Minas de muerte
Ricardo Alvarado Noguera (*)
Fuimos invitados a visitar la universidad de Dalarna, en el corazón del reino sueco. La travesía por barco de Helsinki a Estocolmo es agradable cuando el invierno se toma algunos días «vacacionales». El gentío se desborda por los anchos pasillos de la nave para sentir los aires bálticos empapados de esencias salinas. En filas o en desorden —no importa la posición— los nórdicos europeos destilan felicidad al exponer sus pieles a los rayos solares. La bullaranga y las cremas bronceadoras se confunden alegremente con las botellas de sidra. El crucero mastodonte transporta unas 2,500 almas y entona de noche una tétrica melodía acuosa que pareciera evocar las angustiosas remembranzas del Titanic.
MONTAÑA DE COBRE
A Dalarna se llega en bus, en tren o como se quiera. Son más de 200 kilómetros de pinares y mantos azules, pringados por todos lados, como el majestuoso Lago Siljan. Un enorme caballo rojo de fibra de vidrio da la bienvenida. Los caballitos de Dalarna —tallados en madera de pino— son piezas artesanales de las que dicen no hay dos similares. La gira también permitió admirar la mina de cobre —monumento industrial—de Falun, fuente nutriente del poderío sueco de antaño y que habrá suministrado buena materia para el bronce que impelió el espíritu marinero vikingo. El espectro luminoso del lugar pareciera resaltar con un hermoso matiz cuprífero que se mezcla con los verdes boscosos para crear una armonía ambiental acompasada con casas antiguas, bardas de bolillos geométricamente cruzados entre sí, calles pulcras y talleres artesanales.
DINO
La muerte —como la vida— también tiene placeres; come cuando le da la gana y amarga las entrañas con la misma espontaneidad con que mata. En una banca del parque del pueblo decidí descansar la rabadilla y calmar la sed con sorbete de mango. A mi lado, un caminante que había llegado primero escuchaba embelesado la algarabía de los niños. Deseoso de conversar, pegunté su nombre. Dino, respondió, con una agria tristeza difícil de ocultar. Dijo vivir en Estocolmo. Mi origen nicaragüense motivó su curiosidad, por lo que la plática continuó. Se interesó por conocer qué hacía en el lugar. La universidad y la mina me sirvieron de respuesta. ¿La mina?, preguntó. Sí, la mina de cobre, contesté, mirándole enrarecer sus pupilas. Paradójicamente sus ojos parecían vomitar cobre rojizo y fogoso. Fue cuando empezó a descargar con tal furia sus palabras, como posesionado por una desesperada necesidad de expulsar algún misterioso padecimiento que estrangulaba su existencia. Entonces rechinaron sus dientes para preguntarme si sabía que hay más de sesenta millones de minas antipersonales, despedazadoras de cuerpos, ocultas en la tierra. Y agregó con voz fúnebre: Cada año las malditas (minas) asesinan niños. Amigo, esas minas no son de cobre como la que inyecta orgullo a la gente de por aquí.
Inicialmente pensé que me encontraba frente a algún activista radical y quizás perturbado. Estaba equivocado. No era extremista o esquizofrénico. Bien decía lo que sentía. Era producto de una de esas tantas injusticias sanguinolentas del mundo “civilizado”. Para Dino el destino deparaba los más desgarradores recuerdos, gracias al odio y la violencia que se hartan con mayor saña con la sangre de los inocentes. Miré fotos, pálidas y humedecidas, de su familia. Y me mostró la pulserita de plata que daría como sorpresa de cumpleaños a su único hijo, llamado también Dino y de siete años. Pero una trágica tarde de Bosnia-Herzegovina el niño campesino corrió al campo... para no regresar. Una mina se lo llevó bien alto, sin pastel de cumpleaños... más allá de las estrellas.
Recordé que el próximo mes de septiembre nuestra patria será anfitriona de la III Conferencia sobre la prohibición del empleo, almacenamiento, producción y transferencia de minas antipersonales. Ojalá, y para siempre, las minas de muerte desaparezcan de la faz de la tierra. Así se honrará un poco las memorias de aquellos que, como el pequeño Dino, hoy enjugan sus lágrimas con los vientos del recuerdo.
(*) Encargado de Negocios a.i. en Finlandia. 
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