Trabajo infantil y pobreza
Me parece muy acertado que se quiera eliminar el trabajo infantil en Nicaragua, como una forma de demostrarle al mundo que somos capaces de cumplir con nuestros compromisos internacionales, pero, lo cierto es que no sabemos hasta qué punto se benefician o perjudican las economías familiares de países como el nuestro con este tipo de medidas.
Ojalá que en un futuro no muy lejano los donantes entiendan que el problema de los niños trabajadores no es simplemente un producto de la “mala voluntad” de sus padres que los mandan a trabajar a la calle —o a donde sea—, sino que es un reflejo claro de la precaria situación económica que viven muchos hogares nicaragüenses, lo que obliga a que sus niños, quieran o no, se involucren en menesteres que no son propios de su edad.
Yo particularmente, estoy en contra del trabajo infantil y de toda forma de explotación del menor, pero creo que la creación de guarderías para este caso no es suficiente, porque, a lo mejor, con ese mismo dinero se podrían echar a andar otro tipo de proyectos con resultados más claros sobre la economía familiar o bien se podría promover cualquier otra iniciativa que fortalezca la economía del país o que promueva un intercambio más justo de nuestros productos en los mercados internacionales.
Total, la verdad es que por asesores no hay que preocuparse. En Nicaragua tenemos a todo un ejército de consultores nacionales e internacionales trabajando abnegadamente por la pobreza.
El problema es que hasta hoy no parecen vislumbrarse resultados claros, pero de lo que sí podemos estar seguros es que muchos de sus salarios y sus gastos se pagan con fondos que luego engordan las abultadas cuentas de nuestra pesada deuda externa.
Cairo Emilio Montenegro Raffet96@worldmailer.com 
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