Carlos Tünnerman Bernheim
El todo por nada
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 | La vida del doctor Carlos Tünnermann tuvo un vuelco insospechado cuando una tarde, tres personeros del Partido Conservador le propusieron la candidatura a la vicepresidencia del país. En ese momento abandonó todo y volvió a la política de la que se había alejado, decepcionado, hace once años. La experiencia fue un desastre. Apenas duró un par de semana en ese papel. Aun así, no acepta, como se dice, que “se jugó el todo por nada”. |
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Doctor Carlos Tünnermann Bernheim. |
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Fabián Medina fabian@laprensa.com.ni
El doctor Carlos Tünnermann Bernheim aparenta menos edad que la que tiene: 68 años. “Los Bernheim son comeaños”, explica. Siendo “comeaños” como es, imagínenselo flaco y lampiño a los 24 años, asumiendo la Secretaría General de la Universidad de Nicaragua el mismo día que se graduó. O tomando posesión del cargo de rector de esa Universidad, con su partida de nacimiento en el bolsillo, para demostrar a quien quisiera impugnarlo que dos meses atrás había cumplido los 30 años, la edad mínima establecida para asumir el cargo.
Tünnermann comenzó su carrera temprano en altos cargos, y a estas alturas, sólo le quedaría ser Presidente o Vicepresidente de la República, una idea que no ha abandonado a pesar del fracaso que representó su reciente incursión en la política partidaria como candidato a vice en la fórmula del Partido Conservador.
En su casa, empacando maletas para unas vacaciones que dice son rutinarias, está el doctor Tünnermann Bernheim. Quedó fuera de la política partidaria apenas un par de semanas después que entró en ella. Al menos por estas elecciones.
Su carrera fue muy vertiginosa. Rector, funcionario de UNESCO, ministro, embajador en Washington... Usted tiene ambiciones mayores, y eso es lo que se percibió con su entrada en la política.
“Yo estaba, tú sabes, retirado de la política. Ese fue el compromiso que yo asumí con Ética y Transparencia. Casi cuatro años fui de la Junta Directiva. Yo soy miembro fundador de Ética y Transparencia”.
En el 96 su nombre se mencionó entre los candidatos que se barajaban en algún movimiento político.
“Sí, en círculos de conversación, pero nunca recibí una propuesta para participar en política. Cuando yo hice mi renuncia pública del Frente Sandinista, el primer sandinista de cierto nivel que renunció públicamente, mi nombre apareció en la lista de diputados (del Frente Sandinista). Yo pedí que retiraran mi nombre”.
¿Entonces comienza a participar en política hasta que se funda el grupo Ética y Transparencia?
“Tal vez no políticamente, sino cívicamente, desde la sociedad civil...”
Digo, político en el sentido amplio...
“Sí, en el sentido bueno de la palabra, no partidarista”.
¿Cómo fue que apareció de candidato a la vicepresidencia del Partido Conservador?
“Aquí, a esta sala, vienen a proponérmelo Noel Vidaurre, el ingeniero Mario Sebastián Rappaccioli y el doctor Alvarado. Acababa de ser inhibido el doctor Alvarado, y usted sabe que en los nombres que se manejaban en ninguna lista aparecía yo. Para sorpresa mía, me dice el doctor Vidaurre que vienen a proponerme la candidatura. Yo le pregunté que si se la habían propuesto a otra persona más. Me dijo que no. ¿Y ustedes han tomado en cuenta mis antecedentes de haber estado con la Revolución? Lo hemos tomado en cuenta, me dijo, y creemos que esa más bien puede ser una señal de apertura. Me hablaron de la casilla universal, de la voluntad de aglutinar muchas voluntades y grupos. Yo pedí dos días”.
¿Qué era lo que usted estaba esperando con esa decisión?
“Yo hice un análisis, y llegué al convencimiento de que podíamos ganar si realmente se cumple la visión que se me presentó, que es la visión de Noel Vidaurre y del doctor Alvarado, y creía también que era la visión de Rappaccioli. Yo, incluso, pregunté: ¿La apertura se limita a mi presencia? “No, va a haber apertura también en las listas”, me dijeron. Yo pensé: “Ésta es la opción que el pueblo está esperando, que puede capturar la imaginación, sobre todo de los jóvenes. Éste podía ser el cambio. Si no nos limitábamos a una tercera vía pequeña, con una alianza limitada, si no le cerrábamos la puerta a ciertas personalidades que en sus departamentos tienen más chance que otros candidatos. No estábamos pidiendo más que cuatro departamentos: Carazo, Masaya, Rivas y Jinotega. Reconocemos que el Partido Conservador, como cabeza de la alianza, tiene derecho a que su secretario, su presidente, o quien ellos quieran, vayan en las primeras nominaciones de la lista nacional y la lista de Managua. Lo que pedíamos no era tampoco irracional”.
