Oriente
Tras la senda de Santiago Apóstol
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 | Caminos, valles y montañas son recorridos con amor y fe por unos 400 seguidores de Chaguito |
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Chaguito es trasladado en su baldaquín. |
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Lucía Vargas C./Corresponsal departamentos@laprensa.com.ni
JINOTEPE.- El tambor anuncia su presencia y su bandera flanqueada con una cruz blanca guía a su ejército de fieles entre cañadas, potreros y caminos, en una incomprensible aventura de amor y fe, cuyos seguidores recorren un centenar de kilómetros con el propósito de llevar el ejemplo de un guerrero del evangelio.
Esta travesía por los puntos más recónditos de la montaña dura 14 días con sus noches.
La imagen de Santiago Apóstol, sobre un blanco corcel va custodiada por 13 priostes que celosamente se turnan para cargar el baldaquín de madera donde va el milagroso santo, a quien le entregan su sueño para no dejarlo solo ni un momento.
Detrás, la columna de creyentes y adoradores de “Chago” caminan desafiando el tiempo, el frío, la lluvia, enfermedades y todos los inconvenientes que tiene la inhóspita montaña caraceña.
Su travesía inicia el 29 de junio, luego que una misa oficial despide la aventura divina a la que se suman docenas de hombres y mujeres de todas las edades y hasta niños. Las esperanzas puestas en el hombre —como le llaman con respeto— deja entrar una luz en las vidas de sus acompañantes, quienes ofrendan este sacrificio para obtener un milagro.
Trabajo, es lo que la mayoría de sus promesantes piden a Santiago, pero también hay quienes suplican un milagro de sanidad porque alguna enfermedad maligna aqueja a sus familiares.
En cambio, otros que estuvieron al borde de la muerte o de peligros, lo acompañan en agradecimiento por haber escuchado sus peticiones y ahora son eternos seguidores de su causa. La que en tiempos de invierno copioso somete a sus peregrinos a pasar los ríos crecidos, pero siempre cuidando a Chaguito para que su antigua imagen no se dañe.
AL INTERNARSE EN LA MONTAÑA
Antes de que Santiago y sus fieles se internen en la montaña, el pueblo entero se concentra en La Conquista, después que el santo ha peregrinado por cinco días en las comunidades cercanas a Jinotepe. Aquí, los que se quedan se despiden de los que se adentrarán con el santo a la montaña y en muchos rostros, asoman lágrimas de emoción.
Abrazos, besos y pañuelos blancos se entrelazan con el canto del Alabado y las bombas que estremecen el ambiente del adiós que inevitablemente ahoga las gargantas de los presentes.
Días más tarde, Veracruz de Acayo, ubicado en el corazón de Chacocente, reúne nuevamente a los fieles de la ciudad con los que caminan con Santiago, y se pasa una noche en vela, cantos y rosario para esperar el alba del nuevo día. El santo es llevado a la costa y cuando éste pisa la arena, las aguas del océano se calman, mientras los fieles entonan su himno de alabanza.
RETORNO DE UNA GUERRA DE AMOR
La entrada triunfal del peregrino es el 12 de julio, después de recorrer más de 100 kilómetros, dormir en champas de plástico a la intemperie, padecer sed y otras vicisitudes, que comprende la gira evangelizadora de cantos y rezos.
La ciudad se desborda nuevamente al encuentro con su santo y sus acompañantes que formados en una interminable columna parece que vienen de librar una guerra, con la diferencia que ésta es de amor. Los caminantes muestran un rostro barbudo y cansado y en sus hombros traen consigo un recuerdo de su experiencia, un chocoyo o frutas que produce la tierra de esos valles.
Esta tradición enorgullece a los jinotepinos, pues consideran que sólo acá se realiza de esta manera; en cambio le encuentran parecido con la peregrinación de Compostela en España, donde miles se unen a la marcha para visitar la tumba del Apóstol, cuyos restos fueron sepultados en ese lugar.
TRAS LOS PASOS DEL SANTO
Los “santiagueros” jinotepinos se internan en los campos de Santa Teresa, La Conquista, Jinotepe y parte de Dolores; atravesando las entrañas de estas montañas hasta colindar con Nandaime en la comunidad de Tamagás, según el testimonio de Manuel Rodríguez, quien durante nueve años ha participado en esta caminata evangelizadora.
Cuenta que inició por curiosidad, pero luego continúo tras los pasos del Apóstol para llevar el mensaje de fe a los humildes hogares del campesino, donde los esperan con comida.
Los fieles cantan a capela el impresionante “alabado” que parece un lamento y cuya letra relata la batalla de Santiago Apóstol.
TRADICION DE MUCHOS AÑOS
La Demanda de la Montaña, como se conoce este acontecimiento anual de los jinotepinos, es de vieja data, pero oficialmente nadie sabe cuánto tiempo lleva realizándose. Muchos que anduvieron esos caminos con Santiago ya son ancianos y recuerdan que al inicio sólo iban 12 acompañantes, en cambio ahora la multitud que va supera las 400 personas. 
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