultaron contaminadas por la radiactividad.
La catástrofe de Chernóbil afectó gravemente a Bielorrusia, Ucrania y Rusia. Las pérdidas, por los daños ocasionados a personas, flora y fauna son incalculables, según investigaciones. De acuerdo a un informe oficial del gobierno ruso, presentado por el periódico Wall Street Journal, la hecatombe de Chernóbil fue unos de los más lamentables sucesos ambientales y sus costes en el 2000 superaban los 250 millones de dólares.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) las secuelas de las radiaciones nucleares por el accidente de Chernóbil, son el registro de más casos de cáncer de tiroides, y enfermedades de todo tipo por el debilitamiento del sistema inmunológico.
Las cataratas, afecciones del sistema nervioso, endocrino y digestivo son igualmente consecuencias de la contaminación radiactiva en los países afectados por el accidente de Central Nuclear, en Chernóbil. Esto quizá sea un escarmiento para los países que dependen grandemente de la energía nuclear para generar electricidad y que se gastan millones de dólares en investigación nuclear, pese a la alta peligrosidad que significa.
Adriana Dávila. 
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