Doctor, ¿cómo es que una persona de su experiencia se embarcó así, de primas a primeras, en un proyecto tan en el aire?
“Yo no creo que me haya embarcado. Yo quise dar el ejemplo. Un ciudadano (debe hacerlo), aunque esté en una posición de prestigio, aunque implique dejar sus compromisos académicos, si hay una oportunidad de construir algo que puede ser beneficioso al país, acabar la polarización, construir una tercera vía era algo beneficioso para la democracia. Yo estaba muy cómodo en Ética y Transparencia...”
Cuando tomó la decisión, ¿no pensó que podía hacerle daño a Ética y Transparencia?
“Yo les dije (a Vidaurre, Alvarado y Rappaccioli): Ustedes saben que soy presidente de Ética y Transparencia, y tengo que pensar si esto va a causar o no un daño al organismo. Pero después llegué al convencimiento de que Ética y Transparencia tiene su propio prestigio. No depende de una sola persona, cualquiera de los directivos podía sustituirme. Los hechos me han dado la razón. Ética y Transparencia está perfectamente consolidada. El ingeniero Gabriel Solórzano lo está haciendo muy bien como presidente”.
“Yo estaba consciente de que estaba asumiendo un riesgo en un partido que estaba de tercero en las encuestas. Sabiendo que la lucha iba a ser cuesta arriba. No era que me estaban ofreciendo un puesto ganador, sino ¡a ganársela! Yo sabía sí, y ese era mi compromiso, que si entraba era para entrar de lleno”.
Viendo el desenlace, ¿está arrepentido de la decisión que tomó ese día que le propusieron la candidatura a la vicepresidencia?
“En lo absoluto”.
¿No siente que jugó mal?
“Lo que he dicho es que me sentí defraudado. No que yo esté frustrado. Lo que me ha defraudado es la falta de visión, el cortoplacismo, la visión estrecha, el aferrarse a una diputación, y no ver la visión global. Noel Vidaurre, el doctor Alvarado y yo creímos en la posibilidad de ganar con esa casilla si la ola continuaba. O sea, la apertura que se hizo con mi nombramiento, luego abrir la lista a otras personalidades de otras agrupaciones, incluso de la sociedad civil”.
En términos personales, y siendo realista, a lo más que usted podía llegar era a ser diputado suplente. A menos que sucediera algo muy extraordinario...
“Pues sí. Cuando uno se apunta a esto y está dispuesto a hacer todo el esfuerzo con entusiasmo espera algo extraordinario. Nosotros, Noel Vidaurre y yo, estábamos dispuestos a recorrer el país sin dinero. Casa por casa. Hacer un plan de gobierno en el cual yo estaba trabajando. ¿Cuáles iban a ser nuestras diferencias competitivas?: el plan de gobierno, la transparencia, la austeridad, el rumbo nuevo que pensamos darle al país, y una lista nueva de diputados que pudiera contrastarse con las otras. Nosotros jamás aceptamos la tesis del voto cruzado”.
Ahora, sin embargo, es la tesis de moda.
“Es un error garrafal del Partido Conservador. Ahora, para sorpresa mía, una persona a la que respeto mucho, el doctor Alberto Saborío, a quien los mismos conservadores reconocen como el padre de la idea del voto cruzado, ahora va de candidato a la Presidencia. ¿Qué hay detrás de todo eso? ¿Van a seguir manteniendo la tesis del voto cruzado? El presidente del partido ha sido muy claro, que no. Hay una contradicción, ¿verdad?”
¿Qué va a pasar ahora con la carrera del doctor Carlos Tünnermann?
“Yo me he retirado de la política partidarista. El tres de agosto me voy de vacaciones a ver mis hijos a Washington. Siempre voy en el mes de agosto. He retomado mis contactos académicos. No significa que me he retirado de la política en el sentido amplio: sentiré siempre preocupación por lo que pase en el país, opinaré cuando pidan mi opinión, escribiré sobre temas políticos. Pero no voy a estar activo en estas elecciones”.
¿Pero no descarta aparecer nuevamente en las próximas elecciones?
“Es un poco prematuro decir qué va a pasar de aquí al año 2005”.
Voy a plantearle la pregunta de otra forma: ¿lo que pasó ahora no lo ha decidido a abandonar definitivamente la política?
Por supuesto que no. No me he desencantado de la política como vocación para servir a los demás”.
¿Alguna vez se imaginó que llegaría a ser Presidente de la República?
“La verdad es que... nunca me lo he imaginado así... Lo que sí me he imaginado es que si me llamaran a hacer otro esfuerzo, una posibilidad, yo no me negaría. Pero no es una ambición que me lleve a buscar protagonismo. Nunca he ocupado un cargo con afán de promoverme”.
Pero sí se le ve cuidando su nombre...
“Bueno, pero aunque no aspirara a presidente... Si yo paso a la historia, quisiera que fuera como un ciudadano que una vez pensó que la educación era el gran futuro de este país. Ojalá el epitafio que se vaya a poner en mi tumba sea ese: “Quien aquí yace creyó siempre en la educación como el futuro de este país”.
DESCENDIENTE DE INMIGRANTES
En el doctor Carlos Tünnermann Bernheim se mezcló, por esos avatares de la historia, la sangre alemana, francesa y nicaragüense.
A finales del siglo XIX llegó a Nicaragua el ciudadano alemán Guillermo Tünnermann, cuando el gobierno de Zelaya ofreció a familias alemanas, tierras en el norte de Nicaragua. El inmigrante era director del Banco de Sajonia, en Leipzig, y vino a Nicaragua a hacer negocios financiando a finqueros en medio del auge cafetalero. En una de esas fincas conoció a la señorita Guadalupe López (de los López “Piura”, apodados así porque vinieron del puerto peruano de Piura) y se casó con ella. De ese matrimonio nacieron tres hijos: María, Guillermo y Carlos.
Carlos, músico de profesión, se casó a su vez con la señorita Lidia Bernheim, hija de otro inmigrante, esta vez francés, que llegó a Nicaragua por la misma época.
Bueno, Lidia fue uno de los tres matrimonios del francés, quien llegó a procrear 21 hijos en Nicaragua.
“El abuelo Bernheim rompió con su familia en Alemania porque no aceptaban que siendo judío se casara con una católica. No leía las cartas cuyo remitente firmara Bernheim, y las metía sin leerlas en un escritorio con una gaveta con llave que sólo él podía abrir. A su muerte había centenares de cartas. Cartas de sus hermanas, profesoras de un liceo de Estrasburgo, pidiéndole que les mandara unos cuantos de sus hijos, porque eran solteronas”.
“Mi abuelo Tünnermann, también era judío. Muere en un viaje a Europa en 1898. Muere en París. Él contrae la tifoidea en La Habana, cuando el barco atraca en el puerto. El capitán prohíbe que alguien baje porque había tifus en la ciudad, pero mi abuelo era muy testarudo, y tenía un restaurante en el que siempre bajaba en La Habana. Cuando sube, trae la tifus”.
“Pese a mis apellidos, yo me siento cien por ciento nicaragüense”, dice el doctor Tünnermann Bernheim.
DOS SUEÑOS
El doctor Tünnermann confiesa que los dos sueños de su vida fueron “relocalizar” las ruinas de León Viejo e impulsar una Campaña de Alfabetización que acabara con el analfabetismo. Ambos sueños los hizo realidad.
El primero lo realizó al frente de una comisión científica, cuando en abril de 1967 descubrieron por casualidad, y después de mucho buscar, las grandes paredes de adobe de la sepultada ciudad colonial.
“Estábamos buscando, cuando acampamos en una casa y nos llamó la atención que el horno estaba hecho con unos ladrillos diferentes. Le preguntamos a la señora, y nos dijo que habían encontrado una “huaca”, que sólo escarbaban y salían los ladrillos ya hechos”. Ahí estaba la ciudad buscada.
El segundo sueño lo realizó siendo ministro de Educación del Gobierno Sandinista, en 1980, cuando se organizó la “Cruzada Nacional de Alfabetización”, que movilizó a miles de jóvenes a enseñar y redujo el analfabetismo hasta el 12 por ciento. 
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